¿Es peligrosa la radiación de los coches eléctricos? La ciencia responde

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Enchufe de un coche eléctrico

Lectura fácil

Con la irrupción masiva de los coches eléctricos en nuestras carreteras, han surgido inevitablemente dudas y teorías de la conspiración. Una de las más persistentes y que más miedo genera entre los usuarios es la cuestión de la radiación. ¿Es seguro sentarse encima de una batería gigante de iones de litio? ¿Puede el campo magnético del motor afectar a nuestro cerebro o provocar cáncer a largo plazo? La respuesta corta, según un detallado análisis publicado por El Periódico de la Energía, es un rotundo no. Pero la respuesta larga, la que aporta los datos científicos, es la que realmente sorprende por su contundencia: tu cocina es probablemente un lugar más "radiactivo" que tu coche nuevo.

Para entender el debate, primero hay que distinguir conceptos. La palabra "radiación" asusta porque la asociamos a Chernobyl o a los rayos X. Sin embargo, los coches eléctricos (al igual que los móviles, el Wi-Fi o las líneas de alta tensión) emiten radiación no ionizante. Esto significa que no tiene la energía suficiente para romper enlaces químicos ni dañar el ADN de las células, que es el mecanismo que provoca el cáncer. Lo que generan los coches eléctricos son campos electromagnéticos de baja frecuencia (CEM), fruto del movimiento de la electricidad desde la batería al motor.

Mitos frente a ciencia, la barrera de la seguridad

Los organismos internacionales, como la Comisión Internacional de Protección contra la Radiación No Ionizante (ICNIRP), establecen límites de seguridad muy estrictos para la exposición humana a estos campos. El límite recomendado para el público general suele situarse alrededor de los 100 o 200 microteslas ($\mu T$), dependiendo de la normativa específica.

Los estudios realizados en diversos modelos de coches eléctricos demuestran que los niveles de radiación en el habitáculo son irrisorios en comparación con ese límite. A la altura de la cabeza del conductor o los pasajeros, los valores suelen oscilar entre el 2 % y el 20 % del máximo permitido. Es decir, estamos lejísimos de la zona de peligro. Además, los fabricantes blindan las baterías y los cables de alta tensión precisamente para evitar interferencias y pérdidas de energía, lo que actúa como un escudo eficaz para los ocupantes. La "sorpresa" del artículo reside en que no solo son seguros, sino que en muchos casos emiten menos campo magnético que un coche de combustión moderno cargado de electrónica, alternadores y sistemas de encendido.

La comparación reveladora: el secador y el metro

Para poner estos datos en perspectiva, nada mejor que compararlos con la vida cotidiana. El informe destaca que estamos rodeados de fuentes de radiación electromagnética mucho más potentes que los coches eléctricos.

Por ejemplo, un secador de pelo o una maquinilla de afeitar eléctrica, al usarse pegados a la cabeza, exponen al usuario a campos magnéticos significativamente más altos que los que se reciben conduciendo un eléctrico. Del mismo modo, viajar en metro, tranvía o tren híbrido somete al pasajero a niveles de electromagnetismo superiores (aunque igualmente seguros y dentro de la norma) debido a la potencia de los motores de tracción ferroviaria.

Si no tenemos miedo de secarnos el pelo o de ir al trabajo en metro, no tiene lógica científica temer a los coches eléctricos. La percepción de riesgo es psicológica, alimentada por la novedad de la tecnología y por bulos en redes sociales que carecen de base empírica.

¿Qué pasa con los marcapasos y las embarazadas?

Otro punto crítico que aborda el análisis es la seguridad para grupos específicos. Las personas con marcapasos o desfibriladores implantables a menudo temen que el campo magnético del coche interfiera con su dispositivo. Los cardiólogos y los fabricantes de dispositivos médicos han realizado pruebas exhaustivas y la conclusión es tranquilizadora: las interferencias son extremadamente improbables en las condiciones normales de uso de un vehículo eléctrico.

Lo mismo aplica a las mujeres embarazadas. No existe evidencia científica que vincule la exposición a los bajos niveles de CEM de un coche eléctrico con problemas en el desarrollo fetal o riesgos para el embarazo. De hecho, desde el punto de vista de la salud pública, el coche eléctrico aporta un beneficio neto innegable: al no emitir gases de escape (NOx, partículas finas), elimina la exposición a toxinas que sí están demostradas como causantes de enfermedades respiratorias, cardiovasculares y cáncer.

En definitiva, la radiación de los coches eléctricos es un falso problema. La ciencia confirma que podemos subirnos a ellos con total tranquilidad; el único peligro real sigue siendo el de siempre: la carretera.

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