Lectura fácil
Tras la reciente conmemoración del Día Internacional de la Mujer, los datos presentados por Plena inclusión España siguen resonando con fuerza en la agenda social. Una encuesta realizada por la entidad revela que el 83 % de quienes prestan apoyo a familiares con grandes necesidades en el ámbito doméstico son mujeres. Este dato no solo es una cifra aislada, sino una confirmación de que la feminización de los cuidados sigue condicionando de forma severa el desarrollo personal, social y laboral de miles de mujeres en nuestro país.
La organización aprovechó la relevancia de estas fechas para visibilizar la situación de vulnerabilidad que atraviesan muchas familias. Al asumir los cuidados sin contar con los apoyos públicos suficientes, el entorno familiar se convierte en un sistema de resistencia que, a largo plazo, resulta insostenible. La falta de recursos estructurales y de una red de servicios sólida obliga a que el hogar sea la única respuesta ante la dependencia, dejando a las mujeres en una situación de desprotección y aislamiento.
Un impacto profundo en las mujeres y personas con discapacidad intelectual
La radiografía del cuidado en España muestra una jerarquía de género muy marcada. Del total de cuidadores en el entorno familiar, el 68 % son madres, el 12 % son hermanas y el 3 % son cuñadas. Estas cifras evidencian que el peso de la atención cotidiana a personas con discapacidad intelectual o del desarrollo sigue recayendo casi exclusivamente sobre los hombros femeninos, perpetuando roles tradicionales que limitan la libertad de estas mujeres.
Carmen Laucirica, presidenta de Plena inclusión España, ha destacado que, a pesar de los avances legislativos en materia de igualdad, la realidad intramuros de los hogares cuenta una historia diferente. "Todavía quedan muchas asignaturas pendientes", señaló Laucirica. "Una de las que más nos preocupa es que ellas siguen siendo quienes soportan gran parte del esfuerzo diario que supone dar apoyo a una persona con discapacidad", añadió, insistiendo en que esta carga no es un evento puntual, sino una labor que suele extenderse durante décadas.
El testimonio como altavoz de una realidad invisible
Para que estas estadísticas cobren rostro, la organización ha impulsado la campaña #AtenciónALasFamilias. A través de diversos testimonios, se pretende mostrar el día a día de quienes sostienen la vida de las personas con discapacidad intelectual con escasa ayuda externa. Un ejemplo es el de Ghizlane Borji, de 29 años, quien se enfrenta al reto de criar prácticamente sola a sus tres hijos, dos de los cuales son personas con discapacidad intelectual, mientras su pareja trabaja en Marruecos. Su caso ilustra la precariedad de las redes de apoyo en entornos de migración y soledad.
Del mismo modo, Valentina Vera, madre soltera de una niña con trastorno del espectro del autismo (TEA), relata la dureza de una crianza sin los apoyos institucionales adecuados. Valentina narra cómo su hija, que inicialmente no hablaba y tenía serias dificultades para gestionar sus emociones, ha logrado avanzar gracias a terapias privadas y un esfuerzo personal agotador. Estas historias demuestran que, sin el sacrificio de las madres, el sistema de bienestar colapsaría.
El agotamiento de las cuidadoras
La salud mental y física de las cuidadoras es otra de las grandes preocupaciones. La psicóloga Cristina Sainz, de la entidad Aceops, advierte que la acumulación de tareas genera un estado de alerta permanente. Según la experta, es frecuente encontrar a madres que viven en una "carrera perpetua", desplazándose de un centro a otro, gestionando citas médicas y terapias, mientras asumen una atención que requiere conocimientos especializados para tratar a personas con discapacidad intelectual.
Este nivel de exigencia deriva en un agotamiento crónico que Plena inclusión ha denunciado formalmente. Por ello, han reclamado a las administraciones públicas una inversión real en recursos de "respiro familiar". Es urgente garantizar que estas mujeres dispongan de tiempos de descanso y autocuidado, especialmente en los hogares monomarentales, donde el riesgo de exclusión social es significativamente más alto.
Hacia un sistema de cuidados corresponsable
La demanda de la entidad es clara: el apoyo a las personas con discapacidad intelectual no puede seguir siendo una cuestión privada y femenina. Es necesaria una transformación del modelo que incluya una mayor dotación económica y servicios públicos flexibles que se adapten a la realidad de cada familia. La sostenibilidad de la vida no puede depender de la renuncia de las mujeres a sus carreras profesionales o a su tiempo propio.
En conclusión, los datos de 2023 obligan a reflexionar sobre la necesidad de políticas de conciliación efectivas que no dejen a nadie atrás. Como afirma Laucirica, es vital compensar una rutina que "termina minando nuestras fuerzas y nuestro ánimo". La meta es un horizonte donde la atención a las personas con discapacidad intelectual sea una responsabilidad compartida entre las familias, la sociedad y el Estado, eliminando para siempre el sesgo de género que hoy la define.
Añadir nuevo comentario