Ucrania afronta su cuarto año de guerra con apagones, sistema sanitario bajo ataque y una reconstrucción de 588.000 millones

EmailFacebookTwitterLinkedinPinterest
Quinto año de guerra en Ucrania, un país devastado

Lectura fácil

"Es un día más de supervivencia". Así resume Yana, trabajadora de Naciones Unidas en Kiev, la rutina que vive junto a su familia en la capital de Ucrania. La comunicación con ella se interrumpe varias veces: la conexión a internet es inestable porque en su vivienda los cortes de electricidad son constantes. “Desde hace un mes, mi familia y yo tenemos poco más de una hora de electricidad estable al día, en los días buenos”, relata.

Su testimonio fue compartido por el responsable de la agencia de la ONU especializada en infraestructuras y reconstrucción tras conflictos, Jorge Moreira da Silva, director ejecutivo de Oficina de las Naciones Unidas de Servicios para Proyectos (UNOPS). Las palabras de Yana condensan el estado de ánimo de un país que se aproxima al quinto año de guerra a gran escala.

Ucrania, un país exhausto pero en pie

En vísperas del cuarto aniversario de la invasión rusa a gran escala y casi doce años después de la anexión ilegal de territorios ucranianos por parte de Moscú, Ucrania continúa funcionando. Las instituciones operan, los servicios básicos intentan mantenerse y la población sigue adelante. Sin embargo, detrás de esa imagen de resistencia, el agotamiento es profundo.

“La población y las instituciones están más que agotadas. Las familias viven en la incertidumbre y el miedo”, afirmó Moreira da Silva en un mensaje difundido en redes sociales. El desgaste no solo es físico, sino también emocional y económico.

El lunes, el secretario general de la ONU, António Guterres, condenó nuevamente la agresión rusa, subrayando que viola el derecho internacional y constituye una amenaza para la paz regional e internacional. “Los civiles soportan el peso de esta guerra, y 2025 ha sido el año más mortífero para ellos en Ucrania. Es simplemente inaceptable”, declaró.

La magnitud del daño es histórica. La última evaluación conjunta elaborada por el Banco Mundial, la Unión Europea, Naciones Unidas y el Gobierno ucraniano estima en 588.000 millones de dólares el coste de la reconstrucción y recuperación del país durante la próxima década. La cifra equivale a casi tres veces el producto interior bruto anual de Ucrania.

Según el informe, los daños directos alcanzan aproximadamente los 200.000 millones de dólares. Las viviendas, las infraestructuras energéticas y las redes de transporte concentran la mayor parte de la destrucción. Cerca del 14 % del parque inmobiliario del país ha resultado dañado o completamente destruido, afectando a más de tres millones de hogares.

A ello se suman pérdidas económicas acumuladas superiores a los 660.000 millones de dólares. La economía ucraniana se ha visto obligada a operar bajo bombardeos, interrupciones eléctricas recurrentes y una incertidumbre constante que frena la inversión y dificulta la planificación a largo plazo.

El invierno 2025-2026 agravó aún más el escenario. Con temperaturas que descendieron de forma habitual por debajo de los -20 °C, los ataques reiterados contra infraestructuras energéticas dejaron a millones de personas sin calefacción confiable. En muchas ciudades, los ciudadanos tuvieron que acudir a centros de asistencia para calentarse o simplemente cargar sus dispositivos electrónicos.

El sistema sanitario, blanco constante

La guerra no solo destruye edificios: también erosiona la salud de la población. Desde el 24 de febrero de 2022, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha documentado al menos 2.881 ataques contra hospitales, clínicas, personal médico o convoyes sanitarios. Solo en 2025, estos incidentes aumentaron aproximadamente un 20 % respecto al año anterior.

El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, advirtió que, tras cuatro años de guerra, las necesidades médicas continúan creciendo mientras el acceso a la atención se complica en Ucrania. “Muchas personas no pueden obtener la atención que necesitan, en parte porque los hospitales y las clínicas son atacados regularmente. Al final, la mejor medicina es la paz”, señaló en un comunicado.

Los efectos indirectos también son severos. Los daños en la red eléctrica alteran el funcionamiento de hospitales y centros de salud, dificultan la conservación de medicamentos y complican los tratamientos. Pacientes dados de alta regresan con frecuencia a viviendas sin calefacción ni electricidad, lo que retrasa su recuperación.

En las zonas próximas al frente, casi seis de cada diez personas consideran que su estado de salud es malo o muy malo, según una encuesta de la OMS. Además, los trastornos mentales se han disparado: ansiedad, depresión y traumas relacionados con la guerra se han extendido ampliamente, mientras que la atención psicológica resulta insuficiente por falta de seguridad, personal y recursos.

Reconstruir mientras caen bombas

A pesar de las hostilidades, la reconstrucción ya está en marcha. Desde 2022 se han cubierto alrededor de 20.000 millones de dólares en necesidades a través de reparaciones de emergencia y programas de recuperación temprana, centrados sobre todo en energía, vivienda y transporte para Ucrania.

Las agencias de la ONU desempeñan un papel activo. La UNOPS informó que el año pasado destinó más de 45 millones de dólares a equipos de calefacción, además de participar en la reparación de escuelas, la rehabilitación de viviendas y el suministro a servicios sanitarios.

Sin embargo, la escala del desafío supera ampliamente los recursos disponibles. La reconstrucción ucraniana tiene una particularidad inédita: debe realizarse en plena guerra. Infraestructuras recién reparadas pueden volver a ser dañadas semanas después, obligando a comenzar de nuevo.

Moreira da Silva insiste en que todavía queda un largo camino por recorrer para ayudar a la población a superar la destrucción masiva y los traumas acumulados, y para reconstruir comunidades enteras. Por ello, reitera el llamamiento a un alto el fuego incondicional que permita abrir la vía a una solución política.

Mientras tanto, Ucrania sigue adelante en un delicado equilibrio: mantener en funcionamiento un Estado bajo ataque permanente, reconstruir sin paz y sostener la moral de una sociedad exhausta. La resiliencia es innegable, pero el precio humano, social y económico continúa creciendo día tras día.

Añadir nuevo comentario