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Las intensas precipitaciones asociadas a las borrascas atlánticas Leonardo y Marta han dejado una estampa poco habitual en España: embalses llenándose a un ritmo récord. Sin embargo, detrás de esta aparente bonanza hídrica, la organización ambiental Greenpeace advierte de un problema estructural más profundo.
Según su análisis, la vida útil operativa de muchos embalses españoles se encuentra en una fase crítica debido a la presión climática creciente y a la antigüedad de las infraestructuras hidráulicas, diseñadas en un contexto muy distinto al actual.
El comunicado difundido este miércoles por la organización surge tras conocerse datos históricos sobre la evolución de las reservas de agua. Aunque el aumento de la capacidad embalsada refleja la recuperación temporal de los recursos hídricos, también revela desafíos técnicos, ambientales y de gestión que podrían agravarse en los próximos años si no se adoptan medidas urgentes.
Un aumento de agua sin precedentes en los embalses en las últimas décadas
La reserva hídrica española alcanzó este martes el 77,3 % de su capacidad total, la cifra más elevada para esta época del año desde 2014. Según el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, los embalses almacenaban 43.341 hectómetros cúbicos (hm³), tras registrar una subida semanal de 5.634 hm³. Este incremento supone la mayor subida semanal desde que en 1988 comenzaron los registros sistemáticos de la reserva hídrica peninsular.
A esta cifra hay que sumar el aumento de 4.516 hm3 registrado la semana anterior, lo que eleva el crecimiento total a 10.150 hm3 en apenas dos semanas. En términos porcentuales, la reserva ha aumentado 10 puntos en una semana y 18,1 puntos en un periodo de catorce días.
Greenpeace calificó esta evolución como un “hito hidrológico sin precedentes”. En solo 72 horas, las lluvias provocaron un crecimiento exponencial de las reservas: 693 hm3 en las primeras 24 horas, 1.623 hm³ a las 48 horas y un incremento final de 2.349 hm3 en tres días. Estas cifras reflejan la intensidad de los fenómenos meteorológicos que afectan cada vez con mayor frecuencia al territorio.
Infraestructuras envejecidas ante un nuevo escenario climático
Más allá del récord hídrico, la organización ambiental insiste en que España ha superado la etapa de grandes construcciones hidráulicas y ahora el reto principal es el mantenimiento y modernización de las existentes. Aunque las presas siguen siendo sólidas desde el punto de vista estructural, la eficiencia operativa se está deteriorando debido a su antigüedad y a las nuevas condiciones climáticas.
Gran parte de la red hidráulica española se construyó entre 1950 y 1975, durante la dictadura franquista. Como consecuencia, muchas presas se encuentran en el tramo final de su vida útil teórica, estimada entre 50 y 75 años. Greenpeace advierte que, si bien el hormigón suele conservar su resistencia, otros componentes críticos, como compuertas, válvulas y desagües de fondo, están llegando al final de su ciclo operativo seguro.
El problema se agrava porque estas infraestructuras fueron concebidas para un contexto climático menos extremo que el actual. Hoy deben enfrentarse a una variabilidad más intensa, con episodios de lluvias torrenciales y fenómenos cada vez más violentos vinculados al cambio climático.
La amenaza silenciosa de la colmatación y los sedimentos
Uno de los riesgos más importantes identificados por Greenpeace es la colmatación o aterramiento de los embalses. Cada episodio de lluvias intensas arrastra grandes cantidades de sedimentos, lodos y restos vegetales procedentes de las cuencas erosionadas. Este proceso reduce progresivamente el volumen útil de almacenamiento.
Aunque los datos oficiales reflejan una acumulación de 43.341 hm3 de agua, la ONG advierte que el volumen real disponible puede ser menor debido a la acumulación de sedimentos en el fondo de los embalses. La limpieza de estos materiales implica operaciones complejas y costosas, que pueden alcanzar decenas de millones de euros.
Además, las infraestructuras antiguas no siempre cuentan con sistemas de evacuación suficientemente ágiles para gestionar las denominadas “avenidas sólidas”, una mezcla de agua y sedimentos característica de las nuevas borrascas intensas. Esta situación aumenta el estrés mecánico y sedimentario sobre las instalaciones y compromete la seguridad hídrica a largo plazo.
Desde una perspectiva geológica y ambiental, Greenpeace sostiene que la solución no debe limitarse a la presa o al embalse en sí, sino que debe abordar la salud integral de las cuencas hidrográficas. La restauración hidrológico-forestal se plantea como una herramienta clave para reducir las escorrentías y evitar que los embalses se conviertan en depósitos de sedimentos.
La reforestación estratégica y la estabilización de laderas contribuyen a frenar la velocidad del agua y a retener el suelo, reduciendo la erosión. Un cauce bien conservado y una cuenca con cobertura vegetal actúan como una “esponja” natural que amortigua los impactos del cambio climático y protege las inversiones realizadas en infraestructuras hidráulicas.
Inversión y adaptación para garantizar el agua futura
La organización ambiental concluye que la garantía hídrica en España podría convertirse en una ilusión si no se emprenden acciones ambiciosas. Entre las medidas prioritarias se encuentran la modernización tecnológica de presas y embalses, la rehabilitación de sistemas de evacuación de fondo, la limpieza sistemática de sedimentos y la recuperación forestal de las cuencas.
Según Julio Barea, doctor en Hidrogeología y responsable de aguas de Greenpeace, el incremento semanal de 5.634 hm3 demuestra la capacidad de recuperación de la naturaleza, pero también evidencia la creciente intensidad de los fenómenos meteorológicos. Para el experto, el momento actual exige una transformación profunda basada en la rehabilitación masiva de infraestructuras y la restauración ambiental de ríos y cuencas, con el fin de adaptar el sistema hídrico español al nuevo contexto climático.
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