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Una jueza de Madrid ha dictado una sentencia sin precedentes en la jurisprudencia española, condenando a dos aseguradoras a abonar una indemnización de más de 13 millones de euros a una familia. El fallo judicial responde a las gravísimas lesiones neurológicas que sufre un menor como consecuencia de una asistencia sanitaria deficiente durante su nacimiento, lo que ha sido calificado jurídicamente como un caso de negligencia médica con resultados catastróficos. El pequeño Neizan, que hoy tiene casi seis años, presenta una discapacidad del 87 % y requerirá cuidados especializados y asistencia humana durante cada día de su vida.
Los hechos se remontan al 17 de noviembre de 2019 en el Hospital de Sagunto (Valencia). Según el relato de la sentencia, la ginecóloga y una de las matronas que atendieron el parto no controlaron adecuadamente el estado del bebé, ignorando señales críticas de que el neonato estaba sufriendo una falta de oxígeno. "Es la mayor indemnización jamás concedida en España", ha subrayado el abogado de la familia, Rafael Martín Bueno, destacando que la cuantía no es un regalo, sino el cálculo riguroso de lo que costará mantener una vida digna para el niño.
Análisis de la negligencia médica y los fallos en el protocolo
El desglose de la cifra es impactante: 6,1 millones de euros corresponden al capital indemnizatorio por los daños y secuelas, mientras que los restantes 7,2 millones son intereses de demora acumulados desde el nacimiento. La jueza ha sido tajante al considerar que esta suma responde a las necesidades reales del menor, quien dependerá de terceros para funciones básicas como alimentarse o desplazarse. El tribunal considera acreditado que existió una negligencia médica clara al no interpretar correctamente las gráficas de monitorización fetal.
¿Qué ocurrió realmente en el paritorio? Andrea, la madre, ingresó el 16 de noviembre con 40 semanas de gestación. A pesar de llevar horas en el hospital, el niño no nació hasta la medianoche del día siguiente, tras un proceso agónico. El bebé nació en un "lamentable estado de salud" debido a una asfixia perinatal severa. La sentencia señala que la obstetra realizó una "incorrecta interpretación" de las gráficas, lo que provocó que no se detectara una hipoxia intraparto (falta de oxígeno). Además, cuando se intentó usar la ventosa, se erró en la posición, retrasando la extracción otros diez minutos críticos. Este cúmulo de errores técnicos constituye una negligencia médica que ha marcado el destino de toda una familia.
Las secuelas de una vida marcada por la negligencia médica
La realidad actual de Neizan es desgarradora. El niño padece una tetraparesia espástica con grave afectación cognitiva. No puede sostener la cabeza, no tiene control sobre su tronco y se alimenta a través de una sonda gástrica (gastrostomía). Tampoco tiene control ocular ni capacidad para comunicarse o manipular objetos. Cada una de estas limitaciones es consecuencia directa de la negligencia médica sufrida en el momento de su nacimiento, cuando el personal sanitario no actuó con la diligencia que su profesión exigía.
Andrea compartió su testimonio en el programa 'Y ahora Sonsoles', donde relató la soledad y el desamparo que sintió. "No me sentí atendida", denunció. Explicó que incluso una enfermera llegó a subirse encima de ella para empujar al bebé, una práctica desaconsejada. Cuando finalmente nació mediante cesárea de urgencia, el niño estaba técnicamente muerto y tuvo que ser reanimado en dos ocasiones. Durante horas, el hospital le ocultó la gravedad de la situación, diciéndole que el niño estaba "bien" mientras era trasladado de urgencia a otro centro para intentar salvar su vida.
Esta sentencia no solo busca compensar económicamente a la familia, sino que sienta un precedente necesario en el sistema de salud. El abogado recalca que la resolución refuerza la obligación de garantizar una vigilancia extrema del bienestar fetal. La justicia ha reconocido que, sin esa negligencia médica, Neizan sería hoy un niño sano. Ahora, al menos, la familia contará con los recursos necesarios para afrontar un futuro que, aunque difícil, estará respaldado por los cuidados que la sanidad no supo darle en su primer día de vida.
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