Un 2025 de violencia machista: del horror del caso Pelicot a la sentencia de Rubiales

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Chica en una manifestación feminista contra la violencia machista

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Si hay un hilo conductor que atraviesa el calendario de este 2025 que acaba prácticamente de terminar, es la visibilidad. Ha sido un año duro, crudo y revelador en materia de violencia machista. El balance realizado por Newtral nos devuelve una imagen de la sociedad frente al espejo. Una imagen que oscila entre el horror más absoluto y la esperanza de una justicia que, aunque lenta, empieza a llegar. Dos nombres propios han marcado la agenda mediática y judicial, simbolizando los extremos de una misma violencia estructural: Gisèle Pelicot y Luis Rubiales.

Ambos casos, aunque radicalmente distintos en su ejecución, comparten una raíz común: la anulación de la voluntad de la mujer y la creencia patriarcal de que el cuerpo femenino es un territorio disponible para el hombre, ya sea mediante la química o mediante el abuso de poder jerárquico. Este 2025 pasará a la historia como el año en que el mundo no pudo mirar hacia otro lado.

El caso Pelicot y la valentía de mostrar el rostro del horror

El juicio por las violaciones de Mazan, conocido como el "caso Pelicot", ha sido el seísmo moral del año en Europa. La historia de Gisèle Pelicot, drogada por su marido durante una década para ser violada por decenas de desconocidos, ha destrozado el mito del "monstruo" escondido en un callejón oscuro. El agresor dormía en su cama.

Lo trascendental de este 2025 no ha sido solo la revelación de los hechos, sino la decisión de Gisèle de exigir que el juicio fuera público. Su negativa a esconderse tras el anonimato ("la vergüenza debe cambiar de bando", dijo) ha obligado a la sociedad a mirar a los ojos a una realidad incómoda: la de la sumisión química dentro del matrimonio y la complicidad de hombres "corrientes" en la barbarie. Este caso de violencia machista ha impulsado cambios legislativos en Francia y ha abierto un debate en España sobre la necesidad de tipificar mejor los delitos facilitados por sustancias, demostrando que la violencia sexual más brutal a menudo ocurre en el entorno de confianza.

La condena a Rubiales: el fin de la impunidad en las instituciones

En el ámbito nacional, 2025 ha traído el cierre judicial de uno de los episodios más mediáticos de la historia reciente del deporte español. La condena a Luis Rubiales por el beso no consentido a Jennifer Hermoso y las coacciones posteriores ha sentado un precedente jurídico y social incalculable.

Más allá de la pena concreta, la sentencia ratifica lo que el movimiento feminista gritó en las calles bajo el lema "Se Acabó". Confirma que un beso sin consentimiento es una agresión sexual y que el abuso de poder por parte de un superior jerárquico no puede quedar impune, ni siquiera en la euforia de una celebración mundial.

Este fallo judicial cierra un ciclo de impunidad en las altas esferas deportivas e institucionales, enviando un mensaje claro a toda la sociedad: las viejas conductas de violencia machista, antes normalizadas o minimizadas como "anécdotas", tienen ahora consecuencias penales. El consentimiento se ha blindado como el eje central de las relaciones sexuales y afectivas.

La violencia sumergida

Sin embargo, el informe de Newtral advierte del peligro de quedarse solo con los casos mediáticos. Mientras los focos apuntaban a los tribunales, la violencia machista diaria ha seguido goteando cifras insoportables. 2025 ha registrado un repunte preocupante en la violencia vicaria, aquella que se ejerce contra los hijos para dañar a la madre, confirmando que los maltratadores utilizan a los menores como instrumentos de dolor cuando pierden el control sobre su pareja.

Asimismo, se alerta sobre la explosión de la violencia digital. La proliferación de pornografía generada por inteligencia artificial (deepfakes) utilizando rostros de mujeres y niñas sin su consentimiento ha abierto un nuevo frente de batalla para el que la legislación todavía va un paso por detrás.

Hemos visto condenas ejemplares y una dignidad inmensa en víctimas como Gisèle Pelicot y Jenni Hermoso, que han servido de faro para muchas otras. Pero los datos nos recuerdan que la violencia machista muta, se adapta a las nuevas tecnologías y resiste en los hogares. La conciencia social ha despertado ("sí sirve manifestarse", como decíamos), pero la estructura que sustenta la violencia machista sigue en pie, exigiendo que la lucha no se limite a un día en el calendario.

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