• NOTICIAS

Las personas que trabajan de noche tienen un 70 % más de riesgo de necesitar una pensión por discapacidad

EmailFacebookTwitterLinkedinPinterest
Ingeniero supervisa de noche la carga de un camión

Lectura fácil

La predisposición biológica hacia las actividades nocturnas puede convertirse en un factor condicionante para la continuidad en el mercado laboral. Una exhaustiva investigación desarrollada por científicos finlandeses y publicada en la revista especializada Occupational & Environmental Medicine revela que las personas con un ritmo circadiano vespertino presentan una probabilidad sensiblemente mayor de abandonar de forma prematura la vida activa. En concreto, el estudio asocia el hábito nocturno con un incremento del 70% en el riesgo de requerir una pensión por discapacidad antes de alcanzar la edad ordinaria de jubilación.

El trabajo analiza el impacto del cronotipo —el reloj biológico interno que regula los ciclos del sueño y la vigilia— sobre la capacidad de trabajo a largo plazo. La comunidad científica divide a la población en perfiles matutinos, intermedios y vespertinos. Mientras que trabajos precedentes ya advertían de que el perfil nocturno suele asociarse a un estado general de salud más frágil, esta nueva evidencia demuestra su vinculación directa con el cobro final de una pensión por discapacidad.

Factores biológicos y riesgo de solicitar una pensión por discapacidad

La investigación se sustentó en el seguimiento de una cohorte demográfica iniciada en el año 1966 en el norte de Finlandia, abarcando una muestra de 5.679 individuos. Al cumplir los 46 años, los participantes respondieron a un cuestionario epidemiológico para categorizar su grado de alerta, patrones de descanso y horas de mayor rendimiento. Un 9,7 % de los varones y un 12,4 % de las mujeres fueron clasificados como vespertinos, mientras que alrededor del 45 % del total mostró un perfil matutino.

Al cruzar estos datos con los registros oficiales de prestaciones durante un periodo de doce años, los autores constataron que un perfil vespertino eleva 1,7 veces las probabilidades de tramitar una pensión por discapacidad. Las alteraciones sistemáticas en el descanso parecen acelerar el desgaste físico y mental, derivando en patologías crónicas que impiden la continuidad laboral y desembocan en la concesión de esta prestación asistencial.

Un desgaste paulatino que afecta a la salud metabólica y laboral

Los hallazgos epidemiológicos se mantuvieron consistentes incluso tras ajustar las variables sociodemográficas, tales como el nivel de estudios, la categoría profesional o el sector de actividad. Esta persistencia estadística sugiere que el desajuste entre el reloj biológico individual y los horarios laborales convencionales actúa como un estresor fisiológico permanente.

El deterioro progresivo del bienestar corporal se consolida así como el principal elemento que empuja a este colectivo a solicitar la pensión por discapacidad. La falta de sincronización circadiana se vincula habitualmente a un mayor número de patologías cardiovasculares, desórdenes metabólicos y trastornos del estado de ánimo. Con el paso de los años, el cúmulo de estas dolencias invalida al trabajador para el desempeño de sus tareas habituales, haciendo inevitable el reconocimiento de la pensión por discapacidad.

Hacia la adaptación de las jornadas y la prevención del retiro prematuro

Los resultados de este análisis aportan una perspectiva clave para los profesionales de la medicina del trabajo y los gestores de recursos humanos. La imposibilidad de adaptar los turnos de trabajo a la biología de los empleados vespertinos termina generando un coste elevado para los sistemas públicos de protección social, que deben asumir el pago de la pensión por discapacidad muchos años antes de lo previsto.

Frente a este escenario, los expertos sugieren implantar fórmulas de flexibilidad horaria y esquemas de prevención específicos para mitigar el impacto sobre la salud de los trabajadores nocturnos. Promover entornos laborales que respeten la diversidad circadiana no solo favorece la productividad, sino que reduce la probabilidad de sufrir enfermedades incapacitantes y disminuye la dependencia prematura de una pensión por discapacidad.

Añadir nuevo comentario