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Más de 150 millones de niñas, niños y adolescentes en el mundo no cuentan con registro oficial de nacimiento ni acceso garantizado a servicios básicos, una realidad que los mantiene en la invisibilidad social. En este contexto, la Copa Mundial de Niñas y Niños de la Calle 2026, celebrada en México bajo el lema “Yo soy alguien”, reúne a jóvenes de más de 20 países que encuentran en el fútbol un espacio para reclamar identidad, derechos y reconocimiento ante la comunidad internacional.
El fútbol como deporte para reclamar los derechos y la identidad
Se estima que más de 150 millones de niñas, niños y adolescentes en el mundo no existen oficialmente. No cuentan con acta de nacimiento ni acceso garantizado a servicios básicos como educación o salud. Esta falta de reconocimiento legal los deja fuera de los sistemas de protección social y limita sus oportunidades desde los primeros años de vida, profundizando situaciones de exclusión.
En este contexto se desarrolla la Copa Mundial de Niñas y Niños de la Calle 2026 en México, bajo el lema “Yo soy alguien”. El evento reúne a delegaciones de más de 20 países que encuentran en el fútbol un espacio para visibilizar sus derechos, compartir experiencias y exigir reconocimiento.
La voz de la infancia en la Asamblea General
Durante la Asamblea General de cierre, niñas, niños y adolescentes participantes alzaron la voz con un mensaje común: “Nosotros somos alguien”. Este momento marcó el cierre simbólico de una semana en la que el deporte sirvió como plataforma de expresión y encuentro.
El fútbol se convirtió en un lenguaje común que trascendió fronteras, idiomas y realidades sociales. Para muchos de los participantes, el torneo representó la primera oportunidad de ser escuchados en un espacio internacional, donde sus historias dejaron de ser invisibles para convertirse en demandas concretas.
Organizaciones, derechos y demandas sociales
La iniciativa es impulsada por Street Child United y Fútbol Más, junto con el programa Fútbol por los Objetivos de Naciones Unidas. Estas organizaciones promueven el uso de este deporte como herramienta de inclusión social, defensa de derechos humanos y construcción de oportunidades para la infancia en situación de vulnerabilidad.
Durante el encuentro, los participantes exigieron acceso a educación de calidad, servicios básicos, transporte digno y sistemas de protección eficaces. También subrayaron la importancia del derecho a la identidad, señalando que sin registro civil es imposible acceder plenamente a otros derechos fundamentales.
Testimonios, impacto y cierre del evento
El origen de esta iniciativa se remonta a la experiencia de John Wroe en Sudáfrica, donde conoció a un niño en situación de calle que explicó cómo este deporte le permitía ser visto como persona y no solo como una etiqueta social. Esa reflexión dio lugar a un proyecto internacional centrado en la dignidad y la visibilidad.
En la Copa participaron equipos de países como Brasil, México, Bangladesh y Pakistán, además de delegaciones de personas refugiadas. El deporte callejero se convirtió en un espacio de encuentro intercultural, donde el juego permitió crear vínculos más allá de las diferencias.
El evento concluyó reafirmando que el fútbol puede ser una herramienta de transformación social. Más allá de la competencia deportiva, el de calle abre espacios de participación, visibiliza desigualdades estructurales y da voz a quienes históricamente han sido ignorados.
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