Alberto, el influencer que da visibilidad a la discapacidad auditiva

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Alberto, el influencer con discapacidad auditiva

Lectura fácil

Alberto se define a sí mismo con una frase que combina ironía, reivindicación y una dosis de humor: "Soy sordo, pero las voces de mi cabeza no se callan". Con esas palabras se presenta este joven español que nació con hipoacusia bilateral profunda, una condición que le acompaña desde siempre, pero que no ha conseguido frenar su entusiasmo por comunicar, crear y, sobre todo, romper los estigmas que rodean a la discapacidad auditiva.

A través de las redes sociales, Alberto ha logrado lo que muchas campañas institucionales apenas consiguen: hacer visible una realidad que pasa desapercibida para buena parte de la sociedad y, también, para las administraciones. Su método es tan sencillo como eficaz: combina su sentido del humor con mensajes directos, accesibles y llenos de reflexión social.

Un altavoz digital para la comunidad con discapacidad auditiva

En un entorno donde todo parece depender del sonido, Alberto ha encontrado una forma distinta de hacerse oír. En plataformas como Instagram o TikTok, sus vídeos acumulan miles de visualizaciones. En ellos, explica cómo se comunica una persona sorda, cómo percibe su entorno y cuáles son las actitudes más comunes (y erróneas) de quienes intentan interactuar con alguien con discapacidad auditiva.

Lejos de la queja vacía, Alberto educa desde la empatía y el humor. Él mismo asegura que su misión no es señalar errores, sino tender puentes y crear espacios más humanos. “Somos una caja de sorpresas”, suele decir con una sonrisa, recordando que la diversidad no se mide en decibelios, sino en capacidades.

Después de toda una vida enfrentándose a los mismos gestos y frases por su discapacidad auditiva, Alberto ha decidido transformar la frustración en guía práctica. Desde su experiencia, ha recopilado tres errores habituales que conviene evitar al hablar con una persona sorda.

  • Evitar el tono infantil. “Hablarme como a un bebé no ayuda”, sentencia. Muchas personas, por querer ser claras, acaban usando un tono condescendiente. Lejos de ayudar, esa actitud transmite falta de respeto y rompe cualquier posibilidad de comunicación equilibrada.
  • No exagerar la lentitud. Otro gesto frecuente es hablar en exceso de forma lenta, marcando las palabras con un ritmo casi caricaturesco. Alberto lo llama en tono de broma el “modo Seguridad Social. “Si me hablas así de lento, me duermo”, ironiza, para recordar que la claridad y la naturalidad funcionan mucho mejor.
  • Repetir con paciencia. La tercera recomendación es simple y humana: tener paciencia. “Con que nos hables bien, claro y despacio es suficiente para que no nos sintamos incómodos”, explica. No se trata de gritar ni de gesticular en exceso, sino de tomarse el tiempo necesario para que la conversación fluya con normalidad.

Estas pautas, sencillas pero poderosas, son claves para que las personas con discapacidad auditiva no se vean marginadas en contextos sociales, educativos o laborales.

El coste del silencio: los audífonos en España

De los vídeos más emotivos de Alberto surge otro gran tema de debate: el elevado precio de los audífonos y la falta de ayudas públicas. Él mismo nació con una discapacidad auditiva grave que le obliga a usar dispositivos tecnológicos para poder escuchar y participar activamente en su entorno. Pero cada audífono cuesta alrededor de 5.000 euros, una cifra que para muchas familias es insostenible.

“Cada cinco años, mis padres tienen que pedir un préstamo al banco para comprar mis audífonos”, confiesa. Él forma parte de ese 70% de personas que en España necesitan audífonos pero no los utilizan, simplemente porque no pueden permitírselos.

Alberto procede de una familia humilde, y recuerda que hasta los 16 años tuvo la suerte de recibir una subvención que alivió la carga económica. Gracias a esa ayuda y al esfuerzo de sus padres, pudo estudiar, encontrar trabajo y forjarse un futuro. Pero la realidad, lamenta, es que miles de personas con pérdida auditiva no tienen la misma oportunidad.

“En un país que presume de Sanidad Pública, los audífonos deberían ser accesibles para todos”, denuncia. Y lo hace con razón: sin esos dispositivos, muchas personas quedan aisladas, incapaces de participar plenamente en la vida social y laboral.

Una voz que inspira y transforma

Hoy, Alberto no solo comparte fragmentos de su vida cotidiana, sino también un propósito: educar a la sociedad para que escuche de verdad. Su discurso no es de queja, sino de esperanza. Defiende que lo importante no es oír, sino comprender; no es hablar más alto, sino comunicarse mejor.

Su lema, “las voces de mi cabeza no se callan”, funciona como metáfora de su espíritu inconformista. Aunque el sonido exterior le llegue de manera distinta por su discapacidad auditiva, su mensaje resuena alto: la accesibilidad no debería ser un privilegio, sino un derecho.

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