Lectura fácil
El dato más impactante del informe sobre violencia de género referido a 2025 es la "normalidad" estadística del perpetrador o asesino machista. El perfil mayoritario es el de un hombre de 49 años, de nacionalidad española y que mantiene o ha mantenido una relación de afectividad con la víctima. Este dato es crucial porque derriba dos de los mitos más dañinos que circulan en los discursos negacionistas: que la violencia de género es un problema importado de otras culturas o que es algo propio de estratos sociales marginales.
La realidad que muestran los tribunales es que el asesino machista o agresor es el vecino, el compañero de trabajo o el familiar que aparentemente lleva una vida convencional. En la mayoría de los casos analizados por el CGPJ, no existían denuncias previas ni antecedentes penales por violencia de género. Esto indica que el sistema de protección, aunque avanzado, todavía tiene dificultades para penetrar en la privacidad de los hogares donde la violencia se ejerce de forma silenciosa y psicológica antes de estallar en su forma más extrema.
El hogar como escenario y la tecnología como escudo
El informe subraya que la vivienda sigue siendo el escenario principal de los feminicidios. Lejos de las calles oscuras o lugares apartados, el lugar donde las mujeres deberían sentirse más seguras es, estadísticamente, donde corren mayor riesgo. Esta situación ha impulsado una demanda social por herramientas de protección contra un agresor o asesino machista más eficaces. En la actualidad, el 90 por ciento de los ciudadanos respalda el uso de la tecnología avanzada, como las pulseras de alejamiento con GPS y sistemas de monitorización digital, para garantizar que las órdenes de protección se cumplan de manera efectiva y no se queden en papel mojado.
La transparencia en la publicación de estos perfiles es fundamental para que la sociedad civil pueda identificar las señales de alerta. El informe del CGPJ también destaca un fenómeno persistente: el suicidio o intento de suicidio del agresor o asesino machista tras cometer el crimen. Este acto, lejos de ser un arrebato de locura, se interpreta a menudo como el último ejercicio de control sobre la situación, negando a la justicia y a la familia de la víctima el cierre del proceso legal.
El entorno laboral y el coste invisible de la violencia
La violencia machista no se queda encerrada entre cuatro paredes; se traslada a todos los ámbitos de la vida, incluido el profesional. En las mujeres que sufren violencia de género, el estrés es una carga que merma su capacidad de desarrollo y su salud física. El entorno laboral es, muchas veces, el único espacio de libertad donde una mujer puede pedir ayuda o donde sus compañeros pueden detectar cambios de comportamiento, ausencias injustificadas o signos de ansiedad extrema.
En este 2026, el compromiso de las organizaciones ha crecido exponencialmente. En un escenario donde el 81 por ciento de las empresas y organizaciones prevé contratar más profesionales cualificados, la retención de talento también pasa por crear entornos seguros. Las empresas están implementando protocolos de detección y apoyo a víctimas, entendiendo que la violencia de género es un problema de salud pública y de derechos humanos que afecta a la productividad y al clima laboral. Una empresa que no protege a sus empleadas es una empresa que fracasa en su responsabilidad social.
"La violencia de género no es un fenómeno privado; es un síntoma de una desigualdad estructural que la estadística nos obliga a mirar de frente cada año".
Los datos de 2025 presentados por el CGPJ nos recuerdan que la lucha contra la violencia machista requiere un enfoque que vaya más allá de la vigilancia policial. Necesitamos una educación que cuestione la masculinidad tóxica en todas las edades y un sistema judicial que sepa leer la violencia incluso cuando no hay una denuncia escrita. El perfil de asesino machista del hombre de 49 años nos dice que la concienciación debe ser transversal y que el silencio es, en última instancia, el mayor aliado del agresor. Solo con información veraz y una red de apoyo comunitaria e institucional sólida podremos aspirar a que, en los informes venideros, estas cifras dejen de ser una constante dolorosa en nuestra historia.
Añadir nuevo comentario