Lectura fácil
La crisis ecológica que rodea a la angula, que es la cría de la anguila europea, se ha convertido en el nuevo eje de tensión entre conservacionistas y administraciones autonómicas.
La reciente propuesta del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) de incluirla en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (Lespre) ha despertado reacciones encontradas, especialmente en territorios donde esta pesca forma parte de la cultura y la economía local.
La angula, una joya gastronómica con un coste ambiental
La Coordinadora Ecologista de Asturias lleva años alertando de que el futuro de la especie pende de un hilo. Según sus portavoces, “la escasez ha convertido a la angula en un producto de lujo”, lo que ha disparado su cotización en las lonjas.
Este efecto económico, la exclusividad impulsada por la escasez, mantiene viva la actividad pesquera pese a las alarmas científicas sobre el estado crítico de la especie.
El valor de mercado, lejos de ser una buena noticia, se ha transformado en el motor de una presión extractiva insostenible. “La pesquería se mantiene exclusivamente sobre la base de la rareza del producto”, denuncia la entidad, que advierte que esa lógica solo puede conducir a un exterminio progresivo de la angula.
Diversos estudios científicos coinciden en la gravedad de la situación: la población de anguila europea ha caído por debajo de los niveles de seguridad para su conservación. Los especialistas advierten que, sin una intervención drástica, su recuperación podría volverse prácticamente imposible.
La Coordinadora Ecologista ha aplaudido la iniciativa del Ministerio calificándola de “verdadero arranque de sentido común”. Consideran que el reconocimiento formal de la angula como “especie en peligro de extinción” llega tarde, pero al menos representa un paso decisivo hacia una gestión sostenible. Las cifras de capturas, recuerdan, ya muestran un patrón de declive y colapso poblacional.
Sin embargo, no todas las administraciones comparten esta visión. Desde la Consejería de Medio Rural y Política Agraria se ha manifestado rechazo hacia la propuesta estatal, una postura que la organización conservacionista interpreta como una muestra más de “la política antimedioambiental del Gobierno autonómico”.
Según la Coordinadora, este desacuerdo refleja un modelo político sujeto al clientelismo y a los intereses inmediatos de ciertos sectores pesqueros. “En Asturias son capaces de oponerse a cualquier medida ambiental tan racional y lógica como esta”, remarcan, destacando el contraste entre los argumentos técnicos y las decisiones administrativas.
El paro biológico como opción de futuro
Ante este escenario, los ecologistas piden un paro biológico incentivado que prohíba temporalmente la pesca de la angula. A su juicio, esta moratoria podría ser la última oportunidad real para devolver a la especie un margen de supervivencia. Los datos de desembarcos ya muestran un descenso constante año tras año, lo que evidencia un agotamiento progresivo del recurso.
“Esta medida podría permitir, a medio o largo plazo, no solo la recuperación de la anguila, sino también la de las pesquerías asociadas”, explican. Lejos de perjudicar al sector, la Coordinadora entiende que el descanso pesquero sería una inversión ecológica y económica, capaz de garantizar la continuidad de una actividad que hoy depende de una especie al borde del colapso.
Una llamada a la responsabilidad colectiva
El debate sobre la angula trasciende la gestión de una sola especie: enfrenta dos visiones del desarrollo. Por un lado, la que prioriza la rentabilidad inmediata; por otro, la que apuesta por la preservación del patrimonio natural común.
El desenlace de esta pugna marcará no solo el futuro de la anguila europea, sino también la credibilidad de la política ambiental española. Como advierten los conservacionistas, todavía estamos a tiempo de evitar su desaparición. Pero esa oportunidad se estrecha con cada temporada de pesca.
Añadir nuevo comentario