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La frase “I'm just a girl” (solo soy una chica, en castellano) se ha convertido en un habitual de la Generación Z. Convertida en meme, las jóvenes la utilizan en clave de humor para hablar de cosas que no pueden hacer —por ejemplo, aparcar— por el mero hecho de ser eso, chicas. No queda ahí, también existen otros fenómenos como el 'girl math' (matemáticas de chicas) en el que, una vez más, se utiliza el humor para justificar compras y gastos mediante una lógica financiera absurda. Detrás de este fenómeno se esconde la proliferación inofensiva en apariencia de viejos estereotipos machistas que calan en el lenguaje de la juventud. La expresión se ha vuelto viral en las plataformas digitales, acumulando millones de reproducciones entre el público juvenil.
Uno de los argumentos más habituales es decir que un pago en efectivo no cuenta porque no se refleja en la cuenta bancaria. Otro es que pagar una cena y que tus amigas te envíen un Bizum días después es ganar dinero, en lugar de recuperarlo. Asimismo, encontramos la tendencia 'girl dinner' (cena de chica), que consiste en cenar aperitivos sueltos en vez de una comida completa. Al clasificar un hábito nutricional precario como algo propio del género femenino, romantiza los trastornos alimentarios e infantiliza la autonomía de las mujeres. Esta tendencia se ha extendido rápidamente en el consumo digital cotidiano, consolidándose como una moda de amplio alcance.
De las tendencias virales a la polémica en los grandes eventos mediáticos
Incluso durante el pasado Mundial de Fútbol se produjo una polémica en redes sociales, después de que una chica publicara un vídeo llamado 'The Girl's Commentary' en el que "traducía" este deporte para que las chicas con esta etiqueta lo pudieran entender. "Muchas de nosotras les conocemos a los jugadores por el salseo en redes y no es que no entendamos el fútbol, es que nadie nos lo cuenta con un idioma que nos resulte familiar", decía antes de describir a los futbolistas más famosos por sus parejas o exparejas. Este tipo de explicaciones superficiales desató una oleada de críticas por su tono condescendiente.
Tras la polémica, eliminó el vídeo y pidió perdón. Aun así, el revuelo puesto de manifiesto demuestra que el humor no es tan inocuo como parece. Lo que hay detrás es una amenaza para la lucha por los derechos de las mujeres y para quienes llevaron o estuvieron décadas peleando para avanzar en el camino de la igualdad. Se presenta como una sátira, pero "el humor nunca es completamente neutral", advierte Sonia Núñez, investigadora de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid (URJC). Cuando la ironía reproduce clichés sobre la incompetencia de las mujeres, puede operar como una forma de violencia simbólica.
El humor viral como vehículo para reactivar los estereotipos machistas
Además, hay que tener en cuenta el enorme alcance de las redes sociales, señala Laura Barrios, presidenta de Federación Mujeres Jóvenes. "Cuando millones de personas consumen ese contenido cada día, deja de ser un chiste aislado para convertirse en un referente cultural". Colocarlo bajo el paraguas del chiste desactiva la crítica. Presentarlas simplemente como algo gracioso contribuye a legitimar una imagen de la mujer como un ser infantil y con menos voz y autoridad. Las organizaciones sociales subrayan la gravedad de este fenómeno y piden prestar mayor atención al impacto psicológico y social que estas bromas generan en las usuarias más jóvenes.
Barrios explica que muchas de estas tendencias convierten en algo simpático rasgos que durante décadas se utilizaron para excluir a las mujeres de los espacios de decisión, como la supuesta irracionalidad, la inmadurez o la incapacidad para gestionar responsabilidades. Desde el Instituto de las Mujeres exponen que, al disfrazar el machismo de sátira, se logra que el público más joven baje la guardia y normalice la persistencia de estos estereotipos machistas en la red digital. La normalización produce un efecto de naturalización: si las mujeres aparecen reiteradamente como irresponsables o incapaces, se influye negativamente en la percepción social y en la autopercepción de las niñas.
Nuevos formatos digitales para difundir viejos prejuicios patriarcales
Estos memes se presentan como una suerte de comunidad o de reivindicación de la torpeza y el ocio, un espacio de comprensión entre mujeres. Sin embargo, Barrios advierte de que el mensaje es otro. Desde su entidad defienden la sororidad y la necesidad de espacios propios, pero cuestionan esta representación desde clichés que reducen quiénes somos. No son algo nuevo, son los mismos prejuicios que se oyen desde hace siglos, pero en lugar de usar el lenguaje de la discriminación, usan el del entretenimiento. Lo que hacen estas tendencias es perpetuar viejos estereotipos machistas bajo un formato moderno y divertido.
Esto resta valor a la palabra de la mitad de la población, deslegitima nuestra capacidad de debate y nos empuja de vuelta al silencio mediante la burla y el castigo social, denuncian desde el Instituto de las Mujeres. La clave de su triunfo está en el poder de las redes para amplificar mensajes simples, atravesados por emociones y fácilmente replicables. Algo que facilita que los prejuicios tradicionales, que creíamos en proceso de superación, se reactiven en las plataformas de consumo masivo.
La mercantilización del empoderamiento y el rol de los algoritmos
Barrios explica que los algoritmos y el capitalismo digital están condicionando la agencia política de los jóvenes. No son herramientas diseñadas para fomentar el pensamiento crítico, sino para lograr la mayor permanencia posible de los usuarios. Así, muchas tendencias feministas han acabado simplificadas en estéticas, productos o tendencias comercializables. El resultado: la identidad se convierte en una marca y el compromiso político corre el riesgo de transformarse en una cuestión de imagen superficial.
Una situación que, para Núñez, también ha llevado a cambiar el significado del empoderamiento. Antes este concepto se usaba para hablar de autonomía económica, participación política, independencia, educación o acceso al poder. Ahora, se presenta como tal cualquier decisión individual, aunque consista en reproducir abiertamente estereotipos machistas que mantienen las desigualdades de siempre. Desde el Instituto de las Mujeres interpretan este giro como una muestra de la reacción ultra contra los avances del feminismo.
Alfabetización digital y la necesidad de nuevos referentes femeninos
Intentar ridiculizar el empoderamiento hoy en internet o hacer ver que ya no se lleva es la actualización de esa respuesta patriarcal. No es que el concepto haya dejado de estar de moda; es que molesta más que nunca porque ha demostrado su capacidad transformadora. Por eso, Barrios invita a recuperar su sentido político: una mujer empoderada no es la que mejor se adapta al algoritmo, sino la que dispone de derechos, recursos y libertad real para decidir sobre su vida. Por su parte, Núñez teme que estos mensajes se consoliden como modelos culturales de referencia que reactiven los estereotipos machistas en los jóvenes.
Frente a esto, tanto Núñez como Barrios apuestan por la alfabetización digital. Es imprescindible que las jóvenes comprendan cómo funcionan los algoritmos, cómo se construyen socialmente los estereotipos machistas y de qué manera influyen las redes sociales en la autopercepción de las usuarias. Además, hacen falta más referentes diversos —científicas, sindicalistas, deportistas, creadoras, políticas o ingenieras— que ocupen espacios de liderazgo y muestren que existen muchas formas de ser mujer. El problema no son las jóvenes, sino un ecosistema digital que monetiza los clichés y premia la interacción fácil a costa de la igualdad. Es necesario promover una mirada crítica y constructiva entre toda la ciudadanía para construir un espacio digital libre de discriminación.
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