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Los accidentes de extrema gravedad, como el siniestro ferroviario ocurrido en Adamuz (Córdoba), generan escenarios especialmente complejos desde el punto de vista emocional, sensorial y operativo. Se trata de contextos marcados por el estrés extremo, la confusión, el ruido intenso y la imprevisibilidad, factores que pueden afectar de forma significativa a las personas en el espectro del autismo.
Autismo España ha advertido que estas situaciones no solo pueden provocar crisis o colapsos en estas personas, sino también respuestas inadecuadas por parte de quienes intervienen en las emergencias.
Según explicó Nuria Mesa, experta en accesibilidad de Autismo España, las catástrofes de este tipo concentran múltiples elementos que dificultan la adaptación de las personas autistas: tensión emocional elevada, desenlaces inciertos y una sobrecarga sensorial derivada de estímulos como sirenas, luces, olores, aglomeraciones, calor o ruidos constantes. Todos estos factores conforman un entorno hostil que puede generar reacciones intensas o desbordantes.
El riesgo de interpretar mal las conductas autistas durante las emergencias
Uno de los problemas más frecuentes en las primeras horas de las emergencias es la mala interpretación de determinadas conductas. El autismo, al no presentar rasgos físicos visibles que permitan una identificación inmediata, puede pasar desapercibido para los equipos de emergencias. Esta invisibilidad provoca que ciertas respuestas se entiendan erróneamente como actitudes de desafío, desobediencia o resistencia.
Nuria Mesa señaló que reacciones como negarse a colaborar, permanecer en silencio o realizar estereotipias —movimientos repetitivos que algunas personas utilizan para autorregular sus emociones— pueden ser malinterpretadas. En lugar de reconocerlas como mecanismos de afrontamiento o señales de saturación, pueden verse como comportamientos problemáticos, lo que aumenta la tensión en la intervención.
Además, la comunicación verbal puede resultar limitada, poco fluida o parecer carente de funcionalidad. Si los profesionales no cuentan con formación previa en autismo, esta situación puede generar frustración o respuestas inapropiadas, agravando el estrés de la persona afectada.
La importancia de adaptar la comunicación en crisis
En contextos de emergencias, la comunicación eficaz se convierte en un elemento esencial. Autismo España subraya la necesidad de ajustar los mensajes para que sean comprensibles para las personas autistas y no contribuyan a incrementar la sobrecarga sensorial.
Mesa insistió en que las instrucciones deben ser claras, breves y concretas, utilizando un lenguaje accesible. Frases simples como “sal por aquí” o “ven conmigo” pueden resultar decisivas para guiar a una persona en medio del caos. Igualmente importante es comprobar que la instrucción ha sido entendida y adaptar la interacción en función de la respuesta de la persona.
En entornos altamente estresantes, las personas autistas pueden experimentar mayores dificultades para procesar la información, lo que hace recomendable repetir las instrucciones tantas veces como sea necesario. La experta también destacó la relevancia de mantener un tono de voz calmado, una actitud serena y una disposición empática por parte de los profesionales de emergencias.
Comprender la diversidad dentro del espectro autista es clave para evitar actuaciones contraproducentes. Por ejemplo, intentar sujetar del brazo a una persona para sacarla de una zona peligrosa puede incrementar su nivel de ansiedad si el contacto físico le resulta incómodo o invasivo. En estos casos, una aproximación respetuosa y gradual puede ser más eficaz.
Reducir estímulos y crear espacios seguros
Otro aspecto fundamental es la gestión del entorno. Mantener la calma colectiva ayuda a no generar un ambiente todavía más hostil mediante gritos, movimientos bruscos o comentarios alarmistas. También los pasajeros u otras personas que intenten colaborar deben ser conscientes de su papel para no intensificar el caos.
Siempre que sea posible, se recomienda disminuir la estimulación excesiva, como las luces intensas o las sirenas, y facilitar un espacio seguro donde la persona pueda tranquilizarse o realizar las conductas que necesita para autorregularse. Permitir estos mecanismos puede contribuir de manera significativa a la estabilización emocional.
Asimismo, se aconseja respetar las necesidades individuales, evitando forzar el contacto físico o visual si resulta incómodo. Cuando sea factible, recurrir a la persona de apoyo de la persona autista puede facilitar la comunicación y mejorar la intervención.
Identificación de comportamientos y formación especializada
De cara a una respuesta más eficaz, Nuria Mesa recalcó la importancia de contar con formación específica para los profesionales de emergencias. Resulta imprescindible que reciban capacitación en lenguajes accesibles, como el lenguaje claro o la lectura fácil, así como conocimientos básicos sobre el espectro autista para poder identificar comportamientos compatibles y aplicar los recursos adecuados.
Finalmente, Autismo España reclamó la incorporación de medidas concretas en los protocolos oficiales de emergencias. El objetivo es evitar que la atención dependa de la improvisación o de la buena voluntad individual, garantizando una respuesta estructurada, inclusiva y adaptada a las necesidades de las personas autistas en contextos de alta gravedad.
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