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Mariano Barbacid y su equipo han dado un paso que, hasta hace muy poco, parecía inalcanzable. El científico, que dirige el Grupo de Oncología Experimental del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), ha encabezado un estudio que ha logrado erradicar por completo tumores de páncreas en modelos animales. Se trata, además, del tipo más común y agresivo de esta enfermedad: el adenocarcinoma ductal de páncreas. La investigación, financiada por la Fundación CRIS Contra el Cáncer, ha conseguido resultados extraordinarios no solo por su eficacia, sino también por la ausencia de efectos secundarios relevantes y por la duración de la respuesta obtenida, algo nunca visto hasta ahora en este campo.
Los hallazgos fueron dados a conocer el pasado 27 de enero y presentados públicamente este martes por el propio Barbacid, junto a la coautora principal del estudio, Carmen Guerra, y las primeras autoras, Vasiliki Liaki y Sara Barrambana. Los datos hablan por sí solos: más de 200 días de respuesta completa al tratamiento, sin toxicidad apreciable y con una durabilidad sin precedentes en modelos experimentales.
Una estrategia terapéutica que cambia las reglas del juego con el cáncer de páncreas
El propio Barbacid ha subrayado la magnitud del logro. “Por primera vez hemos conseguido una respuesta completa, duradera y con baja toxicidad frente al cáncer de páncreas en modelos experimentales”, explicó. En sus palabras, estos resultados demuestran que una estrategia racional basada en terapias combinadas puede alterar el rumbo de uno de los tumores con peor pronóstico en la actualidad.
La clave de este éxito reside en un enfoque múltiple y bien calculado. El tratamiento combina tres compuestos distintos, cada uno dirigido a mecanismos esenciales para la supervivencia y proliferación de las células tumorales. Dos de ellos actúan sobre las proteínas EGFR y STAT3, implicadas directamente en el desarrollo de este tipo de cáncer, mientras que el tercero ataca al oncogén KRAS, considerado el principal motor del cáncer de páncreas. Según el investigador, golpear de forma simultánea estos tres puntos críticos ha sido, finalmente, la solución que el equipo llevaba años buscando.
Este avance marca un antes y un después en la investigación oncológica relacionada con el páncreas, abriendo la puerta a nuevas estrategias que, en el futuro, podrían trasladarse a ensayos clínicos en humanos.
Los orígenes de una vocación científica
La trayectoria de Mariano Barbacid es la de un científico excepcional, reconocido no solo en España, sino también a nivel internacional. Sin embargo, su camino hacia la excelencia comenzó de forma humilde. Desde joven, sus padres insistieron en la importancia de los estudios y le animaron a centrarse exclusivamente en su formación académica. “Mientras otros compañeros debían compaginar trabajo y escuela, yo me dedicaba solo a los libros”, ha recordado en más de una ocasión.
Aun así, el germen de su curiosidad científica no surgió únicamente en casa. Fue la madre de un amigo quien despertó en él una fascinación profunda por el conocimiento. Entre los 10 y los 12 años, Barbacid ya intuía cuál sería su destino profesional. Aunque entonces apenas comprendiera los conceptos que escuchaba, se sentía cautivado por la idea de descubrir lo desconocido. Aquella mujer, Carmen, madre de una familia numerosa y con un marido marino ausente durante largas temporadas, fue quien, sin saberlo, sembró en él la vocación investigadora que definiría toda su vida.
La investigación como legado y compromiso personal
En cada intervención pública, Barbacid insiste en un mensaje claro: invertir en investigación es apostar por el progreso social y económico. Para él, la ciencia no es un gasto, sino una fuente de riqueza y bienestar colectivo. Por ello, anunció su decisión de destinar parte de su herencia a la Fundación CRIS Contra el Cáncer, la misma entidad que ha financiado el estudio con el que se han eliminado al cien por cien los tumores de páncreas en modelos animales.
Este compromiso tiene también una dimensión profundamente personal. Sus hijas son una de las principales razones que le impulsan a seguir adelante. “El cáncer no es una sola enfermedad, sino cientos de ellas”, ha explicado, recordando que algunas, como este tipo de cáncer, siguen teniendo hoy un pronóstico extremadamente complicado. Barbacid confía en que, con los recursos adecuados, las generaciones futuras —incluidas sus propias hijas— puedan llegar a ver el final de esta enfermedad. Por ellas y por todas las personas que lo han padecido, lo padecen o lo padecerán, decidió dedicar parte de su legado a financiar lo único capaz de derrotarlo: la investigación.
Un descubrimiento clave que cambió la historia del cáncer
El prestigio de Mariano Barbacid no se basa únicamente en este último logro. A finales de 1981, junto a su equipo, consiguió aislar por primera vez un gen oncogénico en un tumor humano. Este hito, que le valió en 1984 el Premio Juan Carlos I de Investigación, supuso un avance decisivo en la lucha contra el cáncer a nivel mundial.
El descubrimiento de los oncogenes —genes capaces de transformar células normales en cancerígenas— revolucionó la comprensión de los mecanismos moleculares del cáncer y sentó las bases para el desarrollo de terapias dirigidas. Décadas después, su impacto sigue siendo evidente. Con este nuevo avance frente al cáncer de páncreas, Barbacid demuestra, una vez más, que la investigación constante y bien financiada puede convertir lo impensable en una realidad tangible.
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