La pobreza visual amenaza a dos millones de mayores en España

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Pobreza visual

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La asociación de utilidad pública Visión y Vida ha lanzado una advertencia contundente: más de dos millones de personas mayores de 65 años podrían estar sufriendo pobreza visual en España. El dato procede del estudio Pobreza visual en la tercera edad”, presentado en Madrid con el apoyo de Correos Express, que expone cómo la falta de recursos económicos compromete seriamente la salud ocular de este sector de la población.

El informe revela que la situación económica condiciona las decisiones de los mayores, quienes se ven obligados a priorizar gastos básicos como alimentación o vivienda por encima de su bienestar visual. En palabras simples, comprar unas gafas nuevas puede desestabilizar su economía doméstica. Para muchas personas jubiladas, una ayuda óptica adecuada es un lujo fuera de su alcance.

El presidente de Visión y Vida, Salvador Alsina, fue tajante: “La alta esperanza de vida en España, junto al encarecimiento general del coste de la vida, está dejando a muchos mayores en situación de vulnerabilidad visual”. Recordó además que el 60% de los ingresos de este grupo etario se destina a cubrir bienes esenciales, lo que deja muy poco margen para afrontar otros gastos.

Un país que envejece con la vista cansada, la pobreza visual

España supera ya los 10 millones de personas mayores de 65 años, lo que equivale a casi una de cada cinco personas. De ese total, más de 8,3 millones necesitan gafas, mientras que solo 6,6 millones son pensionistas. Su pensión media ronda los 1.566,81 euros, aunque la pensión de viudedad, muy común entre mujeres que viven solas, se queda en 937 euros mensuales.

Esta combinación de baja renta, edad avanzada y necesidades crecientes dibuja un panorama preocupante. Fragilidad física, soledad residencial y falta de información sobre las soluciones ópticas son factores que agravan una situación que la entidad describe como “una realidad silenciosa”, la de la pobreza visual.

Las cifras del estudio hablan por sí solas: el coste medio de unas gafas necesarias para cubrir las exigencias visuales en la tercera edad ronda los 495 euros. Si se compara con las pensiones, esa cantidad representa entre un 31,7 % y un 52,8 % del ingreso mensual. Para muchos, es un gasto directamente inasumible.

“Hay que tener en cuenta que a estas edades se requiere algo más que una gafa monofocal de bajo coste”, explicó Alsina. Las lentes progresivas o específicas para patologías visuales suponen una inversión importante, que muchas veces se posterga.

El resultado: millones de personas optan por seguir “viendo un poco peor”, donde aparece la pobreza visual, con las consecuencias que ello implica para su autonomía y calidad de vida.

Desigualdad territorial y riesgo de pobreza

La situación económica no es homogénea en todo el país. Según la tasa AROPEel 25,7% de la población española está en riesgo de pobreza, pero hay comunidades autónomas donde esta cifra se dispara. Andalucía (34,7%), Castilla-La Mancha (34%) y Murcia (32,5%) superan con creces la media nacional. En el extremo opuesto, País Vasco (14,7%), Baleares (15,2%) y Navarra (16,5%) presentan los índices más bajos.

El informe estima que más de 2,1 millones de mayores están en riesgo de pobreza visual, y que las desigualdades territoriales agravan aún más el problema. El anterior estudio de la entidad, realizado en zonas rurales de Galicia, dejó un dato revelador: solo el 15% de las personas revisadas tenía una buena agudeza visual.

Visión y Vida subraya que existen ayudas públicas, tanto nacionales como regionales, pero que no son suficientes ni están articuladas de forma estructural. Aunque la Ley de Dependencia contempla algunos casos, la entidad aboga por incluir la salud visual dentro de las políticas de envejecimiento activo y prevención.

Alsina propone seguir el ejemplo del Plan VEO, que garantiza cobertura óptica a menores de 16 años, pero extendido a la población mayor. “No puede haber ni una sola persona mayor que renuncie a ver bien por motivos económicos. Si no actuamos hoy, mañana el Estado tendrá que pagar un alto precio social”, advirtió.

Ver bien es vivir mejor

La advertencia de Visión y Vida va más allá de un problema óptico: se trata de una cuestión de salud pública y dignidad personal. La pérdida de visión no tratada repercute directamente en la movilidad, la seguridad y la independencia de las personas mayores. Por eso, la organización instó a abordar esta realidad con políticas integrales que garanticen el acceso igualitario a la salud visual para erradicar la pobreza visual.

El mensaje final del estudio de la pobreza visual es claro: ver bien no debería ser un lujo reservado a quienes pueden pagarlo, sino un derecho garantizado para todas las personas, especialmente aquellas que han sostenido durante décadas el bienestar del país.

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