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En el ámbito de la Prevención de Riesgos Laborales (PRL), las empresas suelen ser meticulosas: se enseña cómo levantar una carga pesada para no dañar la espalda, qué tipo de extintor usar en caso de incendio o cómo sentarse correctamente frente al ordenador para evitar lesiones cervicales. Sin embargo, existe un agujero negro en la seguridad corporativa que se cobra vidas y genera millones de euros en pérdidas cada año: la carretera. Según datos recientes publicados por Servimedia, solo un 14 % de los trabajadores ha recibido formación vial por parte de sus empresas.
Esta cifra revela una desconexión alarmante entre la percepción del riesgo y la realidad estadística. El coche, la furgoneta o la moto son, con diferencia, las "máquinas" más peligrosas que un empleado manipulará a lo largo de su jornada, ya sea durante el desempeño de sus tareas (en misión) o en el trayecto de ida y vuelta al centro de trabajo (in itinere). Que el 86 % de la fuerza laboral afronte estos desplazamientos sin una actualización de sus conocimientos en cuanto a formación vial o habilidades al volante es un factor de riesgo sistémico que el tejido empresarial no está abordando.
La falacia del carné de conducir
¿Por qué las empresas no forman a sus empleados en seguridad vial? La respuesta ante esta falta de formación suele ampararse en una falsa sensación de seguridad: "Ya tienen carné de conducir". Se asume erróneamente que haber aprobado un examen hace diez o veinte años capacita a una persona para afrontar los retos de la movilidad actual.
Sin embargo, la conducción profesional o el desplazamiento diario al trabajo ocurren en condiciones muy específicas que la autoescuela no cubre: presión por los horarios de entrega, estrés acumulado, gestión de la fatiga, conducción bajo condiciones meteorológicas adversas o el manejo de vehículos industriales cargados. La formación vial en la empresa no busca enseñar a meter las marchas, sino a desarrollar una conducción defensiva, a anticipar peligros y a gestionar emocionalmente el tráfico para evitar que el vehículo se convierta en un ataúd.
El drama de los accidentes 'in itinere'
El grueso de la siniestralidad laboral no ocurre en la fábrica, sino en el asfalto. Los accidentes in itinere (al ir o volver del trabajo) representan una porción significativa de las muertes por accidente laboral en España. A pesar de esto, muchas compañías siguen considerando que lo que ocurre fuera de sus puertas no es su responsabilidad.
Esta visión es miope. Un accidente de tráfico de un empleado supone, además de una tragedia humana irreparable, un coste enorme para la organización: bajas médicas prolongadas, pérdida de talento, aumento de las primas de seguros, daños materiales y un impacto negativo en el clima laboral. La formación vial actúa como un escudo preventivo que reduce drásticamente estas incidencias.
Nuevos retos en formación vial: la movilidad cambiante
El dato del 14 % es aún más preocupante si consideramos cómo ha cambiado el ecosistema de la movilidad en los últimos años. Las empresas se enfrentan a nuevos desafíos que requieren formación vial específica:
- Vehículos de Movilidad Personal (VMP): El uso de patinetes eléctricos para ir al trabajo ha explotado, a menudo sin que el usuario conozca la normativa ni los riesgos de convivir con coches y autobuses.
- Electrificación: Las flotas corporativas se están pasando al coche eléctrico, que tiene una respuesta de motor, un peso y una frenada diferentes a los de combustión, lo que exige una adaptación técnica del conductor.
- Tecnología a bordo: Los sistemas ADAS (asistentes a la conducción) ayudan, pero también pueden distraer si no se sabe cómo usarlos o si se confía ciegamente en ellos.
Hacia una cultura de la seguridad integral
Los expertos en seguridad vial laboral insisten en que la formación vial no puede limitarse a una charla de una hora al año. Debe ser un plan integral que incluya cursos prácticos de conducción (en circuito o simulador), campañas de concienciación sobre el uso del móvil y el alcohol, y una planificación de rutas que priorice la seguridad sobre la rapidez.
Integrar la seguridad vial en el ADN de la empresa es una cuestión de Responsabilidad Social Corporativa (RSC). Una organización que se preocupa por cómo sus empleados llegan a casa es una organización que valora su capital humano. Elevar ese exiguo 14 % no es solo una necesidad legal o económica; es un imperativo ético para frenar la sangría en las carreteras. Mientras las empresas no asuman el volante de la prevención, los trabajadores seguirán circulando desprotegidos frente a su mayor riesgo laboral.
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