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Hubo un tiempo, no hace mucho, en que la figura del Director o Directora de Sostenibilidad (CSO, por sus siglas en inglés) era vista como una posición amable, vinculada a la comunicación y la filantropía. Eran los encargados de las "buenas noticias". Sin embargo, en el panorama empresarial de 2026, esa imagen se ha desvanecido para dar paso a una realidad mucho más áspera y compleja. Tal y como analiza la tribuna de Diario Responsable, la CSO avanza hoy sobre una cuerda floja, sometida a tensiones opuestas que amenazan con desestabilizar su función y, por ende, el futuro de la compañía.
El cargo ha ganado peso político, sí, pero también ha ganado en peligrosidad. La sostenibilidad ya no es un anexo; está en el centro del reactor nuclear de la empresa. Y quien gestiona el núcleo, asume el riesgo de la fusión.
La tensión entre cumplimiento y estrategia
El primer viento que sacude la cuerda es la regulación. Con la entrada en vigor plena de normativas como la CSRD (Directiva sobre Información Corporativa en materia de Sostenibilidad) en Europa, la carga burocrática se ha multiplicado.
- El riesgo: La CSO corre el peligro de convertirse en un "Super-Compliance Officer". Si el 90 % de su tiempo se dedica a recopilar, verificar y auditar miles de datos para evitar multas, no queda tiempo para pensar en el futuro.
- El desafío: El verdadero valor de la CSO no es rellenar excels, sino rediseñar productos, abrir nuevos mercados verdes y transformar la cadena de suministro. Mantener la visión estratégica mientras se está enterrado en papeles regulatorios es el primer gran acto de equilibrio.
La batalla por la rentabilidad y el "Greenhushing"
La segunda tensión es financiera y reputacional. En 2026, el mercado ya no perdona el greenwashing (ecoblanqueo), pero ha surgido un fenómeno igual de pernicioso: el greenhushing (silencio verde). Las empresas, por miedo a las demandas o a la acusación de hipocresía, prefieren callar sus avances.
La CSO debe navegar esta contradicción:
- Hacia dentro: Debe convencer al CFO (Director Financiero) de que la inversión en descarbonización no es un gasto, sino un seguro de vida a medio plazo (Capex). Debe traducir los riesgos climáticos en dólares y euros.
- Hacia fuera: Debe comunicar con transparencia radical, admitiendo lo que falta por hacer, sin caer en triunfalismos que activen el radar de los reguladores o los activistas.
El perfil del "Diplomático de Trinchera"
Para no caer de la cuerda floja, el perfil competencial de la CSO ha mutado. Ya no basta con saber de biología, derechos humanos o ingeniería ambiental. Hoy se requiere:
- Inteligencia emocional: Para gestionar la resistencia al cambio de departamentos tradicionales.
- Visión sistémica: Para entender cómo una decisión en compras afecta a la reputación y a la cuenta de resultados.
- Resiliencia: La CSO es a menudo la "voz de la conciencia" incómoda en el Consejo de Administración. Es quien dice "no" a beneficios a corto plazo si comprometen la viabilidad a largo plazo. Eso genera fricción y soledad.
¿Un rol de transición o permanente?
El artículo plantea una cuestión existencial: ¿Es la CSO una figura destinada a desaparecer? La teoría dice que, si una empresa es verdaderamente sostenible, la sostenibilidad debería estar integrada en cada puesto (desde el CEO hasta el operario), haciendo innecesaria una dirección específica.
Sin embargo, la realidad de 2026 demuestra que estamos lejos de eso. La complejidad técnica y la urgencia de la crisis climática y social requieren un director de orquesta. Alguien que mantenga la tensión, que vea los riesgos en el horizonte antes que nadie y que, con pértiga en mano, guíe a la organización hacia el otro lado del abismo sin caer en el vacío de la irrelevancia o la quiebra.
El valor de la incomodidad
Avanzar sobre la cuerda floja no es cómodo, pero es la única posición desde la que se tiene perspectiva. La CSO de 2026 debe aceptar que su trabajo es vivir en la tensión. Si la cuerda deja de moverse, probablemente significa que la empresa se ha detenido. El éxito de esta figura no se medirá por lo tranquila que sea su gestión, sino por su capacidad para llegar al otro extremo habiendo transformado la compañía en una entidad regenerativa y rentable.
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