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Los libros de historia económica y medioambiental marcarán el año 2025 con una chincheta roja. Durante más de un siglo, desde la Revolución Industrial, la quema de combustibles fósiles ha sido el motor indiscutible del progreso y la iluminación en el viejo continente. Sin embargo, los datos publicados y recogidos por Servimedia este 2026 confirman el cambio de paradigma definitivo: la energía eólica y solar generaron, por primera vez, más electricidad que el gas y el carbón juntos en la Unión Europea.
Este "sorpasso" no es una anomalía estadística ni fruto de una coyuntura climática puntual. Es la culminación de una estrategia estructural que ha combinado políticas agresivas (el Pacto Verde Europeo), la respuesta de emergencia ante la crisis del gas ruso y, sobre todo, la madurez tecnológica que ha convertido a las renovables en la opción más barata del mercado.
Las cifras del cambio
El informe revela que las renovables modernas (excluyendo la hidroeléctrica, que se mantiene estable pero limitada geográficamente) han escalado a una velocidad vertiginosa. Mientras la eólica y solar se han consolidado, la primera como la columna vertebral del sistema en el Mar del Norte y gran parte de la península ibérica; y la segunda viviendo un boom de autoconsumo y grandes parques en el sur y centro de Europa.
En contrapartida, el carbón se encuentra en caída libre, con un retroceso de dos dígitos porcentuales. Muchas centrales térmicas que se reactivaron temporalmente durante la crisis energética de 2022 han cerrado definitivamente o han pasado a un estado de hibernación estratégica. El gas, considerado durante años como el "puente" necesario hacia la descarbonización, también ha visto reducida su cuota, desplazado por un viento que sopla cada vez con más fuerza competitiva.
Seguridad energética, la lección aprendida
Más allá de la lucha contra el cambio climático, este hito se explica por la geopolítica. Tras la invasión de Ucrania, Europa aprendió a la fuerza que la dependencia de los combustibles fósiles importados era una debilidad existencial.
Cada megavatio hora (MWh) generado por un panel solar en Extremadura o un molino en el Báltico es un MWh que no requiere comprar gas a proveedores externos volátiles. En 2025, esta independencia se ha traducido en miles de millones de euros ahorrados en la factura energética comunitaria, blindando a la industria de la eólica y solar, y a los hogares frente a los vaivenes de los mercados internacionales de hidrocarburos.
El reto de la gestión
Sin embargo, que las renovables produzcan más no significa que el trabajo esté terminado. De hecho, el sistema se enfrenta a su mayor desafío técnico: la gestión de la intermitencia.
Producir más energía limpia que fósil implica momentos de "sobreproducción" (cuando hace mucho sol y viento) que hunden los precios de la eólica y solar a cero o incluso a negativo, y momentos de escasez.
- Las redes: La infraestructura de cables y transformadores necesita una inversión masiva para transportar esta energía desde los puntos de generación remotos hasta las ciudades.
- El almacenamiento: El 2026 debe ser el año de las baterías y el hidrógeno verde. Sin capacidad para guardar la energía del mediodía para usarla por la noche, el sistema seguirá necesitando el respaldo del gas.
¿Qué significa para el consumidor?
A medio y largo plazo, este cambio estructural debería traducirse en precios más estables y bajos. Las renovables eólica y solar tienen costes operativos cercanos a cero (el sol y el viento son gratis), a diferencia de las centrales térmicas que deben pagar por el combustible y por los derechos de emisión de CO2.
La electrificación de la economía (coches eléctricos, bombas de calor) avanza ahora sobre una alfombra mucho más verde. El electrón que carga un vehículo en 2026 es sustancialmente más limpio que el de hace cinco años.
No hay vuelta atrás
El récord de 2025 envía un mensaje contundente a los inversores y a los negacionistas del cambio climático: la transición energética no es una moda ideológica, es una realidad industrial imparable. Europa ha demostrado que es posible mantener una economía avanzada desacoplándose de los combustibles fósiles. El carbón y el gas no van a desaparecer mañana, pero han perdido la hegemonía para siempre. El futuro es, oficialmente, renovable.
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