Durante el otoño e invierno, muchas personas experimentan tristeza y fatiga debido a la falta de luz solar. Esto puede causar trastorno afectivo estacional, aumentando la depresión y la ansiedad.
Las noches calurosas en verano dificultan el sueño, especialmente sin aire acondicionado. El calor impide que el cuerpo se enfríe adecuadamente, afectando la calidad del descanso.