Una neuróloga rompe con el estereotipo de que las personas con síndrome de Asperger no son empáticas

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El síndrome de Asperger y el autismo

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La neuróloga infantil Gloria López advierte de que los prejuicios y estereotipos que rodean al síndrome de Asperger siguen muy presentes en la sociedad. La especialista subraya que no implica falta de empatía ni responde a un único perfil, y destaca la importancia de un acompañamiento clínico adecuado y de entornos que respeten la forma particular en la que estas personas perciben, sienten y procesan el mundo.

El síndrome de Asperger en relación al autismo

La neuróloga infantil Gloria López, especialista del Hospital Ruber Internacional, alerta sobre la persistencia de ideas erróneas en torno al síndrome de Asperger, especialmente aquellas que lo asocian con frialdad emocional o desconexión afectiva. Según explica, estos prejuicios influyen negativamente en la inclusión social y dificultan que las personas reciban el apoyo clínico y educativo que necesitan.

“Es falso pensar que quienes presentan este perfil no sienten empatía”, aclara López en relación con el síndrome de Asperger. La especialista señala que, aunque en algunos casos puede existir dificultad para interpretar de manera inmediata las emociones ajenas, la vivencia emocional suele ser profunda e intensa. La diferencia reside en la forma de procesar y expresar esos sentimientos, no en su ausencia.

Más allá de los estereotipos

Otro error habitual es vincular esta condición exclusivamente con habilidades extraordinarias. “No todas las personas responden a ese patrón”, subraya la neuróloga. La diversidad es amplia y cada individuo presenta fortalezas y retos distintos. Simplificar esta realidad alimenta expectativas irreales y refuerza estigmas que no se corresponden con la experiencia cotidiana.

López también insiste en que no todas las dificultades observables se explican por este perfil del espectro. Algunos trastornos como la ansiedad o el TDAH son frecuentes y deben evaluarse de manera independiente. En el caso del síndrome de Asperger, un abordaje adecuado combina psicoeducación, adaptaciones en el entorno y, cuando es necesario, tratamiento farmacológico, con el objetivo de mejorar el bienestar general.

Una realidad frecuente en España

Las estimaciones actuales indican que alrededor del 1 % de la población española se encuentra dentro del trastorno del espectro autista. Dentro de este conjunto amplio y heterogéneo, este tipo de afección representa una proporción significativa. Desde 2013, con la actualización de los manuales diagnósticos, dejó de considerarse una categoría independiente para integrarse como un perfil más dentro del espectro.

Desde el punto de vista cognitivo, este perfil se caracteriza por una forma singular de procesar la información. Según la especialista, en el síndrome de Asperger el cerebro puede priorizar ciertos estímulos y mostrar mayor dificultad para captar de manera automática las normas sociales implícitas, al tiempo que destaca en áreas como la lógica, la memoria o la atención al detalle.

Acompañar, no cambiar

La doctora recuerda que no se trata de una condición leve. Muchas personas experimentan sufrimiento debido a la incomprensión, el aislamiento o la sobrecarga sensorial. “El síndrome de Asperger requiere acompañamiento clínico y entornos respetuosos”, concluye López.

El objetivo no es modificar a la persona, sino facilitar su desarrollo pleno en una sociedad que comprenda y valore la diversidad neurológica.

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