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En una sociedad marcada por la incertidumbre económica y la persistente subida de precios, la figura del ciudadano sénior ha trascendido su papel tradicional de jubilado para convertirse en una pieza estructural indispensable de la economía doméstica. Según los datos arrojados por el ‘VI Barómetro del Consumidor Sénior’, elaborado por el Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación Mapfre, el 42 % de los españoles mayores de 55 años ha tenido que brindar una ayuda económica a sus hijos a lo largo del último año.
Este informe, presentado este jueves por la fundación, pone de manifiesto que la solidaridad intergeneracional no es un fenómeno aislado, sino una tendencia consolidada en el tejido social español. En términos globales, el 52 % de los sénior —más de la mitad de este segmento de población— ha prestado apoyo financiero a algún miembro de su familia o de su entorno cercano en los últimos doce meses. Esta cifra refleja la magnitud de un compromiso que va mucho más allá de la mera asistencia puntual, convirtiéndose en un salvavidas para las generaciones más jóvenes.
El papel decisivo de la ayuda económica en el entorno familiar
La distribución de estos apoyos muestra un mapa de solidaridad muy ramificado que abarca diferentes niveles de parentesco. Mientras que los hijos son los principales receptores de estos fondos, un 9 % de los encuestados afirmó haber apoyado a otros miembros de la familia, un 4 % extendió su mano a personas cercanas fuera del círculo familiar y un 2 % incluso tuvo que proporcionar una ayuda económica a sus propios padres. Este último dato evidencia el fenómeno de la "generación sándwich", aquellos mayores que cuidan y sostienen financieramente tanto a sus descendientes como a sus ascendientes simultáneamente.
Juan Fernández Palacios, director del Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación Mapfre, ha destacado la importancia de este rol protector. Durante la presentación de los resultados, subrayó que, “más que una respuesta puntual, el estudio apunta a una función de sostén cada vez más consolidada”. Para el experto, la aportación de los mayores de 55 años se ha transformado en un pilar que garantiza la estabilidad de muchos hogares que, de otro modo, no podrían afrontar sus gastos corrientes ante la precariedad del mercado laboral actual.
Sostenibilidad del apoyo frente a la inflación
A pesar de las fluctuaciones del mercado y las sucesivas crisis, la disposición de los sénior a ofrecer ayuda económica se ha mantenido notablemente estable. Aunque se registró un máximo histórico en 2022, cuando el 63 % de los mayores apoyó a su entorno en plena salida de la crisis pandémica, los años posteriores muestran una regularidad férrea: el porcentaje apenas varió, pasando del 53 % en 2023 al 51 % en 2024 y situándose en el 52 % en este 2025.
Esta estabilidad es crucial si se tiene en cuenta que el coste de la vida sigue presionando los presupuestos domésticos. Con el Banco de España situando la inflación general interanual en torno al 3 % para finales de 2026, la ayuda económica de los mayores resulta decisiva para amortiguar tensiones y sostener el día a día de varias generaciones. Los ahorros y pensiones de los sénior actúan como un fondo de rescate privado que evita que miles de familias caigan en el umbral de la exclusión económica.
El perfil del donante: la generación de los 60 años
El estudio desglosa el comportamiento por franjas de edad, revelando que el mayor esfuerzo lo realizan los ciudadanos de entre 60 y 69 años, quienes asumen este papel con mayor intensidad. En este grupo, el porcentaje de quienes han otorgado una ayuda económica a su entorno asciende al 57 %, superando significativamente al 47 % registrado entre los más jóvenes del grupo (55-59 años) y al 51 % de los mayores de 70 años, que suelen tener gastos médicos más elevados.
En cuanto a los receptores, el 71 % de los apoyos se concentra en menores de 40 años, quienes enfrentan las mayores dificultades de acceso a la vivienda. No obstante, resulta especialmente “llamativo” para la fundación que un 32 % de los sénior dirijan su ayuda económica a personas que ya se encuentran en el segmento de entre 41 y 54 años, lo que indica que las dificultades financieras se están desplazando hacia edades cada vez más maduras, donde la estabilidad laboral debería estar, teóricamente, más asentada.
En conclusión, el barómetro de Fundación Mapfre dibuja a los sénior no como sujetos pasivos, sino como los grandes dinamizadores y protectores de la economía familiar en España. Sin su constante generosidad, el equilibrio social del país se vería seriamente comprometido ante los retos macroeconómicos que se vislumbran en el horizonte cercano.
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