Casi una cuarta parte de las especies migratorias protegidas por la ONU se encuentra en peligro de extinción

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Bandada de pelícanos blancos

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La biodiversidad del planeta atraviesa un momento crítico, y los datos más recientes arrojan una sombra de preocupación sobre los animales que no conocen fronteras. Un nuevo análisis de la Convención sobre la Conservación de las especies migratorias de Animales Silvestres (CMS), un tratado auspiciado por Naciones Unidas, revela una realidad alarmante: el 24 % de las especies protegidas bajo este marco se enfrenta actualmente a la extinción. Esta cifra supone un incremento de dos puntos porcentuales en apenas dos años, lo que evidencia que las amenazas que acechan a estos animales son cada vez más letales.

El informe, que actualiza la segunda edición del estudio ‘Estado de las especies migratorias del mundo’, arroja otra estadística demoledora: casi la mitad de estas poblaciones (un 49 %) muestra un descenso continuado en su número de individuos. Este dato es cinco puntos superior al registrado en 2024, lo que confirma que el ritmo de desaparición se está acelerando a pesar de los esfuerzos internacionales por frenar la crisis de biodiversidad.

Brasil lidera la respuesta política ante la crisis de las especies migratorias

Este escenario de urgencia marca el inicio de la 15ª Cumbre de la Convención de Especies Migratorias de Animales Salvajes, conocida como COP15, que se celebra desde este lunes en Campo Grande, Brasil. Bajo la mirada política de alto nivel del país anfitrión, la cumbre busca transformarse en un punto de inflexión. El objetivo es pactar un conjunto de acciones coordinadas que permitan proteger las rutas que miles de millones de animales acuáticos, terrestres y aves recorren cada año cruzando continentes y océanos.

La importancia de estas especies migratorias trasciende el valor ético o estético. Estos animales son los ingenieros invisibles de la naturaleza. Al polinizar plantas, transportar nutrientes de un ecosistema a otro, regular plagas y almacenar carbono, sostienen directamente el bienestar humano y las economías locales de todo el mundo. Sin embargo, su supervivencia es extremadamente frágil, ya que depende de una cadena de hábitats que debe permanecer intacta a lo largo de miles de kilómetros, uniendo países que a menudo tienen políticas de conservación divergentes.

Cooperación internacional para salvar las rutas de la vida

"Las especies migratorias nos recuerdan que la naturaleza no entiende de fronteras y que compartimos una responsabilidad común", ha señalado Juan Carlos Atienza, responsable de la Unidad de Incidencia para una Transición Verde, presente en la COP15. Según el experto, la conectividad de estos territorios demuestra que el multilateralismo y el diálogo científico no son una opción, sino la única vía para evitar un colapso ecológico. El reto es inmenso, ya que implica armonizar la legislación de múltiples naciones para proteger un patrimonio que es, por definición, compartido.

La cumbre abordará problemas estructurales como la caza ilegal, el envenenamiento por plomo y las capturas accidentales en la pesca. Una de las propuestas estrella es la Iniciativa Global sobre la Captura de animales migratorios, diseñada para garantizar que cualquier interacción humana con estos animales sea legal y segura. Además, se debatirá una resolución clave sobre aves marinas, buscando extender la protección de las rutas migratorias al medio marino, un espacio donde la contaminación y la degradación de los ecosistemas oceánicos están haciendo mella en las poblaciones más amenazadas.

Un plan de acción contra el reloj de la extinción

En el ámbito de las aves rapaces, muchas de ellas presentes en España, la COP15 pretende identificar áreas críticas para evitar amenazas recurrentes como la electrocución y la pérdida de hábitat. La meta es clara: mejorar la conectividad ecológica y establecer indicadores reales que permitan medir si los esfuerzos de conservación de las especies están dando frutos antes de la fecha límite de 2030.

La protección de las Áreas Clave para la Biodiversidad (KBA) será otro de los ejes fundamentales de la negociación en Brasil. Como concluye Atienza, el reto actual no es solo generar más información científica, sino tener la voluntad política para aplicar ese conocimiento de forma inmediata. Si no se logra traducir la ciencia en políticas públicas ambiciosas, el declive de las especies migratorias seguirá marcando el triste camino hacia un planeta más vacío y menos resiliente. Solo una acción global e inmediata podrá garantizar que los cielos, mares y tierras sigan siendo testigos de estos asombrosos viajes anuales.

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