Lectura fácil
En un contexto donde la conciencia medioambiental y la eficiencia económica convergen, el comportamiento del consumidor español está experimentando una transformación radical. Ya no basta con ofrecer precios competitivos o una ubicación conveniente; la ética operativa se ha instalado en el centro de la decisión de compra. Según el reciente estudio “Compromiso del sector de la Distribución con el desperdicio alimentario: una perspectiva del consumidor”, presentado por Too Good To Go y la asociación ANGED, la gestión de los excedentes es hoy un factor crítico para la reputación de las marcas.
Los datos son reveladores: un abrumador 94% de los ciudadanos afirma que estaría dispuesto a abandonar su supermercado habitual por otro que demuestre una aplicación activa y transparente de medidas para reducir el desperdicio alimentario. Esta cifra sitúa la sostenibilidad no como un valor añadido opcional, sino como una exigencia básica del mercado actual.
Un año de la Ley de Prevención contra el desperdicio alimentario
El encuentro, que reunió a líderes del sector retail, administraciones públicas y organizaciones sociales, sirvió para conmemorar y analizar el primer aniversario de la Ley de Prevención de las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario. Esta normativa, vigente desde el pasado 2 de abril, ha marcado un antes y un después en la hoja de ruta de las empresas de distribución, obligándolas a formalizar planes de prevención y a seguir una jerarquía de prioridades que prioriza el consumo humano.
Durante la jornada, Ana Díaz Pérez, subdirectora general de Calidad y Sostenibilidad Alimentaria del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, mantuvo un diálogo con Victoria Albiñana, de Too Good To Go, subrayando la flexibilidad de la norma. Según Díaz, la ley permite que cada empresa adapte sus protocolos de actuación de manera justificada, siempre que el objetivo final sea mitigar el desperdicio alimentario en todas las etapas de la cadena.
El reto de la percepción ciudadana y la comunicación
A pesar de los esfuerzos técnicos del sector, existe una brecha notable entre la realidad estadística y la percepción pública. Eurostat indica que el grueso del excedente se genera en los hogares, sin embargo, el estudio revela que el 64% de los consumidores señala directamente a los supermercados como los principales responsables de atajar el desperdicio alimentario. Esta presión social convierte a la distribución en el "pararrayos" de la responsabilidad climática a ojos del cliente.
El informe destaca que, aunque el 67 % reconoce un compromiso real por parte de las cadenas, todavía persiste un sentimiento de inacción en un tercio de la población. El problema fundamental parece residir en la visibilidad: un 41 % cree que las empresas no comunican sus logros, y un 52 % opina que las acciones son solo puntuales. Para fidelizar al cliente, el sector debe pasar de la gestión silenciosa a la comunicación estratégica del desperdicio alimentario.
Liderazgo para un modelo sostenible
Juan Diego Farah, vicepresidente de Too Good To Go para el Sur de Europa, enfatizó que visibilizar estos avances fortalece la confianza y eleva el compromiso global. Por su parte, Matilde García Duarte, presidenta de ANGED, recordó que la eficiencia en la gestión no solo tiene un impacto ambiental positivo, sino que es un motor económico. El control del desperdicio alimentario reduce costes operativos y optimiza los recursos en un momento de gran volatilidad en los precios de las materias primas.
La lucha contra la pérdida de alimentos ha dejado de ser una cuestión de responsabilidad social corporativa para convertirse en una ventaja competitiva de primer orden. Aquellas empresas que logren integrar la reducción del desperdicio alimentario en su ADN comercial y sepan transmitirlo con honestidad a sus clientes, serán las que lideren el sector en la próxima década.
Añadir nuevo comentario