Greenpeace exige al Gobierno un plan de choque para abandonar los combustibles fósiles antes del 2040

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Un barco con un cartel que enuncia en ingles 'el petroleo alimenta la guerra'

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En el marco del Día Mundial del Clima, la organización ecologista Greenpeace alzó la voz el pasado jueves para lanzar un ultimátum al Gobierno de España. Ante el complejo escenario geopolítico actual y el recrudecimiento de los conflictos en Oriente Medio, la entidad reclama una hoja de ruta clara y ambiciosa para abandonar los combustibles fósiles. La propuesta se basa en un modelo de suficiencia, eficiencia y energías renovables que, según la organización, es la única vía para garantizar una vida "justa, asequible y en paz".

El comunicado emitido por la ONG subraya que la dependencia energética actual no solo es un problema medioambiental, sino una vulnerabilidad estratégica. La crisis en el Estrecho de Ormuz ha vuelto a poner de manifiesto la fragilidad de un sistema industrial que todavía se apoya en los combustibles fósiles y los agroquímicos, frente a la resiliencia que ofrecen las fuentes de energía autóctonas y sostenibles.

Medidas fiscales y sociales contra los combustibles fósiles

Para que esta transición sea efectiva, Greenpeace propone una serie de medidas estructurales que tocan directamente el bolsillo de la industria energética. El plan exigido incluye el fin inmediato de las subvenciones a los combustibles fósiles, la creación de nuevos impuestos específicos para las empresas del sector y la fijación de una fecha límite improrrogable para el uso del gas.

Sin embargo, la organización no olvida el factor humano. "Es fundamental ofrecer soluciones y alternativas reales para las personas cuyos empleos dependen actualmente de los sectores afectados", explican desde la entidad. La transición debe ser justa, asegurando que el desmantelamiento de la infraestructura fósil no deje atrás a los trabajadores, sino que los integre en la nueva economía verde.

Un sistema 100% renovable para el año 2040

El objetivo final es ambicioso: alcanzar un sistema energético totalmente limpio como tarde en 2040. Esto permitiría a la ciudadanía vivir mejor sin depender de los combustibles fósiles, gracias a un transporte público seguro, accesible y sostenible que reduzca drásticamente la necesidad de utilizar gasolina y diésel. Además, la descarbonización debe llegar al interior de las viviendas mediante el aislamiento térmico, la electrificación y el autoconsumo solar.

Greenpeace también vincula esta lucha con la reducción del uso de plásticos. La aprobación del Tratado Mundial de Plásticos es vista como una pieza clave, ya que obligaría a utilizar materiales más saludables y, por extensión, permitiría dejar de extraer gas y petróleo en los territorios donde la industria fósil opera actualmente.

Geopolítica, guerras y soberanía energética

Pedro Zorrilla Miras, coordinador de la campaña contra el cambio climático de la organización, ha sido contundente al describir el escenario internacional como "inestable, sucio y peligroso". Según Zorrilla, la dependencia de los combustibles fósiles alimenta guerras, perpetúa prácticas colonialistas y fortalece las arcas de potencias como Rusia, que utiliza los ingresos de los hidrocarburos para financiar conflictos como el de Ucrania.

"Romper con esta dependencia nos permite alejarnos de las guerras por los recursos y de figuras como Trump o Putin", afirmó el portavoz. Para Greenpeace, la soberanía energética es sinónimo de seguridad y bienestar. La industria fósil no solo agrava la crisis climática aumentando la frecuencia de incendios, inundaciones y sequías, sino que empobrece a las poblaciones locales de las zonas de extracción y genera una desigualdad profunda a nivel global.

Finalmente, la organización ha recordado que en crisis energéticas derivadas de conflictos como el de Irán, siempre hay ganadores claros: las grandes petroleras y gasistas de fuera del Golfo Pérsico. Por ello, instan al Gobierno a aprovechar citas internacionales clave, como la próxima Conferencia en Colombia o la COP31 en Turquía, para liderar un plan global de abandono de los combustibles fósiles. Solo mediante medidas concretas que nos liberen del gas y del petróleo se podrá asegurar, según Greenpeace, un futuro habitable tanto para la ciudadanía como para el planeta.

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