Las personas con discapacidad intelectual tienen entre 2 y 4 veces más riesgo de desarrollar trastornos mentales que la población general. Entre el 30 % y el 50 % presentan algún problema de salud mental.
La patología dual combina adicción y enfermedad mental, agravada por estigma y falta de recursos. La historia de Carlos muestra diagnósticos tardíos, abandono institucional y ausencia de tratamiento eficaz integral.