Las plantas no tienen ojos ni cerebro, pero sí responden a la luz. La utilizan no solo como energía, sino como información para crecer, orientarse y adaptarse al entorno.
Aunque el Sol parece más grande al amanecer y al atardecer, su tamaño real no cambia. Esta percepción se debe a una ilusión óptica conocida como “ilusión del horizonte”, y también a la refracción de la luz al atravesar la atmósfera.
Un estudio internacional muestra que la cantidad de luz solar que llega a la superficie terrestre ha variado durante décadas debido a la contaminación del aire
Un estudio encontró que la luz nocturna y la falta de luz solar aumentan el riesgo de muerte. Las personas con más luz nocturna tienen un 21 a 34 % más de riesgo, mientras que quienes reciben más luz diurna lo reducen.