Lectura fácil
En la provincia de Girona, el elevado precio del alquiler está empujando a miles de familias a una situación límite. Según Cáritas, unas 110.000 personas caen en la pobreza tras pagar la vivienda, lo que refleja cómo el acceso a un techo se ha convertido en uno de los principales factores de vulnerabilidad económica.
El alquiler como detonante de la pobreza en Girona
En la provincia de Girona, el acceso a la vivienda se ha convertido en uno de los principales factores que determinan la estabilidad económica de miles de familias. Según datos aportados por entidades sociales, alrededor de 110.000 personas pasan a la pobreza una vez han pagado el alquiler de su vivienda. Este hecho evidencia una problemática estructural en la que tener un empleo o unos ingresos regulares no garantiza salir adelante.
Cáritas advierte de que una parte importante de las personas que atiende no logra abandonar la exclusión social, incluso cuando existen ingresos laborales en el hogar. En muchos casos, se trata de trabajadores con empleos inestables, contratos temporales o salarios muy ajustados que no permiten cubrir todas las necesidades básicas.
La organización subraya que el acceso a la vivienda ha dejado de ser un derecho efectivo para convertirse en un factor de presión económica. El alto coste del alquiler absorbe gran parte de los ingresos mensuales, dejando muy poco margen para otros gastos esenciales como alimentación, transporte o educación.
Ingresos ajustados y dificultad para cubrir lo esencial
El umbral que marca la situación de pobreza se sitúa en torno a los 780 euros mensuales para una familia de dos adultos y dos menores, una vez descontados los gastos de alquiler y suministros básicos. Por debajo de esta cantidad, se considera que el hogar entra en pobreza, una situación que afecta a miles de familias en Girona.
Después de pagar la vivienda, muchas familias se ven obligadas a tomar decisiones muy difíciles. En algunos casos, deben elegir entre comprar alimentos, pagar medicamentos o cubrir necesidades básicas de sus hijos. Esta realidad muestra cómo la carencia económica no es solo una cuestión de ingresos, sino de limitación real en la vida diaria.
Según la Fundación Foessa, entre el 60 % y el 70 % de los ingresos de muchos hogares se destinan únicamente a vivienda, electricidad, agua y gas. Este nivel de gasto provoca una situación de fragilidad económica que puede desembocar en pobreza persistente, incluso en hogares donde hay empleo.
Consecuencias sociales y nuevas formas de vulnerabilidad
Las consecuencias de esta realidad van mucho más allá de lo económico. Muchas personas en esta situación no pueden hacer frente a gastos imprevistos, como una avería en el coche o la reparación de un electrodoméstico básico.
En el ámbito sanitario, la situación también es preocupante. En la provincia de Girona, miles de personas tienen dificultades para seguir tratamientos médicos o directamente los abandonan por falta de recursos. Esta realidad agrava su situación de vulnerabilidad y reduce su calidad de vida.
El perfil de las personas afectadas también ha cambiado en los últimos años. Cada vez son más frecuentes las familias monoparentales, especialmente aquellas encabezadas por mujeres, que se encuentran en situación de pobreza o riesgo de caer en ella.
Además, en el caso de personas migrantes, la situación se complica aún más cuando se combinan empleos precarios con dificultades administrativas.
Añadir nuevo comentario