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La reivindicación de la conciliación familiar y laboral no sale al centro del debate político en España, impulsada por la voz firme de Laura Baena, presidenta de la Asociación Yo No Renuncio y fundadora del Club de Malasmadres. Durante un encuentro celebrado en el Congreso de los Diputados junto a representantes de distintos grupos parlamentarios, Baena reclamó un acuerdo transversal que permita avanzar hacia un Pacto de Estado por la Conciliación. Su mensaje fue claro: la sociedad, y en especial las madres, no necesitan gestos simbólicos, sino medidas concretas que se traduzcan en derechos reales.
En su intervención, Baena insistió en la necesidad de que las distintas fuerzas políticas aparquen sus diferencias para construir soluciones conjuntas. Subrayó que conciliar no puede seguir tratándose como una opción limitada o un privilegio al alcance de unos pocos, sino como un derecho fundamental que debe estar garantizado por ley. Según explicó, el objetivo es lograr cambios estructurales que eviten que la maternidad siga condicionando negativamente la vida profesional de las mujeres.
El encuentro, organizado como parte de una campaña centrada en la importancia de conciliar en la vida de los ciudadanos, fue descrito como un paso más dentro de una lucha que lleva años visibilizando las dificultades de las madres trabajadoras. Baena defendió que el propósito último es que ninguna mujer se vea obligada a renunciar a su desarrollo profesional por el hecho de tener hijos, algo que calificó como una injusticia social persistente.
La voz de las madres en el Congreso por la conciliación
Uno de los ejes centrales del acto fue la idea de trasladar al ámbito político una pregunta provocadora: qué ocurriría si las madres estuvieran al frente del Gobierno. Bajo esta premisa, la iniciativa busca amplificar una voz que, según denunció Baena, sigue sin tener el peso necesario en la toma de decisiones públicas.
Durante su intervención, la activista se definió como parte de una generación de madres exhaustas, al límite de sus capacidades, que lidian con múltiples responsabilidades sin el apoyo suficiente del sistema. En este sentido, afirmó que, de estar en posiciones de poder, las madres encontrarían acuerdos de forma más rápida, al estar directamente afectadas por los problemas de conciliación.
Baena también quiso reconocer el papel de algunos representantes políticos presentes en el encuentro, Susana Ros, Patricia Rodríguez, Emilio Delgado y Lara Hernández, agradeciéndoles su implicación en esta causa. No obstante, insistió en que el compromiso debe traducirse en avances concretos.
Más allá de las celebraciones simbólicas
Otro de los puntos destacados de su discurso fue la crítica a la falta de continuidad en el reconocimiento social de las madres. Baena lamentó que el interés por su situación se diluya rápidamente. Según expresó, existe una tendencia a recordar a las madres solo en fechas señaladas, mientras que en el día a día sus necesidades quedan relegadas.
La presidenta de la Asociación Yo No Renuncio advirtió que, aunque las madres no ocupen puestos de poder político, desempeñan un papel esencial en el sostenimiento de la sociedad. A su juicio, esta contribución debería ir acompañada de mayor reconocimiento, influencia y respaldo institucional.
Baena puso el foco en lo que definió como una realidad frecuentemente ignorada: la carga invisible que soportan muchas mujeres. Denunció que persiste la expectativa de que las madres sean capaces de asumirlo todo, encarnando un ideal inalcanzable de “superwoman”. En la práctica, esto se traduce en renuncias personales y profesionales que se ven obligadas a asumir para cumplir con las exigencias de un sistema que no facilita la conciliación.
En este contexto, señaló que muchas mujeres cargan con responsabilidades desproporcionadas dentro del hogar y el cuidado familiar, lo que limita sus oportunidades laborales y afecta a su bienestar general.
Datos que evidencian el problema
Para respaldar sus afirmaciones, Baena compartió cifras recopiladas por su organización que reflejan la magnitud del problema. Según estos datos, el 82% de las madres ha tenido que tomar decisiones que han influido negativamente en su carrera profesional. Además, tres de cada cuatro mujeres reconocen que la falta de conciliación ha repercutido en su salud, tanto física como mental.
A esto se suma que el 86% de las mujeres que viven en pareja se consideran las principales responsables de la organización del hogar, lo que evidencia un reparto desigual de las tareas.
Por otro lado, siete de cada diez mujeres afirman que tendrían más hijos si existieran mejores políticas de conciliación, un dato que también conecta con el debate sobre la baja natalidad.
Hacia una responsabilidad colectiva
Para concluir, Baena planteó una reflexión de fondo: la necesidad de cambiar la forma en que la sociedad entiende la maternidad. En lugar de considerarla un asunto individual que cada mujer debe gestionar por su cuenta, defendió que debe abordarse como una responsabilidad compartida, tanto a nivel social como institucional.
Este cambio de enfoque, según argumentó, permitiría avanzar hacia un modelo más justo en el que las madres no tengan que elegir entre su vida personal y profesional. La propuesta de un Pacto de Estado por la Conciliación se presenta así como una herramienta clave para lograrlo, siempre que cuente con el compromiso real de todos los actores políticos.
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