Europa se enfrenta a una resistencia antimicrobiana persistente en bacterias transmitidas por alimentos

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La resistencia antimicrobiana es preocupante

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La resistencia antimicrobiana continúa siendo uno de los mayores desafíos para la salud pública en Europa. Un nuevo informe conjunto de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC) alerta de que bacterias comúnmente transmitidas por los alimentos, como Salmonella y Campylobacter, mantienen niveles preocupantes de resistencia frente a medicamentos esenciales.

Aunque se han registrado avances en algunos países de la Unión Europea, las agencias advierten que el problema sigue siendo generalizado y que requiere un esfuerzo sostenido bajo el principio de “Una sola salud”, que integra la salud humana, animal y ambiental.

Las bacterias resistentes a los antibióticos se transmiten fácilmente a los humanos a través del consumo de alimentos contaminados o del contacto con animales de producción. Cuando estas cepas causan infecciones, el tratamiento se complica porque muchos de los fármacos habituales resultan ineficaces.

El informe, basado en los datos del periodo 2023-2024 recopilados por 27 Estados miembros de la UE, el Reino Unido (Irlanda del Norte) y cinco países asociados, analiza bacterias presentes en personas, animales de granja y carne destinada al consumo. Los resultados confirman que tanto Salmonella como Campylobacter muestran resistencia antimicrobiana de uso común, como la ampicilina, las tetraciclinas y las sulfonamidas.

El caso del ciprofloxacino: una resistencia preocupante

Entre los hallazgos más preocupantes destaca la elevada resistencia antimicrobiana al ciprofloxacino, un antibiótico considerado de gran importancia para tratar infecciones graves en humanos. En el caso de Salmonella, la resistencia a este medicamento se mantiene alta en animales y, además, está aumentando entre los casos humanos.

Según el informe, esta tendencia limita las opciones terapéuticas disponibles y subraya la necesidad de controlar mejor el uso de estos fármacos, especialmente en el ámbito veterinario. En Campylobacter, la situación es aún más grave: la resistencia al ciprofloxacino se ha extendido tanto en Europa que este medicamento ya no se recomienda como tratamiento de primera elección para infecciones humanas. Para intentar frenar su pérdida de eficacia, varios países han impuesto restricciones a su uso en animales.

El estudio también detecta la presencia de Escherichia coli productora de carbapenemasas en animales y en carne de diferentes países. Estas bacterias son especialmente preocupantes porque los carbapenémicos, los antibióticos frente a los que ofrecen resistencia, son considerados medicamentos de “último recurso” en medicina humana.

Dado que su uso está prohibido en animales destinados a la producción de alimentos, el incremento de su detección sugiere vías de contaminación que todavía no se comprenden del todo y que requieren nuevas investigaciones.

Señales de progreso: menos resistencia antimicrobiana en algunos países

No todo son malas noticias. El informe también destaca que varios Estados miembros han logrado reducir los niveles de resistencia a ciertos antibióticos tanto en humanos como en animales.

En el caso de Salmonella, por ejemplo, la resistencia a la ampicilina y las tetraciclinas ha caído de forma significativa en las infecciones humanas durante la última década: en 19 países para la ampicilina y en 14 para las tetraciclinas. Una evolución similar se ha observado en la ganadería, con una disminución de la resistencia a las tetraciclinas en pollos de engorde y a la ampicilina y las tetraciclinas en pavos.

Para Campylobacter, también hay señales positivas: varios países reportaron una menor resistencia a la eritromicina, el tratamiento más habitual para las infecciones humanas por esta bacteria, tanto en la población humana como en algunas especies animales.

Resistencia combinada baja, pero avance desigual

El estudio resalta un aspecto alentador: la resistencia antimicrobiana combinada más crítica, es decir, la capacidad de una bacteria de resistir simultáneamente a varios de ellos, se mantiene generalmente baja en SalmonellaCampylobacter y E. coli. Sin embargo, este progreso no es uniforme.

En algunas áreas, como en los niveles de resistencia de E. coli en aves de corral, la mejora se ha estancado. Los expertos de EFSA y ECDC advierten que la ralentización en el progreso podría comprometer los logros alcanzados si los países reducen sus esfuerzos de vigilancia y control.

Coordinación y vigilancia, claves para el futuro

La persistencia de la resistencia antimicrobiana obliga a mantener una vigilancia estrecha y coordinada en la Unión Europea. Las autoridades insisten en que solo mediante una estrategia “Una sola salud”, que combine medidas en animales, humanos, agricultura y medio ambiente, será posible contener este fenómeno.

Las experiencias positivas de algunos países demuestran que las acciones concretas pueden marcar la diferencia: el control en el uso de antibióticos en la ganadería, la mejora de las prácticas de higiene alimentaria y el refuerzo de la vigilancia genética de las bacterias son factores que ya están mostrando resultados.

En palabras del informe, la resistencia antimicrobiana sigue siendo una amenaza viva, pero no inmutable. Con políticas sostenidas y cooperación internacional, Europa podría consolidar los avances logrados y evitar que los antibióticos más valiosos pierdan su poder frente a las infecciones más comunes.

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