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En la historia del deporte español, hay nombres que trascienden las estadísticas para convertirse en símbolos. Pau Gasol en el baloncesto de a pie, Rafa Nadal en el tenis... y Antonio Henares en el baloncesto en silla de ruedas. Aunque su nombre quizás no abra los telediarios generalistas con la misma frecuencia, su impacto en la disciplina adaptada es, si cabe, aún más profundo. Un reciente reportaje en DxT Adaptado recupera la figura de este malagueño universal, conocido cariñosamente como 'El lápiz', para explicar cómo un niño afectado por la polio dibujó, canasta a canasta, el camino de la profesionalización y la dignidad para los atletas con discapacidad en España.
Su historia comienza en Álora (Málaga), marcada por las secuelas de la poliomielitis en una pierna desde los nueve meses de edad. En una España donde la discapacidad era sinónimo de reclusión, Henares encontró en el Hospital San Rafael de Málaga una vía de escape y expresión: una pelota naranja y una silla de ruedas. Fue allí donde nació el mito y donde recibió el apodo que le acompañaría siempre. Su delgadez extrema en aquellos primeros años llevó a un compañero a bautizarlo como 'El lápiz'. Lo que nadie sabía entonces es que ese "lápiz" escribiría las páginas más doradas del BSR nacional.
De Ademar a la hegemonía del ONCE Andalucía
La carrera de Antonio Henares es un viaje de ascenso constante. Tras despuntar en el Ademar de Málaga, su talento descomunal para la anotación lo llevó a fichar por el que sería el equipo de su vida: el C.D. ONCE Andalucía. Allí, Henares no solo jugó, sino que reinó. Formó parte de una escuadra legendaria que dominó con puño de hierro la liga nacional y que paseó el nombre de España por Europa.
Su estilo de juego era inconfundible. Antonio Henares poseía una mecánica de tiro letal y una inteligencia en la pista que le permitía leer el juego antes que sus rivales. No era solo un anotador compulsivo —se estima que superó los 30.000 puntos en su carrera, una cifra astronómica—, sino un líder carismático. Durante más de dos décadas, fue el pilar sobre el que se construyó la hegemonía del equipo sevillano, acumulando ligas y copas del Rey que llenaron unas vitrinas que hoy son patrimonio del deporte andaluz y español.
Atlanta 96 y el reconocimiento internacional de Antonio Henares
Pero si hay un capítulo que define su legado, es su paso por la Selección Española. Antonio Henares vistió la camiseta nacional en más de 200 ocasiones, participando en cinco Juegos Paralímpicos: Barcelona 92, Atlanta 96, Sídney 2000, Atenas 2004 y, tras un parón, el regreso en Londres 2012.
El hito de Atlanta 1996 sigue grabado en la memoria colectiva del BSR. Aquella selección, liderada por Henares, logró un histórico cuarto puesto que cambió para siempre la percepción del baloncesto adaptado en España. Demostraron que podían competir de tú a tú con potencias mundiales como Estados Unidos o Australia. Henares fue el alma de aquel equipo, un referente que enseñó a sus compañeros y a la afición que la silla de ruedas no es un obstáculo, sino un instrumento deportivo de alta competición. Su longevidad deportiva es otro de sus récords; mantenerse en la élite mundial durante tantos ciclos olímpicos requiere una disciplina y una pasión que pocos atletas logran sostener.
Un legado que va más allá de la cancha
Antonio Henares se retiró dejando un vacío difícil de llenar en la pista, pero un legado lleno de contenido fuera de ella. Su figura ha servido para normalizar la discapacidad y fomentar el deporte base. Hoy, cuando un joven se sienta en una silla de competición por primera vez, lo hace sobre las huellas que dejó 'El lápiz'.
El reportaje destaca que Henares no solo fue un deportista, sino un embajador. Su carácter afable y su compromiso con los valores del deporte lo convirtieron en un modelo a seguir. Demostró que el talento no entiende de barreras físicas y que, con trabajo duro, se puede llegar a ser el mejor. Antonio Henares dibujó un mito, pero lo hizo con tinta indeleble, asegurando que la historia del baloncesto español no pueda contarse completa sin dedicarle uno de sus capítulos más brillantes.
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