Lectura fácil
Tras dos años de hostilidades ininterrumpidas en Gaza, las cifras que emanan de los organismos internacionales no solo son alarmantes, sino que describen un escenario de devastación casi total. Un informe conjunto elaborado por la Unión Europea, las Naciones Unidas y el Banco Mundial ha puesto precio a la recuperación: se necesitarán 71.400 millones de dólares a lo largo de la próxima década para reconstruir el enclave palestino. Sin embargo, el tiempo es un lujo que la población civil no tiene.
La urgencia es inmediata y desesperada. Según el documento, se requiere la movilización de 26.300 millones de dólares en apenas los próximos 18 meses. Este capital no está destinado a proyectos de embellecimiento, sino a la supervivencia pura: poner en marcha servicios vitales de agua y electricidad, reconstruir infraestructuras de transporte devastadas y tratar de reactivar una economía que hoy se encuentra en estado de parálisis absoluta. La magnitud de la tarea es colosal y solo se equipara a la profundidad de la crisis humanitaria que atraviesan millones de personas.
Un inventario de ruinas y pérdidas materiales
Más allá de la estimación global, el informe detalla con precisión quirúrgica la magnitud de los daños materiales, calculados en 35.200 millones de dólares. A esto se suman las pérdidas económicas derivadas del cese de actividad, que se evalúan en 22.700 millones. Al sumar ambos conceptos, el impacto total sobre los bienes materiales y el flujo económico alcanza los 57.900 millones de dólares, una cifra que triplica el PIB previo al conflicto.
La destrucción ha sido masiva y sistemática, afectando los pilares básicos de la sociedad: salud, vivienda, educación y agricultura. Los datos son estremecedores: cerca de 372.000 viviendas han sido destruidas o presentan daños severos, dejando a la mayoría de la población a la intemperie. El sistema sanitario está en coma, con más de la mitad de los hospitales fuera de servicio, mientras que la práctica totalidad de las escuelas han sido blanco de los ataques. Como resultado, la economía de Gaza se ha contraído un 85 %, borrando décadas de tejido empresarial.
El reloj de Gaza vuelve 77 años atrás
El impacto humano es, sin duda, la parte más amarga del informe. Al analizar el índice de desarrollo humano en todo el enclave palestino, los expertos estiman un retroceso de 77 años, situando las condiciones de vida en niveles no vistos desde mediados del siglo pasado. Alrededor de 1,9 millones de personas han sido desplazadas, muchas de ellas obligadas a huir hasta en diez ocasiones diferentes, y más del 60 % de los habitantes han visto sus hogares reducidos a escombros en Gaza.
La situación laboral es igualmente catastrófica. Casi tres cuartas partes de la población activa que existía antes del conflicto ha perdido su empleo, lo que ha hundido la tasa de ocupación hasta un paupérrimo 9,3 %. Esta parálisis, sumada a la precariedad en Cisjordania, ha provocado que la tasa de empleo combinada sea una de las más bajas registradas en la base de datos global del Banco Mundial. Ante este colapso, las prioridades de recuperación deben centrarse en la lucha contra la inseguridad alimentaria, la protección social y, de manera crucial, el apoyo en salud mental para una población profundamente traumatizada.
Obstáculos logísticos y la necesidad de acceso
La reconstrucción física enfrenta también un desafío físico sin precedentes: los escombros. Se estima que hay más de 68 millones de toneladas de restos de edificios que deben ser gestionados, una tarea cuyo coste por sí solo asciende a 1.700 millones de dólares. Sin la retirada de esta metralla urbana, el acceso a las redes de agua y saneamiento es imposible.
Sin embargo, el informe es tajante: nada de esto será posible sin condiciones mínimas de seguridad. Un alto el fuego duradero y un acceso humanitario sin trabas son los cimientos sobre los que debe construirse cualquier plan. La libre circulación de personas y bienes entre Gaza y Cisjordania es esencial para que la ayuda no se quede estancada en las fronteras.
"La comunidad internacional debe movilizar recursos de manera específica y coordinada", concluye el informe. La reconstrucción de Gaza no es solo una cuestión de cemento y dinero, sino un imperativo ético para evitar que una generación entera desaparezca bajo el peso de las ruinas. Si no se levantan los obstáculos al despliegue de equipos técnicos en Gaza, la factura seguirá creciendo, no en dólares, sino en vidas humanas.
Añadir nuevo comentario