Lectura fácil
¿Nacemos con la música en la sangre? Un nuevo estudio parece confirmar que sí, al menos en lo que se refiere al ritmo. Investigadores del Instituto Italiano de Tecnología han descubierto que los bebés recién nacidos son capaces de anticipar patrones rítmicos en la música, incluso mientras duermen. El hallazgo, publicado este jueves en la revista científica PLOS Biology, fue liderado por la neurocientífica Roberta Bianco y aporta una nueva pieza al rompecabezas de cómo emerge la percepción musical en los seres humanos.
Mentes diminutas, sentidos afinados
Desde hace tiempo, los científicos saben que el oído de los bebés comienza a desarrollarse mucho antes del nacimiento. A las 35 semanas de gestación, el feto ya reacciona a los sonidos del entorno, especialmente a la música, mostrando cambios en la frecuencia cardíaca o en sus movimientos dentro del útero. Sin embargo, hasta ahora no se comprendía con claridad si esa sensibilidad implicaba también la capacidad de predecir lo que viene a continuación, algo que los adultos hacemos de manera natural al seguir una canción o tararear su estribillo.
El estudio de Bianco y su equipo da una respuesta clara: incluso en los primeros días de vida, los bebés no solo escuchan pasivamente, sino que también anticipan los ritmos que perciben.
Para comprobarlo, los científicos invitaron a 49 recién nacidos a un concierto muy particular. Mientras dormían plácidamente, los investigadores reproducían para ellos piezas interpretadas al piano del compositor barroco Johann Sebastian Bach. Las composiciones se dividieron en dos categorías: diez piezas originales y cuatro melodías alteradas de manera intencionada, con cambios en el tono o el ritmo para generar sorpresas musicales.
Durante la escucha, los expertos emplearon un sistema de electroencefalografía (EEG), colocando pequeños electrodos sobre la cabeza de los bebés para registrar su actividad cerebral. De esta forma, podían detectar cualquier señal de reacción o sorpresa ante los distintos fragmentos musicales.
La clave del experimento estaba en la "sorpresa neuronal". Cuando las ondas cerebrales mostraban un patrón inesperado, significaba que el bebé había anticipado una continuidad rítmica que luego se rompió. En otras palabras, su cerebro esperaba algo que no ocurrió.
Los resultados fueron claros: los recién nacidos mostraron señales de sorpresa cuando el ritmo de la música cambiaba repentinamente, pero no cuando lo hacía la melodía. Esto sugiere que, desde sus primeros días de vida, los humanos ya poseen una capacidad innata para seguir el compás, aunque todavía no entiendan las complejidades melódicas.
El ritmo es innato, la melodía se aprende
“El hallazgo revela que incluso nuestros oyentes más jóvenes, de apenas dos días de edad, pueden anticipar patrones rítmicos”, señalan los autores. “Esto demuestra que algunos elementos fundamentales de la percepción musical están programados desde el nacimiento”.
Sin embargo, el estudio también apunta a un límite interesante: la capacidad para identificar y anticipar cambios melódicos —lo que conocemos como melodía o tonada— parece no haber aparecido aún en los recién nacidos. Esa habilidad, concluyen los investigadores, se desarrolla más tarde, posiblemente a través de la exposición repetida a distintos sonidos y canciones durante la infancia.
Comprender cómo los humanos adquieren esta sensibilidad musical podría tener implicaciones que van más allá de la música. Según Bianco, estudiar cómo los recién nacidos procesan los sonidos puede ayudar a los biólogos y neurocientíficos a entender mejor el desarrollo del sistema auditivo y las bases neurales del lenguaje.
Además, los investigadores abren la puerta a una nueva línea de trabajo: explorar si la música que los fetos escuchan durante la gestación influye en su capacidad posterior para reconocer ritmos o melodías. Si así fuera, podría significar que los primeros vínculos entre sonido, emoción y aprendizaje comienzan incluso antes del nacimiento.
Bach, el primer maestro de los bebés
La elección de las composiciones de Bach no fue casual. Su música, basada en estructuras precisas y en repeticiones rítmicas regulares, resulta ideal para estudiar la percepción del tiempo y las expectativas musicales. Lo sorprendente es que, aunque estos bebés nunca habían escuchado antes un piano ni sabían qué era una melodía, sus cerebros parecían “entender” cuándo algo se salía del compás.
El estudio también sugiere que este tipo de capacidad rítmica temprana podría haber jugado un papel evolutivo importante en nuestra especie, sirviendo como base para el desarrollo del lenguaje y la comunicación verbal. El ritmo, al fin y al cabo, es un componente esencial tanto en la música como en la conversación humana.
“¿Están los recién nacidos preparados para Bach?”, se preguntan con humor los investigadores. Todo apunta a que sí. Desde sus primeras horas de vida, los bebés parecen venir al mundo con un oído afinado para el ritmo, aunque todavía les falte el gusto por la melodía. Esa combinación de predisposición biológica y aprendizaje progresivo podría explicar por qué la música es un lenguaje universal que nos acompaña desde la cuna.
Añadir nuevo comentario