Los manglares sufren una crisis grave por la acumulación de plásticos y basura marina

EmailFacebookTwitterLinkedinPinterest
Resto de refrigerador depositado en el manglar Smith Channel, en la isla de San Andrés (Caribe colombiano)

Lectura fácil

Los ecosistemas costeros de las regiones tropicales y subtropicales están enfrentando una amenaza silenciosa que altera su estructura desde la raíz. Los manglares, conocidos por ser barreras naturales contra la erosión y el cambio climático, se han transformado involuntariamente en trampas de basura de origen terrestre y marino. Sus complejas raíces aéreas, diseñadas para sostener el árbol en suelos inestables, actúan ahora como una red que captura plásticos y otros desechos, los cuales terminan fragmentándose y enterrándose en el fondo fangoso.

Un reciente artículo de la revista Environmental Pollution ha encendido las alarmas internacionales. El estudio advierte que la acumulación masiva de residuos no solo pone en peligro el equilibrio ecológico y la rica biodiversidad de estas zonas, sino que también amenaza de forma directa el bienestar de las comunidades locales que dependen históricamente de los recursos que les brindan estos entornos únicos.

El impacto de la contaminación en la biodiversidad de los manglares

La investigación, liderada por expertos de la Universidad de Barcelona (UB) y la Cátedra de Economía Azul Sostenible, analiza por primera vez a gran escala el estado de la contaminación en Colombia. Los resultados son desoladores: en las periferias de ciudades costeras como Cartagena o Buenaventura, los manglares son utilizados frecuentemente como vertederos incontrolados debido a la falta de sistemas de saneamiento adecuados. Incluso en áreas marinas protegidas, como las de la isla de San Andrés, la basura ha logrado infiltrarse.

El profesor Miquel Canals, uno de los autores principales, destaca que la ubicación del bosque es determinante. Aquellos situados en márgenes de bahías abiertas, expuestos a las mareas, actúan como sumideros de basura marina. En estas zonas, se han registrado densidades de hasta 2,5 objetos por metro cuadrado, una cifra alarmante si se compara con los manglares ribereños o de cuenca, donde la influencia del mar es menor y la acumulación desciende a menos de 0,4 objetos.

Del residuo sólido al "carbono plástico" del suelo

Con el paso del tiempo, la basura atrapada inicia un proceso de degradación física. Los plásticos, bajo la acción del sol y la dinámica del agua, se rompen en pedazos cada vez más pequeños. Según Ostin Garcés-Ordóñez, investigador del estudio, esta fragmentación favorece que los microplásticos queden soterrados progresivamente en el sedimento. Este fenómeno se ha denominado el "carbono plástico del suelo", una persistencia a largo plazo que altera la composición química del sustrato de los manglares.

Esta acumulación no es estática. Algunos plásticos pueden ser removilizados por las mareas y transportados de nuevo hacia lagunas costeras o incluso a mar abierto, extendiendo el problema mucho más allá del bosque original. Sin embargo, mientras permanecen allí, cubren las raíces e impiden el intercambio gaseoso necesario para la supervivencia de los árboles, asfixiando literalmente el ecosistema.

Una amenaza para la cadena alimentaria y la vida humana

La presencia de basura en los manglares afecta directamente a la fauna. Aves, crustáceos y peces suelen quedar enredados en artes de pesca abandonadas o ingieren microplásticos por error. Esto introduce sustancias tóxicas y microorganismos patógenos en la cadena trófica, lo que eventualmente llega al consumo humano a través de la pesca artesanal.

Para mitigar este desastre ambiental, el estudio es tajante: es urgente reducir drásticamente el uso de plásticos de un solo uso. Además, los autores subrayan que el acceso al saneamiento básico y una gestión de residuos eficiente no son solo necesidades ambientales, sino derechos fundamentales para garantizar una vida digna. La protección de los manglares es, en última instancia, la protección del futuro de las comunidades costeras en todo el mundo. Solo mediante una acción coordinada se podrá evitar que estos bosques vitales desaparezcan bajo una montaña de desechos que nunca debieron llegar allí.

Añadir nuevo comentario