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La desnutrición se ha convertido en un desafío silencioso para la salud pública en España. Según los últimos datos de la Base de Datos Clínicos de Atención Primaria (Bdcap), más de 3,5 millones de personas presentan algún tipo de déficit nutricional. De ellas, la mayoría son mayores de 65 años, un colectivo que ya supera los 10 millones en el país. En total, una de cada cuatro personas mayores se encuentra en riesgo de desnutrición, una situación con importantes repercusiones en su bienestar, autonomía y calidad de vida.
Ante esta realidad, la Fundación Alícia y la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (Semfyc) han unido esfuerzos para mejorar la alimentación de este grupo de población. Ambas entidades han puesto en marcha una iniciativa pionera que busca convertir la consulta de Atención Primaria en un espacio donde no solo se trate la enfermedad, sino también los hábitos de vida y la nutrición.
La desnutrición en las personas mayores, un problema frecuente, pero invisible
A pesar de su magnitud, el déficit nutricional sigue siendo un problema “a menudo infradiagnosticado”. Así lo destacan la Fundación Alícia y la Semfyc, que alertan de las consecuencias que puede tener no detectarlo a tiempo, especialmente en personas con fragilidad o enfermedades crónicas. La falta de nutrientes adecuados no solo puede agravar la evolución de otras patologías, sino también acelerar la pérdida de masa muscular, aumentar la dependencia y reducir la calidad de vida de quienes la padecen.
Los datos son claros: se estima que 1,01 millones de hombres y 2,56 millones de mujeres sufren algún grado de déficit nutricional. Esta diferencia evidencia una mayor vulnerabilidad entre las mujeres, que concentran cerca de tres cuartas partes de los casos. Según las entidades, la desnutrición en personas mayores debe abordarse con la misma prioridad que enfermedades crónicas tan conocidas como la diabetes, el asma o la obesidad.
Tanto la Fundación Alícia como la Semfyc subrayan que la prevención y la promoción de un envejecimiento saludable son claves. La nutrición no debe ser una preocupación únicamente cuando aparecen síntomas, sino un elemento central en la atención médica continuada. En este sentido, la formación de los profesionales sanitarios se convierte en un pilar esencial.
Las dos organizaciones han desarrollado un programa formativo de medicina culinaria especialmente orientado a los especialistas de Atención Primaria. Se trata de una disciplina emergente que integra conocimientos científicos con la práctica culinaria y herramientas clínicas, con el objetivo de posicionar la alimentación como un verdadero tratamiento para la salud de las personas mayores.
Una formación pionera: “Comer bien para envejecer mejor”
El resultado de esta alianza es el curso “Comer bien para envejecer mejor. Abordaje del paciente mayor desde un punto de vista culinario”, que ofrece contenidos prácticos y actualizados sobre nutrición en la etapa del envejecimiento. A través de esta formación, los médicos de familia aprenderán estrategias dietético-culinarias adaptadas a problemas habituales en consulta, como la fragilidad, la disfagia, la malnutrición o la enfermedad renal.
Además, el curso proporciona herramientas de comunicación efectivas para acompañar a los pacientes en la adopción de cambios alimentarios sostenibles, fomentando pequeños gestos cotidianos que pueden traducirse en grandes mejoras de salud. El objetivo, explican desde Semfyc, es “que cada consulta se convierta en una oportunidad real para mejorar la alimentación del día a día y, por tanto, el bienestar de los pacientes”.
Las entidades impulsoras destacan que la Atención Primaria se encuentra en una posición privilegiada para liderar este cambio. Por su proximidad, continuidad y visión integral del paciente, los médicos de familia pueden detectar precozmente los signos de malnutrición y acompañar de forma personalizada a las personas mayores en su cuidado nutricional.
Impulsar hábitos alimentarios saludables desde la consulta podría tener un “impacto directo” en la reducción de complicaciones, en la mejora de la autonomía y en la calidad de vida de las personas mayores. Así, convertir la alimentación en un pilar terapéutico dentro del sistema sanitario supone un paso decisivo hacia un modelo de salud más humano, preventivo y sostenible.
Una alianza con vocación de futuro
La Fundación Alícia y la Semfyc coinciden en que reforzar las estrategias preventivas frente a la desnutrición es un compromiso de largo recorrido. Con el aumento de la esperanza de vida y el envejecimiento progresivo de la población, la vulnerabilidad nutricional de las personas mayores podría crecer en los próximos años si no se adoptan medidas eficaces y sostenidas en el tiempo.
Esta colaboración entre entidades médicas y científicas no solo busca dar respuesta a una necesidad urgente, sino también cambiar la mirada sobre la alimentación: de una cuestión de gusto o costumbre, a un componente esencial del tratamiento y la prevención de enfermedades. En definitiva, comer bien no es solo disfrutar de la comida, sino un acto de salud y de dignidad, especialmente en las personas mayores.
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