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Cada vez son más los estudios científicos que ponen sobre la mesa una realidad evidente: la salud bucodental influye de manera directa en nuestro bienestar general. Este vínculo cobra una relevancia especial en la tercera edad, donde conservar una buena mordida y una correcta función masticatoria no solo favorece la alimentación, sino que también puede ayudar a prevenir el deterioro cognitivo.
En otras palabras, cuidar la boca es cuidar la mente. Sin embargo, en la práctica diaria, la atención dental a las personas mayores continúa siendo una de las asignaturas pendientes del sistema sanitario.
Los mayores, los grandes olvidados de la salud bucodental
La odontóloga Ane Gastesi, con años de experiencia en el ámbito clínico, lo resume con preocupación: “Las personas mayores son las grandes olvidadas en lo que respecta a la atención de salud bucodental, y eso como profesional me da mucha pena”. Sus palabras reflejan un problema frecuente en las consultas: la falta de seguimiento odontológico en la población senior.
Muchos pacientes acuden al dentista solo cuando el dolor o la incomodidad son ya insoportables, y eso genera un efecto en cadena que repercute en otras áreas de la salud a parte de la afectación a la salud bucodental. A menudo, la pérdida de dientes o el uso de prótesis mal ajustadas se asume como una consecuencia inevitable de la edad, pero no tiene por qué ser así. La prevención y la atención temprana son herramientas poderosas que pueden marcar la diferencia entre un envejecimiento saludable y uno lleno de limitaciones.
Diversas investigaciones han demostrado que la acción de masticar activa determinadas zonas cerebrales relacionadas con la memoria, la concentración y otras funciones cognitivas. Este efecto se explica porque al masticar generamos estímulos sensoriales y motores que mantienen al cerebro en funcionamiento.
Cuando esta capacidad se pierde, ya sea por la ausencia de piezas dentales, el uso de prótesis inadecuadas o una higiene deficiente, el cerebro deja de recibir ese estímulo. La consecuencia de no cuidar la salud bucodental puede ser un descenso progresivo en la actividad neuronal, algo que los expertos asocian con un mayor riesgo de deterioro cognitivo.
La relación es tan directa que algunos investigadores equiparan el acto de masticar con un pequeño “entrenamiento cerebral” cotidiano. Así, conservar los dientes naturales y mantener una mordida funcional no solo ayuda a disfrutar de una comida equilibrada, sino también de una mente más activa.
Mantener los dientes naturales: una meta alcanzable
Para la doctora Gastesi, el objetivo no debe reducirse a una cuestión estética. “Una persona mayor debería poder mantener sus dientes fijos y naturales en la medida de lo posible”, asegura. Este enfoque se centra en la salud integral, ya que la capacidad de masticar adecuadamente contribuye tanto a la nutrición como a la salud mental.
Una boca sana permite seguir una alimentación variada, rica en frutas, verduras y proteínas. Sin embargo, cuando la masticación se ve comprometida, es habitual que los mayores opten por alimentos blandos y fáciles de tragar, que suelen tener menos valor nutricional. Este cambio en la dieta puede generar déficits de vitaminas, minerales y proteínas, afectando al sistema inmunitario, al metabolismo e incluso al estado de ánimo.
La salud bucodental también tiene un efecto social. Poder sonreír sin inseguridades, hablar con claridad o disfrutar de una comida sin molestias mejora la autoestima y las relaciones interpersonales. En este sentido, el cuidado dental no solo debe verse como un requisito médico, sino como un componente esencial del bienestar emocional y social de las personas mayores.
La conexión entre la boca y el cerebro es, por tanto, mucho más profunda de lo que se pensaba hace unas décadas. Los especialistas coinciden en que un envejecimiento saludable pasa por una atención odontológica continua, adaptada a las necesidades de cada etapa vital.
Un llamado a la prevención
El mensaje final es claro: prevenir es siempre mejor que reparar. Las revisiones periódicas, la higiene bucal diaria y los tratamientos personalizados son inversiones a largo plazo en salud y calidad de vida.
Como recuerda la odontóloga Ane Gastesi, prestar atención a la salud bucodental en la tercera edad no solo mejora la funcionalidad de la boca, sino que también protege capacidades tan valiosas como la memoria, la concentración o la autonomía.
En definitiva, el cuidado dental debe dejar de ser el gran olvidado en el envejecimiento. Es hora de entender que una buena sonrisa puede ser, también, la mejor defensa contra el deterioro cognitivo.
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