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El Centro Dramático Nacional (CDN) presentó este miércoles Grito, boda y sangre, una nueva obra teatral inspirado en Bodas de sangre y otros textos de Federico García Lorca, que se estrenará el próximo viernes y permanecerá en cartel hasta el 1 de marzo. Se trata de una propuesta escénica innovadora que nace con un objetivo claro: ofrecer una experiencia cultural plenamente accesible para público sordo y oyente, así como para personas con discapacidad visual.
Desde su concepción, la obra ha sido pensada como un proyecto bilingüe que sitúa la lengua de signos en el centro de la dramaturgia, no como un mero complemento o traducción, sino como el pilar narrativo sobre el que se construye el relato escénico. Además, el espectáculo incorpora audiodescripción y visitas táctiles, ampliando así sus recursos de accesibilidad y reforzando su vocación inclusiva.
Las actrices sordas Emma Vallejo y Mari López, protagonistas del montaje, subrayaron en declaraciones a Servimedia que la lengua de signos forma parte del ADN creativo del proyecto. Según explicaron, no se trata de adaptar una obra preexistente para hacerla accesible, sino de concebirla desde el inicio con una base expresiva visual y gestual.
En este sentido, destacaron que la lengua de signos no funciona como una herramienta secundaria, sino como un lenguaje artístico propio que estructura la dramaturgia. A partir de esta premisa, el espectáculo combina diversas técnicas teatrales, como el teatro de manos, los títeres, las máscaras, la danza, la coreografía y los elementos visuales característicos del arte sordo, creando una propuesta escénica rica en recursos expresivos.
Una obra teatral con un montaje pionero dirigido por una creadora sorda
Grito, boda y sangre marca un hito en la historia del Centro Dramático Nacional al convertirse en el primer montaje de la institución dirigido por una persona sorda. La responsable de la dirección es Ángela Ibáñez, quien lidera un equipo artístico comprometido con la innovación, la diversidad y la transformación de las dinámicas teatrales tradicionales.
La dramaturgia corre a cargo de Iker Azkoitia, mientras que la dirección asociada es responsabilidad de Julián Fuentes Reta. Juntos han dado forma a un relato que explora la imaginación, la identidad y el deseo a través de una mirada contemporánea y sensorial sobre el universo lorquiano.
La obra presenta a dos adolescentes sordas que deciden quedarse en el aula de teatro de su instituto mientras el resto de sus compañeros asiste a una función que no es accesible para ellas. En ese espacio aparentemente cotidiano, las jóvenes comienzan a improvisar con textos de Lorca, dando inicio a un juego creativo que pronto se transforma en un viaje onírico.
A medida que avanza la acción, el aula se convierte en un escenario mutable donde los objetos cambian de forma, los límites entre lo real y lo ficticio se diluyen y la imaginación abre nuevas posibilidades. La adaptación plantea este recorrido como un sueño que, para las protagonistas, puede llegar a hacerse realidad, invitando al público a sumergirse en una experiencia poética y sensorial.
Uno de los principales retos del proyecto ha sido lograr que la historia resulte comprensible desde distintos canales: lo visual, lo corporal y lo textual. Según explicaron las actrices, la intención es que tanto el público sordo como el oyente pueda acceder al espectáculo en igualdad de condiciones, sin que exista una jerarquía entre los diferentes lenguajes escénicos.
La propuesta busca romper con la idea de que un solo canal, como el sonoro, deba prevalecer sobre los demás. En su lugar, se promueve un diálogo entre lo visual y lo auditivo, de manera que ambos contribuyan a la experiencia sin imponerse ni subordinarse.
Desafíos creativos y nuevas oportunidades
Durante el proceso de creación, el equipo se enfrentó a diversas barreras derivadas de trabajar en estructuras teatrales tradicionalmente diseñadas desde una perspectiva oyente. Estas limitaciones influyeron en aspectos como los ensayos, la relación con los equipos técnicos y los tiempos de producción.
Lejos de considerarlo un obstáculo insalvable, las intérpretes optaron por convertir estas dificultades en un motor de innovación artística. Priorizando la fuerza de lo visual, el ritmo corporal y la precisión escénica, el montaje ha encontrado nuevas formas de expresión que enriquecen el resultado final.
Vallejo y López señalaron que se sienten especialmente identificadas con el conflicto entre el deseo individual y las normas impuestas, un tema central tanto en los textos de Lorca como en su propia experiencia como mujeres sordas en el ámbito teatral. La sensación de ocupar espacios que no siempre han sido pensados para ellas, y la decisión de transformarlos, atraviesa la obra de manera transversal.
El trabajo conjunto entre ambas actrices se ha desarrollado en un clima de cercanía, confianza y complicidad, favorecido por compartir lengua, vivencias y una forma similar de entender la escena. Esta conexión, aseguraron, se percibe directamente sobre el escenario y constituye uno de los pilares emocionales del espectáculo.
Uno de los mayores desafíos del proyecto ha sido mantener la complejidad artística sin simplificar la lengua de signos ni las técnicas escénicas empleadas. El objetivo es que la obra funcione como una propuesta teatral completa, no como una experiencia meramente explicativa o didáctica.
Las intérpretes expresaron su deseo de que el público conecte emocionalmente con la historia y viva el teatro desde otros códigos, priorizando la vivencia sensorial sobre la comprensión intelectual inmediata. Asimismo, subrayaron la importancia de mostrar la diversidad, creatividad e identidad cultural de la comunidad sorda, así como el enorme potencial artístico de la lengua de signos.
Un precedente para la cultura inclusiva
Para las actrices, formar parte de la obra teatral Grito, boda y sangre supone un acto de visibilidad, responsabilidad y afirmación profesional. También representa la oportunidad de destacar el talento de un equipo integrado por mujeres sordas cualificadas y de poner en valor la confianza depositada en el proyecto.
Por su parte, la directora Ángela Ibáñez destacó durante la presentación que cada primera vez genera un precedente. Expresó su esperanza de que esta iniciativa abra puertas a futuras oportunidades para otras personas sordas y contribuya a que el mundo cultural descubra la riqueza expresiva de la lengua de signos y la profundidad de la cultura sorda.
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