Huelga general en el ferrocarril | Semaf paraliza el sector tras las muertes de Gelida y Adamuz

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Los equipos de emergencia trabajan en el troceado de los trenes para poder trasladar los restos

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En el sector ferroviario existe una ley no escrita: la cabina es sagrada y el compañero es familia. Cuando esa santidad se viola no por error humano, sino por el colapso del entorno, el dolor se transforma rápidamente en indignación. La noticia difundida por agencias esta mañana confirma el peor de los escenarios: el sindicato mayoritario de maquinistas, Semaf, ha llamado a una huelga general en todo el sector. El detonante no es una negociación de convenio ni una subida salarial, sino la sangre derramada en las vías. La muerte de dos maquinistas en sendos accidentes en Gelida (Barcelona) y Adamuz (Córdoba) en un lapso de tiempo angustiosamente corto ha roto la paz social.

No estamos ante una huelga convencional. Es un paro por supervivencia. El mensaje que lanzan los profesionales de la conducción es escalofriante por su sencillez: no se sienten seguros al ir a trabajar.

Gelida y Adamuz: crónica de la desprotección

Para entender la magnitud de la protesta, hay que mirar a los puntos geográficos de la tragedia.

  • Gelida (Cataluña): Un desprendimiento de un muro de contención sobre la vía provocó el descarrilamiento fatal. Un fallo de la infraestructura pasiva.
  • Adamuz (Andalucía): En este punto de la red convencional, otro incidente (presumiblemente relacionado con obstáculos en vía o fallo de sistemas de seguridad, según los primeros reportes) se cobró la segunda vida.

El denominador común que denuncia Semaf es claro: el estado de la infraestructura. Los maquinistas argumentan que llevan años reportando deficiencias, "puntos negros", taludes inestables y vegetación invasora que compromete la seguridad. La sensación en el colectivo es que se ha invertido miles de millones en la Alta Velocidad (AVE), convirtiendo a España en referente mundial, mientras se ha dejado morir de inanición a la red convencional y de Cercanías/Rodalies, por donde circulan la mayoría de los trenes y las mercancías.

"No queremos ser héroes, queremos volver a casa"

La convocatoria de huelga busca paralizar el servicio para forzar una reacción del Estado. Semaf, conocido por su capacidad de movilización (representan a más del 85 % del colectivo), exige medidas que van más allá de las palabras de condolencia institucional:

  1. Auditoría Independiente: Quieren una revisión externa de todo el trazado ferroviario convencional, especialmente en zonas de orografía complicada.
  2. Responsabilidades Penales: El sindicato apunta directamente a los gestores de la infraestructura (Adif) y a los responsables políticos del Ministerio. Consideran que la falta de mantenimiento preventivo es una negligencia criminal.
  3. Inversión de Choque: Exigen que se destinen partidas de emergencia para asegurar taludes y trincheras, no planes a 10 años vista.

El impacto de una huelga por seguridad

A diferencia de los paros por motivos económicos, una huelga motivada por la muerte de compañeros suele tener un seguimiento masivo, casi total. La solidaridad en el gremio es absoluta. Esto se traducirá en una parálisis significativa del transporte de viajeros (Cercanías, Media Distancia y Larga Distancia) y, crucialmente, del transporte de mercancías, lo que podría tensar la cadena de suministro nacional.

Los maquinistas advierten: no desconvocarán con promesas. El miedo se ha instalado en las cabinas. Cada vez que entran en un túnel o toman una curva con mala visibilidad, la sombra de Gelida y Adamuz viaja con ellos.

La respuesta de la Administración

El Ministerio de Transportes y las empresas públicas (Renfe y Adif) se enfrentan a su mayor crisis en años. Defender la seguridad del sistema ferroviario español, uno de los más seguros del mundo estadísticamente, se vuelve imposible con dos ataúdes sobre la mesa en la misma semana.

La estrategia de culpar a la "fatalidad" o a la meteorología extrema ya no sirve. El cambio climático trae lluvias más intensas, sí, pero la infraestructura debe adaptarse a esa nueva realidad. Si un muro se cae, no es culpa de la lluvia, es culpa de quien no reforzó el muro.

La huelga de Semaf es un aviso a navegantes. Si no se garantiza la integridad física de quienes operan los trenes, los trenes se pararán. España no puede permitirse una red de dos velocidades donde la seguridad sea un lujo de las líneas AVE y un riesgo en el tren que coge el trabajador cada mañana. La muerte de estos dos profesionales en Gelida y Adamuz debe ser el último aviso antes de una reforma integral del mantenimiento ferroviario. Porque, como rezan las pancartas que ya se preparan: "Nuestra vida no tiene precio, vuestro mantenimiento sí".

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