La falta de leyes específicas deja desprotegidas a miles de personas con autismo sin discapacidad intelectual

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chicos con autismo sin discapacidad ayudados por una profesora

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La falta de comprensión social y la ausencia de apoyos específicos han colocado a un sector de la población en una situación de extrema vulnerabilidad. En el reciente encuentro ‘Autismo sin discapacidad intelectual: necesidades y desafíos actuales’, organizado por la agencia Servimedia y Autismo España, expertos y protagonistas alzaron la voz para denunciar cómo la invisibilidad de sus manifestaciones clínicas deriva en acoso escolar, diagnósticos tardíos y graves dificultades de intervención. El mensaje fue claro: tener altas capacidades no elimina las barreras del neurodesarrollo.

Ruth Vidriales, directora técnica de Autismo España, enfatizó que es fundamental un cambio de enfoque conceptual. Al hablar de autismo sin discapacidad intelectual, se busca poner el foco en las necesidades reales de apoyo que requiere la persona, independientemente de su cociente intelectual. Durante décadas, el imaginario colectivo ha asociado el trastorno exclusivamente a perfiles con grandes necesidades de asistencia, lo que ha generado el mito peligroso de que quienes no tienen una discapacidad cognitiva asociada "tienen menos dificultades" en su día a día.

Barreras normativas y el reconocimiento del autismo sin discapacidad

Uno de los puntos más críticos tratados en el diálogo fue la brecha legal y administrativa existente en España. Cristina Gómez, miembro de la Junta Directiva de Autismo España, señaló que la normativa vigente no refleja fielmente la variabilidad del espectro. Para muchas personas, el acceso a derechos básicos como la adaptación en el puesto de trabajo o los apoyos educativos específicos depende de un reconocimiento de discapacidad que, en ocasiones, el sistema no otorga si no existe un déficit intelectual evidente.

Desde las organizaciones representativas se trabaja intensamente en la incidencia política para lograr una regulación que contemple toda la diversidad. Se reivindica que se entienda el autismo sin discapacidad intelectual como una condición que requiere apoyos específicos por sí misma. El objetivo es evitar que miles de ciudadanos queden desprotegidos al llegar a la etapa universitaria o a la vida adulta, donde las exigencias de autonomía social son mucho mayores. La "puerta de entrada a los derechos" es el reconocimiento oficial, y sin este respaldo legal, la inclusión efectiva se convierte en una meta inalcanzable para muchas familias que deben costear servicios privados.

El acoso escolar: una violencia invisible y silenciosa

En el ámbito educativo, la situación es especialmente preocupante. Eva García, de la Confederación Asperger España, puso el foco en un tipo de ‘bullying’ sutil que suele cebarse con el alumnado con autismo sin discapacidad. No siempre se trata de golpes o insultos directos; la violencia que sufren suele manifestarse a través de la exclusión sistemática, el aislamiento y las burlas indirectas que, en ocasiones, el propio alumno no alcanza a descodificar como un ataque en un primer momento.

Esta exclusión, que ocurre frecuentemente en espacios no estructurados como el comedor o el patio, tiene un "sobrecoste" emocional devastador. Existe además el riesgo de la "doble victimización": cuando una persona con autismo sin discapacidad intelectual explota tras acumular tensión por el acoso continuado, el entorno suele percibir solo la reacción final, señalándola erróneamente como la agresora.

El reto del diagnóstico en mujeres y la detección tardía

La invisibilidad es todavía más acusada en el caso de las mujeres. Debido a una mayor capacidad de "enmascaramiento" o camuflaje social, muchas mujeres con autismopasan años intentando adaptarse al entorno sin saber por qué se sienten agotadas o fuera de lugar. Este diagnóstico tardío impide activar medidas de intervención precoz, fundamentales para preservar la salud mental y la autoestima.

Adriana Patricia Sánchez, participante con esta condición, insistió en que la comunidad educativa necesita formación urgente. No basta con que los profesores sepan impartir materia; deben comprender cómo el alumnado con autismo sin discapacidad procesa la información sensorial y social. La formación adecuada es la única vía para que estas personas dejen de ser meros espectadores de su desarrollo y pasen a ser participantes activos.

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