Más vegetación en París podría reducir hasta un tercio las muertes por olas de calor

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Contra más vegetación en ciudades, menor mortalidad

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Los barrios de París con mayor presencia de vegetación registran un menor riesgo de mortalidad durante los episodios de calor intenso. Por el contrario, las zonas densamente edificadas, con escasez de espacios verdes y mayor efecto de isla de calor urbana, concentran una mayor vulnerabilidad. Esta es la principal conclusión de una investigación internacional que apunta, además, a una medida concreta: si todos los distritos de la capital francesa alcanzaran al menos un 20 % de superficie cubierta por vegetación, podrían evitarse hasta un tercio de las muertes asociadas a las altas temperaturas.

El estudio ha sido desarrollado por el Institut national de la santé et de la recherche médicale (Inserm), el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), impulsado por la Fundación “la Caixa”, y la London School of Hygiene & Tropical Medicine. Sus resultados se basan en datos recogidos durante casi una década, entre 2008 y 2017, y han sido publicados en la revista científica npj Urban Sustainability.

Una ciudad especialmente expuesta al calentamiento

París se enfrenta a un riesgo creciente ante las olas de calor, un fenómeno que se prevé más frecuente e intenso debido al cambio climático provocado por la actividad humana. La configuración urbana de la capital, con amplias superficies mineralizadas, edificios antiguos y alta densidad constructiva, potencia el conocido efecto de isla de calor urbana, que eleva las temperaturas en comparación con áreas menos urbanizadas.

La ciudad figura entre las urbes europeas con mayor riesgo de exceso de mortalidad vinculado al calor. Según un estudio publicado en 2023 en The Lancet, cuando las temperaturas superan los valores habituales, la mortalidad se multiplica por 1,6 en personas mayores de 85 años. Este dato ilustra la gravedad del impacto sanitario que pueden tener los episodios térmicos extremos en una población envejecida.

Con el objetivo de comprender mejor qué factores incrementan o reducen ese riesgo, el equipo investigador cruzó los datos de exceso de mortalidad por calor en cada distrito con información sobre el entorno urbano —presencia de vegetación, intensidad de isla de calor— y con indicadores socioeconómicos.

El papel protector de la vegetación y los espacios verdes

Uno de los resultados confirma lo que ya sugería la literatura científica: la vegetación urbana actúa como un escudo frente al calor. Árboles, parques, jardines y cubiertas vegetales contribuyen a reducir la temperatura ambiental y, con ello, el riesgo de muerte en episodios de calor extremo.

No obstante, el estudio introduce un matiz relevante: no todos los espacios verdes ofrecen el mismo nivel de protección. Los árboles resultan considerablemente más eficaces que las superficies de césped. La explicación está en la sombra directa que proporcionan y en el proceso de evapotranspiración, que ayuda a refrescar el aire circundante.

Además, el efecto beneficioso de la vegetación no se limita únicamente a la reducción térmica. Los investigadores subrayan que su impacto sobre la salud podría estar también relacionado con otros mecanismos, como la disminución de la contaminación atmosférica o la mejora del bienestar físico y mental de la población. Es decir, la naturaleza urbana no solo enfría la ciudad, sino que también contribuye a fortalecer la salud general de quienes la habitan.

Desigualdades dentro de la capital

El análisis revela diferencias significativas entre distritos. Más allá del nivel de renta de sus residentes, factores como la edad de la población, las características de los edificios y la proporción de zonas verdes determinan el riesgo de mortalidad en periodos de calor intenso.

Los edificios construidos antes de la década de 1970 suelen presentar un aislamiento térmico más deficiente, lo que incrementa la exposición al calor. En paralelo, la presencia de vegetación varía notablemente entre distritos: desde apenas un 1,4 % de superficie verde en el distrito 2 hasta un 20,4 % en el distrito 13.

Los distritos más verdes son los que muestran menor riesgo de muertes asociadas al calor. En cambio, las áreas centrales, más densas y mineralizadas, presentan una mayor exposición al efecto de isla de calor urbana. Esta brecha territorial dibuja un contraste claro entre el corazón histórico de la ciudad y los barrios periféricos, donde las zonas verdes son más abundantes.

De forma llamativa, el estudio identifica un resultado que puede parecer contraintuitivo: los distritos más acomodados de París son, en promedio, más vulnerables al exceso de mortalidad por altas temperaturas. La razón no radica en la renta, sino en la combinación de menor presencia de zonas verdes y un entorno construido antiguo y muy denso.

A partir de modelos estadísticos, los científicos calcularon cuántas muertes podrían evitarse si se incrementara la cobertura vegetal en toda la ciudad. Actualmente, los distritos más verdes cuentan con alrededor de una quinta parte de su superficie ocupada por vegetación.

Si todos los distritos alcanzaran ese umbral del 20 %, la mortalidad asociada al calor podría reducirse en torno a un tercio. Esta estimación se aplica tanto a episodios de calor moderado, por encima de 22 °C, como a olas de calor más intensas, cuando las temperaturas superan los 25 °C.

Los autores advierten que estas cifras proceden de modelos y deben interpretarse con prudencia. Sin embargo, los resultados reflejan con claridad el papel fundamental que desempeñan las zonas verdes en la protección de la salud pública.

Más allá de plantar árboles

El refuerzo de la infraestructura verde no es la única medida posible. El estudio también apunta a estrategias complementarias para adaptar París a un clima más cálido: empleo de materiales reflectantes en cubiertas y pavimentos, mejora de la eficiencia energética de los edificios para reducir la emisión de calor, incluida la asociada al aire acondicionado, y disminución del tráfico rodado, lo que permitiría recortar tanto el calor residual como la contaminación.

En conjunto, la investigación sitúa la naturaleza urbana como un elemento central en la estrategia de adaptación climática. Incrementar y redistribuir los espacios verdes entre los distintos barrios no solo embellece la ciudad, sino que puede convertirse en una herramienta decisiva para salvar vidas en un contexto de calentamiento global cada vez más evidente.

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