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La esperanza de vida en España ha llegado a 86 años en las mujeres y 81 años en los hombres, y se ha consolidado como una de las más elevadas de la Unión Europea, según publicó el año pasado el Instituto Nacional de Estadística (INE). Aunque es un dato aparentemente positivo, se ha observado una brecha creciente entre la esperanza de vida y la esperanza de vida saludable, es decir, las personas viven más años —diez más que en 1975—, pero proporcionalmente no lo hacen con una mejor salud. Es habitual ver personas de edad avanzada con un alto grado de dependencia y mala calidad de vida.
La ciencia influye en el envejecimiento biológico
Hace décadas que la ciencia trabaja para cuantificar el envejecimiento biológico, que está más relacionado con las enfermedades causadas por la edad y el estado de salud general de la persona que con la edad cronológica (el tiempo que ha pasado desde que nacimos).
Los primeros intentos de medir el deterioro biológico se basaban en indicadores como la salud física y cognitiva, la incidencia de enfermedades, el riesgo de mortalidad y variables sociodemográficas (por ejemplo, el nivel socioeconómico y educativo). Con el avance de la investigación científica y tecnológica, actualmente disponemos de marcadores más específicos que ayudan a calcular la edad biológica de una persona con más precisión.
Salvador Macip, catedrático y director de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya, trabaja en un estudio para encontrar herramientas que permitan detectar un envejecimiento no saludable, con el objetivo de impulsar intervenciones destinadas a retardar o modificar este proceso.
"Tendemos a valorar el envejecimiento a partir de signos externos, como la apariencia, o de factores subjetivos relacionados con la calidad de vida. Hay señales que pueden hacer parecer que una persona está envejecida, pero que son engañosas, como tener canas o arrugas de manera prematura, una menopausia precoz y la presbicia. Estos factores externos no necesariamente tienen una correlación exacta con el deterioro biológico, dado que no todos los órganos de nuestro cuerpo envejecen a la misma velocidad", explica Macip.
Conocer la edad biológica, una herramienta para prevenir dolencias
Lo que es cierto es que envejecemos de manera heterogénea: dos personas nacidas el mismo día pueden tener una edad biológica muy diferente. Puede ser que una disfrute de una salud excelente y que la otra sufra varias enfermedades relacionadas con la edad. Para el director de los Estudios de Ciencias de la Salud, experto en bases moleculares y celulares del cáncer y enfermedades relacionadas con este proceso, "poder diferenciar el envejecimiento saludable de un envejecimiento acelerado o más pronunciado sería útil para predecir posibles dolencias y complicaciones y, así, poder tratarlas cuanto antes mejor o, incluso, prevenirlas".
Una de las claves sería poder medir con precisión el grado de cada órgano, de forma que se pudiera establecer el grado exacto del deterioro de la persona. "Hoy en día se habla de edad biológica de una manera poco rigurosa. Se intenta condensar un tema muy complejo en una sola cifra que no representa de ninguna forma aquello que realmente está pasando dentro del cuerpo", explica el investigador.
Aunque todavía no es posible medir de manera precisa el grado de envejecimiento, sí que hay un gran número de marcadores que nos pueden dar pistas, como la longitud de los telómeros o los llamados relojes epigenéticos, uno de los métodos más utilizados actualmente para establecer la edad biológica.
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