Higinio Rivero: primer español en piragüismo, esquí de fondo y biatlón paralímpico

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Higinio Rivero esquiando

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En el silencio sepulcral de la alta montaña, donde el aire escasea y el frío se convierte en un compañero constante, la figura de un hombre desliza sus esquís con una determinación que desafía cualquier lógica de la inercia. Ese hombre es Higinio Rivero, un atleta que ha convertido el esfuerzo extremo en su lenguaje universal. Ya sea sintiendo el pulso del agua bajo su piragua o el deslizamiento incierto sobre la costra helada, su trayectoria no es fruto del azar, sino de una reconquista constante de los espacios que la vida intentó arrebatarle tras un accidente de escalada en 2013.

Cruzar la frontera invisible entre los Juegos de Verano y los de Invierno exige una mente capaz de resetearse. No se trata solo de fuerza física; se trata de entender cómo la resistencia del canal de agua se transforma en precisión quirúrgica bajo una nevada. Higinio Rivero no es simplemente un deportista que cambia de disciplina; es un pionero que está abriendo una brecha histórica en el deporte español, demostrando que la discapacidad es, en realidad, un motor para la reinvención permanente.

El renacimiento de Higinio Rivero: de la roca al canal y de vuelta a la cima

Para comprender la magnitud de su figura, hay que mirar hacia atrás, al momento en que una lesión medular cambió su plano de existencia. Instructor de vuelo y amante de la naturaleza, Higinio encontró en el piragüismo de alto rendimiento una vía de escape que le llevó a la élite en Tokio y París. Sin embargo, el desgaste de la competición profesional empezó a pasar factura. "Estaba un poco desenamorado", confiesa el atleta. Fue entonces cuando la montaña, el lugar donde todo cambió, volvió a llamarlo, pero esta vez vestida de blanco.

El esquí de fondo se convirtió en el vehículo para su reencuentro más íntimo con las cumbres. Lo que empezó como un entrenamiento complementario para evitar el agua gélida durante el invierno terminó por convertirse en una pasión absoluta. Al recuperar el contacto con la nieve, Higinio Rivero no solo cerró un círculo vital que quedó abierto en aquella pared de roca en 2013, sino que descubrió una nueva forma de libertad: "Me pongo ahí en la nieve, le doy yo a los bastones y voy a donde quiero", explica con la paz de quien ha vuelto a casa.

El corazón frente a la diana: el desafío del biatlón

Si el esquí de fondo es exigente, el biatlón es una disciplina contraintuitiva que lleva al cuerpo al límite. Combina el desgaste aeróbico extremo con la necesidad de una calma absoluta para disparar la carabina. Para Higinio Rivero, este contraste es el mayor de los atractivos. En su categoría de "sitting" (silla), utiliza un sit-ski diseñado para deslizarse impulsado únicamente por la fuerza de sus brazos. Pasar de las pulsaciones máximas a la quietud necesaria para hacer diana es un arte que entrena incluso en el salón de su casa, utilizando ergómetros y practicando el "tiro en seco".

Ser un pionero en España, un país con escasa tradición en esquí de fondo paralímpico, ha obligado a Higinio Rivero a ser autodidacta. Desde pedir su primera silla a Estados Unidos hasta viajar a Eslovenia o Francia para encontrar nieve de calidad, su camino ha sido el de un náufrago construyendo su propia balsa. En un entorno donde las estaciones priorizan el esquí alpino por rentabilidad, él se ha erigido como un referente solitario que ya compite de tú a tú con las grandes potencias internacionales en la Copa del Mundo.

Milán-Cortina 2026: un hito para el deporte español

Con la mirada puesta en los próximos Juegos de Invierno, Higinio Rivero está a punto de entrar en un club extremadamente selecto. Se convertirá en el primer español en alcanzar la cita olímpica en tres disciplinas distintas: piragüismo, esquí de fondo y biatlón. Este "nomadismo deportivo" es, para él, la prueba definitiva de la capacidad humana para adaptarse a los cambios, algo que las personas con discapacidad entrenan a diario sin darse cuenta.

La historia de Higinio Rivero nos recuerda que el deporte no solo sirve para ganar medallas, sino para recuperar la soberanía sobre el propio cuerpo y el entorno. En las pistas de Milán-Cortina, el bilbaíno no solo representará a un país; representará la victoria de la voluntad sobre la adversidad, demostrando que, incluso cuando el terreno cambia de estado físico —de la roca al agua y del agua al hielo—, el espíritu competitivo permanece inalterable.

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