Lectura fácil
Durante años, los científicos han descrito a las marsopas sin aleta (Neophocaena asiaeorientalis) como criaturas solitarias. Se pensaba que, salvo los vínculos entre madre y cría, estos pequeños cetáceos recorrían en solitario las aguas costeras de Asia oriental. Sin embargo, un nuevo estudio liderado por la investigadora Mai Sakai, de la Universidad de Kindai (Japón), está cuestionando esa idea y revelando un lado más social y colaborativo de esta especie.
La investigación, publicada en la revista Mammal Study, muestra que las crías de marsopa sin aleta no siempre nadan únicamente junto a sus madres. De hecho, se acercan con frecuencia a otros adultos, con los que establecen interacciones directas y coordinadas. Este comportamiento, conocido como alomaternal, consiste en las atenciones que un adulto brinda a una cría que no es su descendiente.
La existencia de este tipo de conducta suele asociarse a mamíferos con estructuras sociales más complejas, como los elefantes o los delfines, pero no a una especie clasificada tradicionalmente como solitaria. Por eso, los hallazgos del equipo de Sakai suponen un giro notable en la comprensión de la vida social de las marsopas sin aleta.
Qué es el comportamiento alomaternal de las marsopas
Entre los mamíferos, se considera normal que las crías interactúen casi exclusivamente con sus madres durante los primeros meses de vida. Sin embargo, existen muchas excepciones. En algunas especies, individuos jóvenes o adultos sin hijos pueden involucrarse en el cuidado o acompañamiento de las crías de otras.
Este tipo de apoyo, además de reforzar los lazos sociales del grupo, tiene ventajas prácticas: las madres pueden dedicar más tiempo a alimentarse y recuperar energía, mientras que las hembras jóvenes aprenden habilidades de crianza que les servirán más adelante. Hasta hace poco, se pensaba que las marsopas sin aleta no presentaban ninguno de estos rasgos.
Para comprobar si realmente existían interacciones entre adultos y crías no emparentadas, el equipo de Mai Sakai trabajó en la bahía de Ise, al centro de Japón. Durante 34 días de observaciones, entre febrero y julio de 2023, los investigadores utilizaron drones de consumo para seguir el movimiento de estos animales desde el aire.
La perspectiva aérea permitió registrar secuencias largas sin interferir en el comportamiento natural de los cetáceos. A lo largo del estudio, detectaron cuatro grupos diferentes en los que un bebé interactuaba con dos adultos distintos, algo que solo podía explicarse por la existencia de vínculos con adultos ajenos a la madre.
Nadar en paralelo, un gesto significativo
Uno de los patrones más claros fue el de las crías nadando en paralelo a un adulto. Según el equipo, esta posición podría tener una función doble: reducir la resistencia del agua para el pequeño y facilitarle mantener el ritmo del adulto, además de ofrecerle cierta protección frente a posibles amenazas. En la mayoría de los casos observados, las crías eran quienes tomaban la iniciativa, acercándose a los otros adultos por su cuenta.
Curiosamente, el tiempo que los bebés pasaban junto a estos adultos no superaba el 40 % del total del tiempo de observación, un porcentaje mucho menor que el que suelen compartir madre y cría en otras especies de odontocetos, como los delfines o las ballenas dentadas. Aun así, la reiteración del patrón sugiere que estos contactos no son fortuitos, sino parte de una conducta social recurrente.
¿Una especie menos solitaria?
Para los investigadores, estos episodios indican que la marsopa sin aleta podría tener un modelo social mixto, donde conviven momentos solitarios y otros de comportamiento gregario. En palabras del zoólogo Tomoyoshi Terada, miembro del equipo: “En la bahía de Ise, los individuos que nadaban a menos de 15 metros unos de otros mostraban interacciones sociales con una frecuencia sorprendentemente alta”.
Este hallazgo encaja con estudios previos del grupo de Sakai, en los que ya se había observado buceo sincronizado entre machos adultos y jóvenes, una forma de cooperación poco habitual en una especie supuestamente solitaria.
Las conclusiones del estudio van más allá de la pura curiosidad científica. Si las marsopas sin aleta no son del todo solitarias, comprender cómo se relacionan podría mejorar los programas de conservación y rescate. Los comportamientos alomaternales, por ejemplo, podrían ser clave para la rehabilitación de crías huérfanas o abandonadas, permitiéndoles aprender o adaptarse gracias a la guía de adultos no emparentados.
Además, el hallazgo plantea una pregunta interesante sobre la evolución de los lazos sociales entre cetáceos. Tal vez la vida en grupo y la cooperación no dependen tanto del tamaño o la abundancia de la especie, sino de factores ecológicos y del aprendizaje social.
El lado oculto de un cetáceo discreto
Las marsopas sin aleta no tienen la fama ni el carisma de los delfines, pero este nuevo estudio las sitúa como un interesante modelo para explorar cómo surgen las relaciones sociales entre mamíferos marinos. Sus interacciones sutiles, observadas desde el aire con drones, muestran que incluso en el silencio del mar se tejen vínculos inesperados.
Quizás, tras estas observaciones, tengamos que abandonar la imagen de las marsopas solitarias y empezar a verla como lo que realmente es: una pequeña criatura que vive en sociedad, entre encuentros efímeros pero significativos, donde incluso el cuidado compartido de una cría puede cambiar nuestra visión de toda una especie.
Añadir nuevo comentario