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Los trombos son coágulos de sangre que se forman dentro de los vasos sanguíneos y pueden afectar tanto a las venas como a las arterias. Su presencia puede alterar la circulación, provocar enfermedades graves como infartos o ictus y generar complicaciones potencialmente mortales si no se detectan a tiempo. Conocer sus causas, factores de riesgo y cómo se tratan es fundamental para prevenir sus consecuencias.
Qué es un trombo y su relevancia
La Unidad de enfermedad tromboembólica se enfoca principalmente en problemas venosos, es decir, en los vasos que devuelven la sangre desde los órganos hacia el corazón. No obstante, también pueden presentarse trombos u obstrucciones en las arterias, los conductos que llevan la sangre desde el corazón hasta los órganos.
Los trombos en arterias suelen formarse en órganos como el corazón, dando lugar a infartos, o en el cerebro, provocando ictus. Por ello, Cardiología y Neurología son las especialidades principales de referencia, aunque la trombosis arterial puede aparecer en cualquier punto del sistema circulatorio. Además, muchos pacientes son atendidos en Medicina Interna.
Un trombo es un acúmulo de sangre que se forma dentro de un vaso y que puede dificultar o bloquear la circulación. Estos coágulos pueden desarrollarse tanto en arterias, que transportan sangre desde el corazón hacia los órganos, como en venas, que retornan la sangre desde los órganos hasta el corazón. Su presencia es importante porque puede provocar consecuencias graves si no se detecta a tiempo.
Enfermedades asociadas a trombos
Los trombos pueden originar diferentes enfermedades según el lugar donde se encuentren, como ictus, infartos, isquemias, trombosis venosa profunda o embolia pulmonar. Existen múltiples circunstancias que incrementan la formación de trombos venosos:
- Inmovilización prolongada: permanecer en reposo disminuye la velocidad de la circulación, especialmente en las piernas, y aumenta el riesgo de formar un coágulo. Esto puede suceder por enfermedades, encamamiento o viajes largos.
- Tumores y tratamientos oncológicos: tanto la enfermedad como ciertos medicamentos pueden favorecer la trombosis.
- Alteraciones hormonales: embarazo, puerperio, tratamientos hormonales en menopausia o anticonceptivos orales.
- Trastornos genéticos: alteraciones en los mecanismos de coagulación.
- Otros factores: edad avanzada, obesidad, traumatismos y enfermedades autoinmunes.
La trombosis arterial suele relacionarse con hipertensión, diabetes, colesterol alto, obesidad y arritmias cardíacas.
En la trombosis venosa, la obstrucción dificulta el retorno de la sangre hacia el corazón, causando hinchazón y congestión, sobre todo en las piernas. La complicación más grave es que se desplacen a los pulmones, provocando insuficiencia respiratoria, cardiaca e incluso riesgo de muerte si no se tratan a tiempo.
En las arterias, los trombos bloquean el flujo sanguíneo y pueden causar infartos cardíacos o cerebrales, cuyas consecuencias son graves y reconocidas.
Durante la pandemia de SARS-CoV-2 se observó un incremento de trombosis tanto venosa como arterial. La inmovilidad, la disminución de ejercicio y la propia infección provocan inflamación, alterando la circulación y favoreciendo la aparición de coágulos. Por ello, los pacientes con COVID-19 requieren evaluación específica para detectar complicaciones a tiempo.
La Unidad de trombosis y sus servicios
Esta unidad coordina a distintos especialistas para ofrecer atención integral y actualizada:
- Urgencias: detección precoz y tratamiento rápido.
- UCI: vigilancia y manejo de los casos más graves.
- Cardiología y Neurología: seguimiento de los efectos en órganos vitales.
- Hematología y Radiología: estudio de factores de riesgo, diagnóstico y control de complicaciones.
- Otras especialidades: Ginecología, Oncología, Cirugía Cardiovascular y Neurocirugía contribuyen según el caso.
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