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Las costas del norte de España han sido escenario de un episodio sin precedentes en la última década en lo que respecta a la mortalidad de aves marinas. Más de 6.000 ejemplares aparecieron varados en las playas, y aproximadamente el 95 % de ellos estaban muertos. Este fenómeno, registrado a mediados del pasado invierno, coincide con un intenso tren de borrascas que azotó el Atlántico europeo durante varias semanas consecutivas.
El suceso ha sido analizado por SEO/BirdLife, que dio a conocer los resultados este martes. Según la organización, se trata del mayor episodio documentado de estas características en España en los últimos diez años, lo que ha encendido las alarmas entre científicos y conservacionistas.
Galicia, el punto de partida del episodio de mortalidad de aves marinas
El fenómeno comenzó en Galicia, donde se detectó la llegada masiva de aves marinas muertas y debilitadas, especialmente en zonas comprendidas entre las Rías Baixas y la Costa da Morte. Con el paso de los días, la situación se fue extendiendo hacia el este, alcanzando progresivamente el litoral cantábrico.
Las playas de estas regiones se convirtieron en puntos clave de observación, donde voluntarios y especialistas registraron la presencia de cientos de ejemplares afectados. Este desplazamiento geográfico del problema refleja la magnitud del fenómeno meteorológico y su impacto sobre la fauna marina.
Entre todas las especies afectadas, el frailecillo atlántico fue, con diferencia, el más perjudicado. Catalogado como “vulnerable” en la Lista Roja de la UICN, este ave sufrió una mortalidad especialmente elevada. En Galicia se contabilizaron más de 3.500 ejemplares, mientras que en el País Vasco la cifra rondó los 1.500. Asturias registró más de 600 individuos y Cantabria cerca de 400.
El impacto no se limitó a España. También se documentaron varios centenares de aves marinas afectadas en Inglaterra y casi 3.000 en el norte de Portugal. Sin embargo, la zona más castigada fue la costa atlántica de Francia, donde se superaron las 38.000 aves.
Aves adaptadas al mar, pero vulnerables a condiciones extremas
Los frailecillos y otros álcidos son aves marinas pelágicas que crían en el norte de Europa, principalmente en Islandia, Noruega y las islas británicas. Durante el invierno, se desplazan hacia aguas más templadas del Atlántico, incluyendo el Cantábrico y el noroeste peninsular.
En esta época del año permanecen lejos de la costa, alimentándose de peces y descansando sobre la superficie del mar. Aunque están adaptadas a condiciones adversas, la sucesión de borrascas intensas durante varios días seguidos altera gravemente su capacidad de alimentarse.
La dificultad para encontrar alimento impide que repongan energía, lo que provoca agotamiento extremo e inanición. Esta combinación resulta letal y desemboca en episodios de mortalidad masiva como el ocurrido este invierno.
Desde SEO/BirdLife advierten que los datos recogidos en las playas representan solo una pequeña fracción del total de aves marinas fallecidas. Muchas mueren en alta mar y nunca llegan a la costa, ya sea porque son depredadas por otros animales, se hunden o terminan en zonas inaccesibles.
Esto significa que la magnitud real del episodio podría ser considerablemente mayor de lo que indican las cifras registradas, lo que añade preocupación sobre el estado de estas poblaciones.
La temporada más activa de borrascas en años
El contexto meteorológico ha sido determinante. La temporada 2025-2026 se ha convertido en la más activa en cuanto a borrascas desde al menos 2017-2018, cuando comenzó a nombrarse oficialmente este tipo de fenómenos de alto impacto.
Hasta el momento, se han contabilizado 19 borrascas con nombre, superando el récord anterior de 17 registrado en la temporada 2023-2024. La última de ellas, Therese, ha afectado recientemente a Canarias con lluvias intensas, fuertes vientos y mala mar.
Sin embargo, el periodo más crítico se concentró en apenas cuatro semanas entre enero y febrero. En ese corto intervalo se sucedieron nueve borrascas: Harry, Ingrid, Joseph, Kristin, Leonardo, Marta, Nils, Oriana y Pedro. Esta cadena de fenómenos meteorológicos extremos generó condiciones especialmente duras en el océano.
El análisis de este episodio se ha basado en el Programa de Inspección Costera de Aves Orilladas, una iniciativa en la que participan cientos de personas voluntarias. Estas recorren kilómetros de playas registrando la localización y el estado de las aves marinas encontradas.
Además, el seguimiento ha contado con la colaboración de diversas entidades públicas y privadas en comunidades como Asturias, Cantabria, Galicia y el País Vasco. Gracias a este esfuerzo conjunto, ha sido posible documentar con detalle un fenómeno que, de otro modo, habría pasado en gran parte desapercibido.
Un aviso sobre el impacto del clima en la fauna marina
Este episodio pone de relieve la vulnerabilidad de las aves marinas ante condiciones meteorológicas extremas. Aunque forman parte de su entorno natural, la intensidad y frecuencia de las borrascas pueden superar su capacidad de adaptación.
Los expertos advierten de que este tipo de efectos podría repetirse en el futuro si se mantienen o intensifican los patrones climáticos actuales. Por ello, subrayan la importancia de continuar con el seguimiento y la investigación para comprender mejor estos fenómenos y sus consecuencias sobre la biodiversidad marina.
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