El calor extremo puede frenar el desarrollo cognitivo y educativo en la infancia temprana

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El calor extremo afecta al desarrollo de los niños pequeños

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Un nuevo estudio internacional ha encontrado una preocupante relación entre el aumento de las temperaturas y el desarrollo cognitivo y educativo de los niños pequeños. Según los resultados, los menores expuestos habitualmente a un calor extremo o temperaturas más altas de lo normal muestran un menor progreso en habilidades básicas de alfabetización y matemáticas, en comparación con aquellos que crecen en entornos más frescos.

Esta investigación, publicada en la revista Journal of Child Psychology and Psychiatry, se basó en datos de 19.607 niños de entre tres y cuatro años procedentes de seis países: Gambia, Georgia, Madagascar, Malaui, Palestina y Sierra Leona. Los resultados refuerzan la idea de que el cambio climático no sólo afecta a los ecosistemas y la salud de los adultos, sino también a las oportunidades de desarrollo de los más pequeños.

Un hallazgo que amplía la mirada sobre el impacto del calor extremo

Durante años, los científicos han advertido sobre las consecuencias de las olas de calor: daños ambientales, pérdida de cosechas, incremento de enfermedades y aumento de la mortalidad. Sin embargo, esta nueva evidencia revela un ángulo menos explorado: las temperaturas elevadas también pueden interferir en el desarrollo temprano de la infancia, una etapa decisiva para el aprendizaje futuro.

El profesor Jorge Cuartas, investigador de la Universidad de Nueva York y autor principal del estudio, señaló que el trabajo marca un paso importante para entender los efectos del calor extremo en la primera infancia. “Aunque sabíamos que la exposición a altas temperaturas está vinculada con problemas físicos y mentales a lo largo de la vida, ahora comprobamos que también puede obstaculizar el desarrollo infantil”, explicó.

Cuartas agregó que la primera etapa de la vida constituye la base del bienestar futuro: “El desarrollo temprano sustenta el aprendizaje, la salud y el bienestar general. Por eso, estos hallazgos deben servir de advertencia a gobiernos, científicos y profesionales de la salud: necesitamos proteger a los niños frente a un planeta cada vez más cálido”.

Para llegar a estas conclusiones, el equipo de Cuartas analizó múltiples bases de datos centradas en el desarrollo y el bienestar infantil. En total, evaluaron a 19.607 niños de tres y cuatro años, de quienes se disponía de información detallada sobre sus hogares, situación económica y entorno climático.

El análisis combinó los datos del Índice de Desarrollo Infantil Temprano (IDIT) y de las Encuestas de Indicadores Múltiples por Conglomerados (MICS), recogidas entre 2017 y 2020. El IDIT mide el progreso en cuatro áreas esenciales del desarrollo infantil:

  • Alfabetización y aritmética temprana,
  • Desarrollo socioemocional,
  • Enfoques del aprendizaje,
  • Desarrollo físico.

Por su parte, las MICS ofrecen información sobre educación, salud, nutrición, ingresos familiares y acceso a servicios básicos, como agua potable y saneamiento. Al combinar estos indicadores con los datos climáticos de temperaturas medias mensuales, los investigadores pudieron identificar la relación entre calor ambiental y desarrollo cognitivo.

Efectos medibles a partir de los 30 grados

Los resultados son claros: los niños que viven expuestos a temperaturas promedio superiores a los 30 grados centígrados mostraron entre un 5 % y un 6,7 % menos de posibilidades de alcanzar los hitos básicos de alfabetización y aritmética, en comparación con los menores que crecieron en zonas donde las temperaturas no superaron los 25 grados.

Esto quiere decir que el calor extremo no solo afecta el bienestar físico, sino también las capacidades cognitivas necesarias para el aprendizaje temprano. Los investigadores advierten que la exposición prolongada al calor puede afectar la concentración, el descanso y los niveles de energía de los niños, factores clave durante la fase de desarrollo de habilidades cognitivas y sociales.

El impacto no es homogéneo: los efectos del calor extremo fueron más intensos entre los niños de hogares con menos recursos económicos y aquellos que carecían de acceso regular a agua potable. En estos contextos, la capacidad de las familias para mitigar el calor, por ejemplo, mediante viviendas ventiladas, acceso a sombra o refrigeración, es mucho menor, lo que amplifica los riesgos para la salud y el aprendizaje.

El estudio subraya la interconexión entre el cambio climático, la desigualdad socioeconómica y el desarrollo humano. Las altas temperaturas agravan las brechas existentes, haciendo que los niños más pobres sean también los más susceptibles a sufrir las consecuencias cognitivas y emocionales del calor.

Una llamada urgente a la acción

Los autores del estudio instan a los responsables políticos a considerar estos hallazgos en la planificación de políticas de salud pública, educación y cambio climático. Entre las medidas recomendadas se incluyen la mejora de las infraestructuras escolares, la creación de espacios climáticamente seguros para niños y la incorporación de estrategias de mitigación de calor extremo en comunidades vulnerables.

Proteger el desarrollo infantil en un mundo que se calienta rápidamente, concluyen los investigadores, debe ser una prioridad global. Más allá de proteger los ecosistemas, las próximas décadas exigirán políticas concretas que garanticen que las generaciones futuras puedan aprender, crecer y prosperar sin que el calor extremo limite sus oportunidades desde los primeros años de vida.

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