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El reciente brote de ébola causado por la variante Bundibugyo en África central ha vuelto a encender las alarmas de la comunidad internacional. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado esta situación como una “emergencia de salud pública de importancia internacional”, el nivel más alto de alerta contemplado por el Reglamento Sanitario Internacional. Aunque por el momento no se considera una amenaza pandémica global, expertos advierten de la necesidad de mantener una vigilancia estricta y una respuesta coordinada para evitar la expansión de esta zoonosis.
Uno de ellos es Justo Méndez, especialista en enfermedades tropicales del Hospital HM Sanchinarro de Madrid, quien ha analizado el escenario actual y ha destacado que los brotes de enfermedades emergentes transmitidas de animales a humanos, la conocida zoonosis, son cada vez más frecuentes y complejos de contener.
Según el médico, detrás de esta tendencia se encuentran tres factores fundamentales: la creciente movilidad internacional, la invasión humana de hábitats naturales y el impacto del cambio climático sobre la distribución de virus y vectores.
Riesgo limitado para Europa, pero con vigilancia necesaria
Méndez explicó que, en el caso concreto del ébola, la amenaza para Europa y España no reside en una transmisión comunitaria masiva, sino en la posibilidad de que personas infectadas lleguen desde las zonas afectadas antes de ser diagnosticadas.
El especialista señaló que el principal riesgo está relacionado con viajeros que puedan trasladarse estando aún en periodo asintomático o sin haber sido detectados por los controles sanitarios locales. Por ello, insistió en que resulta imprescindible reforzar los controles sobre quienes proceden de regiones con presencia activa del virus.
Actualmente, la OMS mantiene la alerta máxima por el brote detectado en la provincia de Ituri, en la República Democrática del Congo, una zona fronteriza con Uganda. Hasta ahora se han confirmado al menos ocho casos mediante análisis de laboratorio, mientras que existen 246 casos sospechosos y 80 fallecimientos que continúan bajo investigación. Aunque la organización internacional ha aclarado que no se cumplen los requisitos para hablar de una pandemia, sí considera urgente una intervención internacional para contener el riesgo de propagación regional.
El aumento de las zoonosis preocupa a los especialistas
El especialista advirtió de que las zoonosis, es decir, enfermedades que pasan de animales a humanos, están aumentando tanto en frecuencia como en dificultad de control.
El primer gran factor de la zoonosis es la intensa movilidad internacional. Los desplazamientos por turismo, comercio, cooperación internacional o negocios permiten que un virus pueda recorrer miles de kilómetros antes incluso de ser identificado.
Méndez recordó que millones de personas viajan diariamente en todo el mundo, lo que obliga a reforzar especialmente la vigilancia epidemiológica y la detección precoz en puntos de entrada internacionales.
Otro elemento determinante para el auge de la zoonosis es la creciente actividad humana en espacios naturales donde antes existía poca interacción con fauna salvaje.
La expansión económica y la búsqueda de recursos están llevando a comunidades y empresas a adentrarse en bosques, selvas y zonas húmedas donde habitan especies portadoras de patógenos desconocidos o poco estudiados.
En el caso del ébola, el virus puede encontrarse en animales como primates y murciélagos, especialmente en grandes murciélagos frugívoros conocidos como “zorros voladores”, considerados uno de los reservorios naturales más probables. En determinadas regiones, además, el contagio puede producirse durante la manipulación o consumo de carne de animales infectados.
Para Méndez, el calentamiento global representa el elemento más importante de todos. Según explicó, la alteración de temperaturas y ecosistemas está modificando profundamente la distribución geográfica de enfermedades que tradicionalmente se consideraban tropicales.
La expansión de vectores y patógenos hacia nuevas regiones implica que infecciones antes limitadas a determinadas zonas puedan aparecer en territorios donde nunca habían sido detectadas.
El experto fue contundente al afirmar que la ciencia ya ha demostrado que el cambio climático está transformando el mapa mundial de enfermedades infecciosas.
Una variante sin vacuna aprobada
La actual emergencia está provocada por la variante Bundibugyo del virus del ébola, una cepa para la que todavía no existen vacunas autorizadas. Esta situación contrasta con el virus del ébola Zaire, responsable del gran brote anterior y para el que sí se dispone de inmunización eficaz.
Ante la ausencia de vacuna, el tratamiento se centra en sostener las funciones vitales del paciente mediante hidratación intravenosa, estabilización clínica y manejo intensivo de complicaciones.
Además, el especialista recordó que el diagnóstico inicial puede resultar complicado, ya que los primeros síntomas pueden confundirse fácilmente con enfermedades muy comunes en la región, como la malaria. Esta dificultad puede retrasar la detección y hacer que el número real de afectados sea superior al registrado oficialmente.
Sin alarma, pero con precaución
Pese a la gravedad de la situación, Méndez insistió en que no debe generarse alarma entre los viajeros habituales, ya que las áreas afectadas no suelen formar parte de los circuitos turísticos convencionales.
Los desplazamientos hacia estas zonas suelen responder principalmente a motivos profesionales, de cooperación internacional o de negocios. Para quienes deban viajar allí, la recomendación es clara: extremar las medidas de protección, evitar cualquier contacto con personas enfermas y utilizar equipamiento adecuado en entornos de riesgo.
La alerta por el brote de ébola Bundibugyo vuelve a recordar que, en un mundo cada vez más interconectado y expuesto a cambios ambientales profundos, la vigilancia sanitaria global y la cooperación internacional son herramientas esenciales para contener futuras amenazas infecciosas y la expansión de la zoonosis.
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