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La política local es la primera trinchera de la democracia, el lugar donde la gestión toca la piel de los vecinos. Sin embargo, en la España de 2025, esa trinchera sigue teniendo un perfil marcadamente masculino. Según un exhaustivo análisis de datos publicado por Newtral este 1 de diciembre, la fotografía de los ayuntamientos españoles arroja una realidad contundente: el 75 % de los alcaldes son hombres. A pesar de décadas de leyes de igualdad y listas cremallera, tres de cada cuatro municipios siguen estando gobernados por ellos.
Sin embargo, el informe trae consigo un dato que, a primera vista, parece contradecir la lógica de la brecha salarial de género: las alcaldesas cobran, de media, un 13 % más que sus homólogos varones. ¿Significa esto que la política local ha logrado revertir la discriminación salarial? La respuesta es no. Este titular esconde una paradoja estadística que revela, precisamente, las profundas desigualdades territoriales y de poder que persisten en el mapa español.
La España vaciada está masculinizada y mal pagada
Para entender por qué las mujeres ganan más de media, hay que mirar al tamaño de los municipios. España tiene más de 8.000 ayuntamientos, y la inmensa mayoría son pueblos pequeños. En estos entornos rurales, la alcaldía es a menudo un cargo vocacional, con sueldos simbólicos o directamente sin remuneración (los alcaldes solo cobran por asistencia a plenos).
El análisis de Newtral destaca que los hombres ocupan masivamente estas alcaldías rurales. Hay un ejército de alcaldes en la "España vaciada" que cobran muy poco o nada, lo que hunde la media salarial masculina. Por el contrario, las mujeres, aunque son muchas menos en número total (ese 25 %), tienen una presencia porcentualmente mayor en municipios medianos y grandes ciudades, donde los sueldos están regulados, son profesionales y, por tanto, más altos.
No es que una alcaldesa cobre más que un alcalde por el mismo trabajo en el mismo pueblo. Es que hay miles de hombres cobrando cero en aldeas, mientras que las mujeres que logran romper el techo de cristal suelen hacerlo en estructuras más profesionalizadas. La "ventaja" salarial es, en realidad, el reflejo de que el mundo rural sigue siendo un feudo donde a la mujer le cuesta mucho más acceder al bastón de mando.
El techo de cristal y el suelo pegajoso de los pueblos
El dato del 75 % de alcaldes hombres es la verdadera noticia preocupante. Evidencia que la paridad, que se ha conseguido o rozado en el Congreso de los Diputados o en el Gobierno central, no ha calado hacia abajo. En la política de proximidad, las dinámicas sociales tradicionales pesan más.
Las barreras para las mujeres en el ámbito local son múltiples. La falta de anonimato en los pueblos, la mayor carga de cuidados que asumen ellas y una cultura política de horarios intempestivos y "reuniones de bar" siguen expulsando al talento femenino. Muchas mujeres renuncian a encabezar listas electorales en sus pueblos porque el coste personal es inasumible.
El informe señala que, a medida que el municipio crece y el cargo se profesionaliza (con horarios, sueldo digno y estructura de apoyo), la presencia femenina aumenta. Pero en la base de la pirámide, donde se hace política por amor al arte, los hombres siguen copando el poder.
Un reto democrático para el futuro
Esta radiografía obliga a replantear las estrategias de igualdad. Las cuotas en las listas electorales funcionan, pero no garantizan que la mujer sea la número uno de la lista, especialmente en los municipios pequeños donde los partidos a veces tienen dificultades incluso para rellenar la candidatura.
La anomalía del salario (ese +13 % a favor de ellas) no debe distraer del problema estructural: la falta de representación. Que solo uno de cada cuatro alcaldes sea mujer en 2025 indica que se está desperdiciando el 50 % del talento local. La modernización de la administración local no pasa solo por la digitalización, sino por la feminización. Mientras los pueblos sigan siendo cosa de alcaldes hombres, la democracia local estará incompleta, independientemente de lo que digan las medias aritméticas de los sueldos.
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