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Vivimos en una sociedad que cada vez duerme y descansa menos. Ante este ritmo exigente, muchas personas encuentran en el café su gran aliado para arrancar el día o combatir el cansancio. Sin embargo, esta bebida puede convertirse en un enemigo cuando deja de ser un placer y pasa a ser la “gasolina” de la que dependemos para funcionar. Así lo explica Xavi Cañellas, especialista en psiconeuroinmunología, conferenciante y escritor.
Los efectos de la cafeína en nuestro organismo
La razón está en cómo actúa la cafeína en nuestro organismo. “La cafeína bloquea los receptores de adenosina, la molécula que le indica al cerebro que estamos cansados. Es decir, no elimina la fatiga, simplemente silencia el aviso”, indica Cañellas.
A esto se le suma que el propio cuerpo ya cuenta con un mecanismo natural para activarse: durante los primeros 30 o 45 minutos tras despertarnos se produce un aumento de cortisol, que ayuda al organismo a pasar del sueño al estado de alerta. “Si añadimos cafeína justo en ese momento, podemos aumentar todavía más la activación en algunas personas”, subraya el experto.
Por este motivo, muchos especialistas recomiendan esperar un poco antes de tomar el primer café del día. Dejar que el cuerpo complete ese proceso natural de activación puede ayudar a que la cafeína haga efecto de forma más equilibrada y duradera. Además, retrasar el consumo unos minutos puede evitar la sensación de nerviosismo o de exceso de estimulación que algunas personas notan cuando toman café nada más levantarse.
En lugar de depender inmediatamente de la bebida, permitir que el organismo se despierte por sí solo favorece un estado de alerta más estable a lo largo de la mañana y reduce la necesidad de consumir más cafeína con el paso de las horas. También puede ayudar a mejorar la concentración en las primeras tareas del día, ya que el cuerpo se adapta de forma progresiva al ritmo de actividad. De esta manera, el efecto estimulante resulta más constante y se evita la sensación de bajón que a veces aparece después.
El café: Beneficios y posibles "peligros"
El café también puede tener un impacto en el sistema digestivo, ya que estimula la secreción ácida del estómago, especialmente cuando se toma en ayunas, y puede resultar irritante para la mucosa gástrica. Además, en la metabolización de la cafeína interviene una enzima llamada CYP1A2, que hace que algunas personas lo eliminen más rápido y otras más lentamente, lo que explica que en ciertos casos pueda provocar palpitaciones o nerviosismo.
Aun así, no todo es negativo. Diversos estudios científicos señalan que un consumo moderado puede asociarse a beneficios cardiovasculares y metabólicos en personas sanas. Por eso, la clave está en el equilibrio. “Si una persona duerme bien, lo tolera a nivel digestivo y toma café porque le gusta, probablemente no hay ningún problema. El problema aparece cuando el café deja de ser un placer y pasa a convertirse en el parche con el que intentamos tapar el cansancio crónico”, concluye Cañellas.
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