Antes de los cinco años se consolida el 90 % de las bases del aprendizaje y el juego es su principal motor

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Aprendizaje en el desarrollo de los niños

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Los primeros años de vida constituyen una etapa decisiva para el desarrollo integral de los niños. Es en este periodo cuando se establecen las bases neurológicas y emocionales que sostendrán el aprendizaje futuro, la autonomía y la capacidad de relacionarse con el entorno.

El 90 % del desarrollo cerebral y su relación con el aprendizaje

Organismos internacionales como la UNESCO señalan que cerca del 90 % del desarrollo cerebral se completa antes de los cinco años. En la misma línea, UNICEF destaca que durante estos primeros años el cerebro infantil puede formar más de un millón de conexiones neuronales por segundo, un ritmo que no volverá a repetirse. Esta intensa actividad neurológica explica por qué la primera infancia es un momento determinante para el desarrollo de la comunicación, la creatividad, la toma de decisiones y el pensamiento crítico.

En esta etapa, tan importante como los contenidos es la experiencia de aprendizaje. Por eso, el currículo británico Early Years Foundation Stage (EYFS) sitúa el juego en el centro del proceso educativo y reconoce que los niños aprenden mejor cuando están activos, implicados y motivados.

A través de actividades como la construcción, los niños exploran conceptos matemáticos iniciales como el tamaño, las formas, el equilibrio o los patrones. Mediante el juego simbólico, los cuentos y las actividades de rol, desarrollan el lenguaje, fortalecen la memoria y amplían su imaginación. Y en la exploración del entorno, investigan, formulan preguntas, ponen a prueba sus ideas y comienzan a comprender relaciones de causa y efecto.

El juego ayuda a la autonomía y el desarrollo personal

Las experiencias compartidas de juego son también el espacio donde se construyen la autonomía y el desarrollo personal, social y emocional. Al enfrentarse a pequeños retos, negociar con sus compañeros o reformular una idea cuando algo no funciona, los niños aprenden a adaptarse, a confiar en su propio criterio y a desarrollar pensamiento crítico.

En ese proceso, no solo fortalecen su capacidad de resolución de problemas, sino que también aprenden a comprender y gestionar sus emociones, a respetar turnos y a construir relaciones de colaboración. Cuando se sienten seguros y apoyados, participan con mayor confianza y avanzan con mayor solidez en su aprendizaje.

En The British School of Barcelona, la etapa de Early Years, que comprende Pre-Nursery, Nursery y Reception (de 2 a 4 años), sitúa el juego como base fundacional del aprendizaje. No se trata de una actividad complementaria, sino del eje sobre el que se articula el desarrollo cognitivo, social y emocional.

“Nuestra función como educadores es diseñar oportunidades de aprendizaje tanto dirigidas por los propios niños como por los adultos, en un entorno rico en lenguaje, ya sea en el interior del aula o en los espacios exteriores. Nuestro papel es guiar y apoyar el juego, permitiendo que los niños desarrollen sus propios intereses”, explica Rhian Ager, Coordinadora de Educación Infantil en el campus BSB Sitges del centro.

La evidencia es clara: los primeros años no son una antesala del aprendizaje formal, sino el momento en el que se construye su arquitectura. En esta etapa se consolidan habilidades como la autonomía, la comunicación, la capacidad de adaptación y la resolución de problemas, competencias que acompañarán a los niños a lo largo de toda su vida.

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