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El lema de Manos Unidas para este año 2026 no deja lugar a la indiferencia. Es bélico, directo y profundamente movilizador: «Declara la guerra al hambre». Con esta premisa, la organización busca sacudir conciencias en un momento donde la desigualdad global sigue cobrando víctimas silenciosas. Paqui García Guirado, delegada de Manos Unidas en Granada —entidad social vinculada al Arzobispado—, explica que, aunque el trabajo es constante durante todo el año, febrero marca el punto álgido de su campaña nacional.
«El segundo domingo de febrero es el día de Manos Unidas en toda España. La semana previa y la posterior son jornadas clave de sensibilización sobre la necesidad urgente de trabajar para paliar la carestía en el mundo y, sobre todo, para declarar la guerra al hambre», afirma García Guirado. Esta iniciativa se diferencia de otras acciones eclesiales como Cáritas, que centra su labor en el ámbito local; Manos Unidas mira hacia el exterior, enfocándose en las fronteras del sufrimiento internacional.
Estrategias sostenibles en la guerra contra el hambre
Esta lucha no se libra con armas, sino con proyectos de desarrollo que buscan la autonomía de las poblaciones más vulnerables. Las 72 delegaciones españolas trabajan codo con codo con socios locales en África, América del Sur, América Central y Asia. El objetivo de la guerra contra el hambre es erradicar las causas estructurales de la miseria mediante la sostenibilidad.
Un ejemplo tangible de esta labor se vive estos días en Granada con la visita de María Fernanda, una misionera ecuatoriana de la congregación del Buen Pastor. En Guayaquil, gracias a la financiación de Manos Unidas, desarrollan proyectos para la promoción de la mujer en zonas de extrema desprotección. Mediante talleres de costura, cocina y mecanografía, las mujeres —muchas de ellas abandonadas o maltratadas— adquieren las herramientas necesarias para salir adelante por sus propios medios. Incluso se imparten clases de música para fomentar actividades lúdicas positivas, asegurando también la atención de sus hijos mientras ellas se forman para ganar su propia guerra contra el hambre.
Cuatro décadas de misión en el corazón de África
El testimonio de quienes han estado en primera línea de fuego es fundamental para entender la magnitud de este desafío. José Collado Luque, misionero redentorista natural de Láchar, ha dedicado cuarenta años de su vida a Níger. Tras una etapa en los suburbios de Lyon, ahora reside en Granada, desde donde relata la eficacia extraordinaria de la organización. Según Collado, Manos Unidas no ofrece limosnas, sino que hace partícipe a la población de su propio progreso.
«Manos Unidas nos ha financiado desde bancos de alimentos hasta el socorro a personas vulnerables. Es una entidad de una transparencia total, donde cada céntimo llega a los confines de África para apoyar la guerra contra el hambre», asegura el misionero. Su modelo se basa en transformar la realidad local sin imponer productos externos que generen dependencia.
Microcréditos y nutrición: Las armas del cambio
Uno de los mayores retos en países como Níger es la mortalidad infantil durante la transición de la lactancia materna a la comida de adulto. En este punto crítico, la mala nutrición severa causa estragos. El misionero explica cómo, con fondos de la organización, enseñan a las madres a transformar productos locales como el mijo, el cacahuete o la chufa en papillas nutritivas. Esta formación es una herramienta vital en la guerra contra el hambre, reduciendo drásticamente el fallecimiento de menores.
Además, el círculo de la sostenibilidad se cierra con los microcréditos. «A veces, la ayuda exterior trae alimentos de Europa que no existen allí. Cuando la ONG se va, el problema vuelve», advierte Collado. Manos Unidas apuesta por el producto local: «Con un microcrédito, una familia podía comprar una cabra y alimentarse de forma autónoma». Este enfoque de empoderamiento es el eje central de la guerra contra el hambre.
En definitiva, la campaña de 2026 recuerda que la solidaridad no debe ser un gesto efímero, sino una acción decidida y estratégica. Al sumarse a la guerra contra el hambre, cada donante se convierte en un aliado de comunidades que solo piden una oportunidad para prosperar por sí mismas.
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